El pasado 22 de septiembre de 2011, el Pleno del Congreso de los Diputados aprobaba definitivamente la enmienda a la Ley General de Salud Pública por la cual se crea la profesión sanitaria generalista de psicólogo, denominada Psicólogo General Sanitario (Disposición adicional séptima de dicha Ley). La aprobación de esta norma viene a dar respuesta a las reivindicaciones que los psicólogos y psicólogas han venido manteniendo desde hace más de 8 años, momento en que la Psicología quedó excluida de la Ley 44/2003 de Ordenación de las Profesiones Sanitarias.

Continuando con la línea de noticias en relación a la aprobación de la Ley, Infocop ha querido entrevistar a Francisco Santolaya, máximo representante del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos de España (COP), para conocer de primera mano las impresiones de la organización colegial respecto a la aprobación de esta norma, así como las implicaciones que tiene para los miles de profesionales a los que representa.

 
Francisco Santolaya Ochando

ENTREVISTA

El camino seguido hasta la aprobación de esta enmienda ha sido arduo y ha requerido del esfuerzo conjunto de la organización colegial y otras entidades, entre ellas, la Conferencia de Decanos de Facultades de Psicología. Particularmente difíciles han resultado los últimos meses, en los que el Consejo se ha visto avocado a realizar el máximo esfuerzo en el diálogo con el Gobierno, grupos políticos y representantes, de cara a que se incluyera esta enmienda en la Ley General de Salud Pública, para su posterior aprobación. ¿Podría describirnos los pasos que la organización colegial ha tenido que ir dando para que, finalmente, se haya conseguido el reconocimiento del psicólogo como profesional sanitario?

Éste ha sido un camino largo. En 2003 la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias sólo reconoció a los psicólogos con el título oficial de especialista en Psicología Clínica como sanitarios, lo que suponía la ilegalización de la mayoría de los psicólogos, ya que al no estar en posesión de ese título oficial pasaron a tener vetado legalmente que pudieran cuidar de la salud.

Ante esta situación, en primer lugar, hemos tenido que explicar insistentemente que la actividad sanitaria de la psicología no se reduce a la realizada por los especialistas. No es posible ignorar la existencia de una atención sanitaria que es realizada por la mayoría de los psicólogos, que no son especialistas. De la misma manera que la formación universitaria en medicina, enfermería, veterinaria, logopedia y otras, habilitan para ejercer su respectiva profesión sanitaria, sin necesidad de pasar por el sistema de formación sanitaria especializada en residencia, en psicología debería ser igual. Las escuálidas convocatorias de plazas PIR, por mucho que reivindicamos que se aumenten, no eran ni serán suficientes para cubrir las necesidades de psicólogos sanitarios que tiene España, precisamente porque la atención sanitaria psicológica no se restringe sólo a la atención que prestan los especialistas clínicos.

Además, también hemos tenido que explicar insistentemente la gran importancia de la intervención psicológica en el ámbito sanitario. La mayoría de los problemas que inciden gravemente en la salud, como son la obesidad, los problemas cardiovasculares, el tabaquismo, alcoholismo, el consumo de otras drogas, el suicidio, el cáncer, o los accidentes de tráfico o laborales, tienen una estrecha relación con el comportamiento. Sólo una intervención psicológica profesional puede afrontar con eficacia estos problemas, fomentando el desarrollo de conductas saludables y reduciendo las que son de riesgo y perjudiciales para la salud. Por otra parte, los problemas psicológicos son la base de un porcentaje muy elevado de incapacidades laborales, así que resulta imprescindible que los psicólogos aportemos nuestro hacer para que éstas disminuyan. Nos ha tocado hacer ver que lo sanitario es también lo psicológico, cuando todavía es dominante una concepción arcaica de la salud reducida a lo biológico, unida a poderosos intereses corporativos e industriales.

En segundo lugar, de manera simultánea, hemos hecho un intenso trabajo de coordinación en la comunidad psicológica en España. Los académicos y estudiantes de psicología, representados por la Conferencia de Decanos de Psicología de las Universidades y el Colectivo de Estudiantes de Psicología (CEP-PIE), junto con la organización colegial que representa a los profesionales, y otras asociaciones psicológicas, hemos trabajado de manera conjunta. Hemos realizado una intensa labor colectiva, y lo logrado es un éxito de todos.

En tercer lugar, hemos desplegado una incesante y continua acción reclamando que se solucionara el problema legal creado, unas más públicas, como las manifestaciones y protestas, y otras más silenciosas pero muy importantes, celebrándose centenares de reuniones, entrevistas, envíos de informes y cartas, etc. Nos ha tocado convencer a medios de comunicación, partidos políticos, sindicatos, asociaciones de pacientes, organizaciones de otros profesionales sanitarios, legisladores, responsables gubernamentales autonómicos y estatales...

Aunque teníamos razón, no era suficiente. La verdad es que hemos tenido que sortear poderosos obstáculos para lograr el reconocimiento sanitario de la psicología. Sólo la acumulación continua y progresiva de fuerzas es lo que ha logrado finalmente el éxito. Ha costado mucho tiempo y esfuerzo, pero lo hemos logrado.

Como representante máximo de la organización colegial, ¿podría comentarnos brevemente qué se regula con la Ley recientemente aprobada? ¿Cómo queda configurada a partir de este momento la profesión?

Esta Ley supone un paso histórico para la psicología en España. Con ella se mantendrá la profesión de psicólogo como una de las pocas reguladas en España y, por primera vez, se reconocen con rango de Ley las funciones que ejercemos de investigación, evaluación e intervención psicológica sobre aquellos aspectos del comportamiento y la actividad de las personas que influyen en la promoción y mejora del estado general de su salud. Ya nadie podrá cuestionar que ejercemos estas funciones todos los psicólogos sanitarios, porque están reconocidas con nivel de Ley, aprobado por las Cortes Generales.

Por otra parte, nuestra profesión es una profesión titulada y colegiada, esto significa que su ejercicio requiere una titulación universitaria e inscribirse en un Colegio Oficial de Psicólogos. En España antes teníamos un modelo de titulaciones oficiales universitarias en dos niveles: Licenciatura y Doctorado. Además existían títulos de postgrado, pero no eran oficiales. Esto ya no es así. Las licenciaturas de 5 años desaparecen, y el modelo de titulaciones pasa a tener tres niveles: Grado, Máster y Doctorado. Esto es importante entenderlo. Los títulos de Grado tienen una duración de sólo 4 años, tiempo que es insuficiente para una adecuada preparación para el ejercicio independiente de la psicología. Por tanto, una correcta preparación, conforme a los requisitos establecidos con el EuroPsy, en este marco nuevo de titulaciones, requiere un Grado más un Máster, dotando este último de una formación claramente orientada a la actuación sanitaria e incluyendo prácticas profesionales supervisadas. La Ley aprobada ha venido a establecer estos requisitos para poder ejercer en el campo sanitario. Es necesario cursar el Grado en Psicología y un Máster en Psicología General Sanitaria para poder ejercer como psicólogo sanitario generalista.

Aquí quiero hacer un inciso, e insistir en que se está hablando de un título oficial de Máster, que no es lo que hasta ahora habitualmente se viene conociendo como máster en las universidades, que eran títulos propios. Las licenciaturas desaparecen y son sustituidas por títulos de Grado y (en casos como el nuestro) títulos de Máster. Por tanto, el coste de su matricula serán las tasas oficiales que establezcan los poderes públicos y su docencia computa en la docencia habitual del profesorado universitario, consecuentemente, no implica ninguna remuneración extra para ellos. A veces se escuchan afirmaciones equivocadas diciendo que las universidades lo que quieren es hacer negocio con este Máster en Psicología General Sanitaria, lo que demuestra una gran ignorancia. Este título será simplemente una prolongación de la formación oficial iniciada en el Grado, y realmente va a suponer más trabajo para el profesorado universitario, a cambio del mismo sueldo. Desde la organización colegial apreciamos profundamente el esfuerzo adicional que le va a tocar realizar al profesorado universitario. Es digno de elogio. Su labor repercutirá en la mejora de la Psicología en España y de la labor profesional que desarrollamos.

Así que, por resumir, con esta regulación legal la profesión queda configurada en tres niveles:

  1. Los graduados en Psicología podrán ejercer como psicólogos en aquellos aspectos no que requieran la realización de actividades sanitarias.

  2. Los que, además del Grado en Psicología, posean el Máster en Psicología General Sanitaria, podrán ejercer como psicólogos generales sanitarios.

  3. Y los que posean el título oficial de especialista en Psicología Clínica, que también son sanitarios, podrán ejercer como psicólogos especialistas en Psicología Clínica.

Por tanto habrá dos tipos de psicólogos sanitarios: el generalista y el especialista. Esta es la misma situación que en otras profesiones sanitarias, como la medicina o la enfermería, por ejemplo. Y, en cuanto a las dudas sobre lo que puede hacer uno u otro en el campo de la psicología, pues es lo mismo que en las demás profesiones. El generalista tiene plenas competencias para ejercer, pero si el caso por su gravedad o complejidad requiere una intervención más especializada, la persona tratada debería ser atendida por el especialista. Además, esta regulación establece que para trabajar en el Sistema Nacional de Salud o en centros concertados con él, para hacer efectivas las prestaciones sanitarias que están previstas como esenciales, es necesario ser especialista.