Hoy, 4 de febrero, la Organización Mundial de la Salud celebra el Día Mundial contra el Cáncer. Cada día se hace más patente la necesidad de atender los aspectos psicológicos asociados al diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad, que afecta a más de 12 millones de personas al año.

Para profundizar en este tema, Infocop Online ha entrevistado a Juan A. Cruzado, profesor titular de Psicología de la Salud del Departamento de Psicolcogía Clínica de la Universidad Complutense de Madrid y director del Máster en Psicooncología en esa misma universidad. Juan A. Cruzado es además director de la revista Psicooncología, dedicada a la difusión de trabajos teóricos, experimentales y clínicos sobre los aspectos psicológicos, sociales, éticos y de calidad de vida asociados al cáncer.


Juan A. Cruzado

ENTREVISTA

En calidad de experto en el área, ¿por qué es necesaria la atención de las necesidades psicológicas en una persona que ha recibido el diagnóstico de cáncer?

El cáncer es la enfermedad más temida: la mayor parte de las personas parten de la creencia de que su diagnóstico está asociado al dolor, al sufrimiento y a la muerte. En la actualidad, ésta no es una perspectiva realista, ya que el 50% de los casos de cáncer se curan, el 35% suponen el mantenimiento de una condición crónica y, en aquellos casos en los que no se puede detener la enfermedad, se disponen de cuidados paliativos que permiten una muerte digna, con el máximo nivel de bienestar y el mínimo sufrimiento. No obstante, es cierto que tanto el paciente de cáncer como los familiares han de afrontar, a lo largo del proceso de la enfermedad y de la supervivencia, múltiples estresores muy prolongados en el tiempo, que constituyen desafíos que pueden ocasionar un alto nivel de sufrimiento si no se previenen o se tratan desde los momentos iniciales.

En primer lugar, entre un 5% y un 10% de los cánceres son hereditarios, lo que implica que nos encontramos ante personas con muchos familiares afectados de cáncer a edades tempranas, y que, por tanto, presentan una alta percepción de riesgo y miedo por sí mismos, sus descendientes y otros familiares.

En la actualidad, se dispone del Consejo Genético Oncológico, a través del cual se determina el riesgo de cáncer familiar y las medidas preventivas, que pueden incluir, en el caso del cáncer de mama, la mastectomía profiláctica y/o la ooforectomía (extirpación de los ovarios), los cuales pueden ocasionar cambios en el autoconcepto, imagen corporal y síntomas físicos a los que es preciso y difícil adaptarse. El proceso del Consejo Genético, la toma de decisión y las consecuencias de las medidas profilácticas requieren una asistencia psicológica, además de la médica, para conseguir un afrontamiento efectivo.

En segundo lugar, el diagnóstico del cáncer representa un fuerte impacto, asociado a estrés y altos niveles de ansiedad y preocupación para el paciente y los familiares. Es necesario, por un lado, un afrontamiento activo dirigido al problema, que incluya una interacción comunicativa con el equipo sanitario, comprender la información médica, tomar decisiones sobre las distintas alternativas y el plan terapéutico, así como reorganizar el patrón de vida personal y familiar. Por otro lado, se ha de promover el adecuado afrontamiento emocional, basado en la aceptación, la apertura al apoyo familiar y social y la expresión asertiva de las necesidades afectivas y materiales.

En tercer lugar, es necesario el afrontamiento a la cirugía y la quimioterapia o radioterapia. Se ha de llevar a cabo una adecuada preparación para cada uno de los tratamientos antineoplásicos, basándose en la comunicación, el entrenamiento en el manejo de las emociones y los síntomas físicos colaterales, así como los cambios que implican en la imagen corporal, roles sociales y laborales, y el funcionamiento familiar.

En cuarto lugar, una vez terminados los tratamientos y controlada la enfermedad (superviviente), la vida puede quedar muy afectada debido a la presencia de pensamientos rumiativos de victimización, minusvaloración personal y estados de tristeza y ansiedad, así como debido a los cambios que se producen en las actividades de la vida diaria. Muchos supervivientes de cáncer pierden hábitos saludables de nutrición, ejercicio físico, etc., o presentan alteraciones importantes en la sexualidad y en la función laboral. La vida de pareja y familiar puede quedar muy afectada.  

Hoy en día, hay más de un millón de personas supervivientes de cáncer en España, con grandes necesidades psicológicas y sociales que hasta ahora no están suficientemente atendidas. Las personas afectadas se han organizando en asociaciones, por ejemplo, la Federación de Mujeres de Cáncer de Mama (FECMA) o el Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC), que reclaman esta atención. Lo cierto es que el cáncer, una vez superado, en muchos casos necesita rehabilitación y un entrenamiento para adaptarse a una vida con muchos cambios. Para algunas personas la experiencia del cáncer ha supuesto un crecimiento personal y un cambio de vida hacia valores y metas más centradas en su vida personal, familiar y de ayuda a los otros, lo que les ha llevado a un nivel de mayor bienestar.