Bajo el lema, Trabajar con Corazón, el próximo domingo 26 de septiembre, se celebra el Día Mundial del Corazón 2010, bajo el auspicio de la World Heart Federation, que en España organiza la Sociedad Española de Cardiología y la Fundación Española del Corazón. En esta ocasión, la celebración de este evento presenta además un especial significado porque conmemora los diez años de vida de este Día Mundial. 

Las enfermedades cardiovasculares constituyen un problema prioritario de salud pública, tal y como ha reconocido la OMS, no sólo por su elevada prevalencia, sino porque es la principal causa de mortalidad global –se estima que el 30% de las muertes que se producen en el mundo se deben a este problema de salud-.

Un año más, la celebración de este día se focaliza en el lugar de trabajo, en la idea de desarrollar espacios laborales saludables a través de los empleados, fomentando que sean ellos mismos los que se responsabilicen de su propia salud y de la de sus compañeros. En palabras textuales de la World Heart Federation: "creemos que para lograr un cambio mantenido es fundamental focalizar en objetivos específicos y en acciones sencillas, por ello nuestros esfuerzos de este año para el Día Mundial del Corazón se dirigen a los centros de trabajo. Cualquiera que sea el ambiente laboral, llamaremos la atención para que (los propios empleados) se responsabilicen de su propia salud y digan Yo Trabajo con Corazón".

Responsabilizarse de la propia salud y desarrollar un estilo de vida saludable es sencillo según la World Heart Federation, tan sólo hay que seguir las siguientes diez recomendaciones:

1. Llevar una dieta sana. Es importante comer al menos cinco piezas de fruta o raciones de verdura al día, evitar las grasas saturadas y las altas concentraciones de sal.

2. Llevar una vida activa. Practicar al menos 30 minutos de deporte al día puede ayudar a prevenir infartos y paradas cardíacas.

3. Decir no al tabaco. El riesgo cardiovascular se reducirá en un 50% en un año y, poco a poco, regresará a los niveles normales.

4. Mantener un peso saludable. De esta manera, se conseguirá reducir los niveles medios de presión arterial, que es el principal factor de riesgo cardiovascular.

5. Conocer nuestros niveles de presión arterial, colesterol, glucosa, índice de masa corporal o perímetro cintura-cadera. Es importante visitar de manera regular a nuestro médico de atención primaria para llevar un control y poder tomar medidas cuando sea necesario.

6. Reducir el consumo de alcohol.

7. Exigir espacios libres de humo. Asegurarse que nuestro centro de trabajo es 100% libre de tabaco es importante, pero también apoyar el desarrollo de servicios para dejar de fumar.

8. Introducir el ejercicio físico en el horario laboral. Algunas ideas podrían ser ir a trabajar en bicicleta (si es posible), ir andando siempre que se pueda, subir por las escaleras en vez de en ascensor, etc.

9. Escoger un menú saludable en el trabajo.

10. Fomentar momentos "libres de estrés" en el horario laboral.

Los problemas cardiovasculares, claramente, tienen un origen multidimensional. En ellos, no sólo influyen los factores clásicos de riesgo cardiovascular (edad, sexo, antecedentes familiares, hipertensión diabetes colesterol, etc.) y los estilos de vida (consumo de tabaco, inactividad física, etc.), sino también el estrés y el efecto negativo (ira, hostilidad, ansiedad y depresión).

Sin embargo, además de todos estos factores de riesgo, recientemente se han comenzado a analizar los factores de protección cardiovascular. A este respecto, el afecto positivo ha emergido como uno de los principales factores que reducen este riesgo. Concretamente, el equipo de investigación de Karina W. Davidson del Center for Behavioral Cardiovascular Health en la Universidad de Columbia de Nueva York ha llegado a esta conclusión en su artículo "Don’t worry, be happy: positive affect and reduced 10-year incident coronary heart disease. The Canadian Nova Scotia Health Survey", publicado en el European Heart Journal. En este estudio longitudinal se ha constatado que el afecto positivo es un factor independiente de protección cardiovascular, es decir, previene la aparición de ECV a largo plazo (10 años) de manera independiente a las variables clásicas de riesgo (edad y sexo) y a otras de naturaleza psicológica (ansiedad, depresión e ira y hostilidad). Concretamente, el afecto positivo supone una reducción de un 22% del RCV a largo plazo, es más, a medida que el nivel de afecto positivo es más elevado dicho riesgo es cada vez menor.

Tanto la condición del estrés y de las emociones negativas como factores de riesgo cardiovascular como la de las emociones positivas como factor de protección son plausibles a nivel patofisiológico.

Por su parte, un estado psicológico negativo puede suponer un mayor riesgo cardiovascular a través de una vía directa –la activación del sistema nervioso simpático asociada a la respuesta de alarma propia del estrés o de las emociones negativas-, pero también su influencia puede ser indirecta, puesto que este tipo de experiencias incrementa la probabilidad de emisión de comportamientos de riesgo (fumar, inactividad física, etc.) como estrategias de afrontamiento.

El afecto positivo sería, por el contrario, un factor de protección cardiovascular porque actuaría de manera inversa a como actúan el estrés y las emociones negativas. Es decir, de nuevo su influencia se canalizaría a través de una vía directa (mayor activación del sistema nervioso parasimpático, lo que supone una mejor regulación de la tasa cardiaca, menores niveles de cortisol en sangre y una menor reactividad de la presión arterial, así como una mejor recuperación de la homeostasis corporal) como indirecta (desarrollo de un estilo de vida más sano).

Por todo ello, parece bastante recomendable que los tratamientos de prevención cardiovascular, incluyan tanto la intervención sobre los factores psicológicos de riesgo cardiovascular, pero que también se dirijan a potenciar el afecto positivo de las personas.