Amapola Povedano1, Leo B. Hendry2, Manuel J. Ramos1 y Rosa Varela1
(1)Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y (2)University of Glamorgan (Reino Unido)

En la actualidad, la violencia en el ámbito escolar en España es un problema social que preocupa seriamente, tanto a la comunidad científica como a profesores y padres, ya que afecta a numerosos niños y adolescentes. El estudio de las causas del comportamiento violento en la escuela, que parecen ser múltiples, ha sido abundante en las últimas décadas. Sin embargo, sólo recientemente en nuestro país, se ha profundizado en el estudio de las posibles causas y consecuencias de ser víctima de violencia escolar.

Los alumnos que son victimizados en la escuela perciben ser objeto permanente de comportamientos violentos realizados por otros estudiantes y sufren, en muchas ocasiones, graves consecuencias psicológicas y sociales. Por ejemplo, se ha relacionado la victimización escolar con la baja autoestima, con la ansiedad, con el estrés, con una baja satisfacción con la vida y con un alto grado de infelicidad en los adolescentes. Sin embargo, algunos autores han sugerido que estas características asociadas a los adolescentes que son victimizados podrían ser la causa y no sólo la consecuencia de sufrir victimización. Es decir, mostrar baja autoestima y síntomas de infelicidad podría ser consecuencia de sufrir victimización escolar, pero también podría ser un factor de riesgo si aquellos adolescentes que ejercen la violencia perciben que estos estudiantes son blancos fáciles por sus dificultades para defenderse por sí mismos.  

Por otra parte, la familia es uno de los contextos explicativos más importantes del comportamiento y del desarrollo individual. Así, la percepción por parte de los adolescentes de un clima familiar positivo potencia su ajuste conductual y psicosocial. En particular, la percepción de dinámicas de relación con los padres fundamentadas en la expresión abierta y positiva de los sentimientos, en la cohesión y en la ausencia de conflictos graves se relaciona con altos niveles de autoestima y de satisfacción con la vida de los adolescentes, y estos recursos personales podrían protegerlos de ser víctimizados por sus iguales en la escuela.

En nuestra investigación, se analizaron de forma conjunta las relaciones entre la percepción del adolescente del clima familiar, la autoestima y la satisfacción vital para explicar la victimización escolar desde una perspectiva de género.

Los principales resultados indicaron, en primer lugar, que la percepción del adolescente de un clima familiar positivo potenciaba el desarrollo de recursos personales en el adolescente, como la autoestima y la satisfacción con la vida. Además, nuestros resultados sugirieron que los adolescentes que mostraban recursos sociales y personales ante sus compañeros parecían protegerse de las conductas hostiles de los agresores que buscaban como objetivos de violencia a chicos y chicas que se mostraban más vulnerables.

En segundo lugar, los resultados de nuestro trabajo desvelaron importantes sugerencias acerca del efecto de amortiguación o de buffer que tenía el clima familiar en la victimización. Es decir, la percepción, por parte del adolescente, de un clima familiar cohesivo, en el que se fomenta el apoyo y la membrecía de los integrantes y con unas relaciones comunicativas abiertas y positivas, parecía amortiguar la situación de distress o de malestar psicológico que suponía sufrir de forma continuada la violencia escolar en sus diferentes formas y que, como sabemos, es una característica determinante de la victimización escolar.

Por último, los datos de este estudio indicaron, en coherencia con estudios previos, que existían diferencias significativas en función del género en cuanto al clima familiar, de la autoestima y de la victimización. Así, las chicas tenían una mayor expresividad familiar que los chicos, presentaban niveles más bajos de autoestima y tenían, a diferencia de los chicos, menos probabilidades de sufrir victimización abierta (física y verbal) en la escuela. Sin embargo, a pesar de estas diferencias entre ambos sexos en cuanto a magnitud en las variables señaladas, nuestros resultados mostraron que el modelo de relación entre las variables era similar para chicos y chicas, lo que sugería que el proceso de victimización era equivalente para tanto para chicos como para chicas.

En síntesis, parece que los adolescentes que pertenecen a familias con un clima familiar positivo desarrollan más recursos personales como una mayor autoestima y más satisfacción con la vida, y esta circunstancia podría contribuir a que sean menos vulnerables ante la victimización de sus iguales en la escuela. Además, los resultados de nuestro estudio indicaron que el clima familiar podría tener un efecto de amortiguación del distress que sufren los alumnos victimizados, lo que sugiere la importancia de fomentar una estrecha colaboración entre profesores y padres, familia y escuela para prevenir las consecuencias y las causas de la victimización en la escuela. Por último, queremos destacar la importancia de incluir la perspectiva de género en los estudios sobre violencia y victimización en las escuelas ya que nos ayuda a comprender mejor los procesos y a verificar, como ocurre en nuestro estudio, que existen más similitudes que diferencias en las relaciones entre algunas de las variables explicativas de la victimización escolar.

Más información en Grupo LISIS.

El artículo original puede consultarse en la revista Psychosocial Intervention – Intervención Psicosocial:
Povedano, A., Hendry, L. B., Ramos, M. J. y Varela, R. (2011). School victimization: family environment, self-steem, and life satisfaction from gender perspective. Psychosocial Intervention, 20(1), 5-12.

Sobre los autores:

Amapola Povedano Díaz. Es licenciada en Psicología por la Universidad de Granada y  estudiante de doctorado en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, dónde actualmente trabaja como profesora dentro del área de Psicología Social. Su investigación se centra en el estudio de la perspectiva de género en el ajuste psicosocial de los adolescentes, analizando variables comunitarias, familiares, escolares e individuales.

Leo B. Hendry. Es catedrático de Psicología por la Universidad de Glamorgan, Gales, Reino Unido. Es catedrático emérito en la Universidad de Aberdeen, Reino Unido y catedrático de Investigación en la Universidad de Ciencias y Tecnología de Trondheim, Noruega. Ha escrito numerosos artículos de investigación, libros y capítulos de libro sobre diversos aspectos de la adolescencia.

Manuel Jesús Ramos Corpas. Es Doctor por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, en el área de Psicología Social, donde desempeña la labor de profesor asociado. Su principal ocupación se encuentra en el IES María Galiana, Dos Hermanas (Sevilla), donde ejerce de Director. Ha coordinado diversos proyectos de investigación.

Rosa Mª Varela Garay. Es licenciada en Sociología, diplomada en Trabajo Social, Máster de Género e Igualdad, Experta en Mediación Familiar. Profesora asociada en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales. Experiencia profesional de más de 20 años en intervención social. 

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