David Bisetto Pons1,3, Álvaro Botella Guijarro2 y Alberto Sancho Muñoz3

(1) Universidad de Valencia, (2) Fundación AEPA y (3) Unidad de Conductas Adictivas de Xàtiva

El estudio realizado por nuestro equipo tuvo por objetivos demostrar si existe relación entre el consumo de drogas y los trastornos de conducta alimentaria, así como qué tipo de drogas son las más utilizadas y si estas se utilizan para suprimir el apetito. Para ello, se desarrolló una escala ad hoc formada por los ítems del Eating Disorder Diagnostic Scale (EDDS) de Stice, Fisher y Martínez. En el 2004, cuyo objeto es detectar los casos de riesgo de padecer algún tipo de un trastorno de la conducta alimentaria, al cuestionario, se le añadieron unos ítems cuyo objeto era evaluar el consumo de drogas en una muestra de adolescentes (n=446) estudiantes de 1º de la ESO a 2º de Bachillerato de distintos Institutos de Educación Secundaria (IES) de la Comunidad Valenciana, con edades comprendidas entre los 13 y 18 años de edad.

Los resultados del estudio muestran una relación entre los adolescentes que consumen drogas y el encontrarse en algunos de los umbrales de riesgo del EDDS (= 3.87; p= 0.049), no habiendo relación estadísticamente significativa con la variable "tipo de droga" (alcohol, estimulantes, tabaco u otras). No obstante, se aprecia una relación significativa entre la variable "utilizar algún tipo de droga como supresora del apetito" y estar en riesgo de padecer un trastorno de la conducta alimentaria, siendo el tabaco la droga más utilizada (con un 66% de los englobados en el umbral de riesgo del EDDS).

Teniendo en cuenta los datos analizados de la muestra estudiada, parece confirmarse que existe relación significativa entre los adolescentes que tienen riesgo de sufrir un trastorno de la conducta alimentaria y el consumo de drogas. Estos datos están en concordancia con estudios previos realizados sobre la materia (Krug, 2008). Otra relación significativa se aprecia entre el riesgo de padecer un trastorno de la conducta alimentaria y el consumo de drogas de carácter estimulante, sobre todo tabaco, con el objeto de suprimir el apetito o controlar el peso; coincidiendo estos resultados con otros estudio consultados (George, 2005).

Comparando los distintos trastornos de la conducta alimentaria (bulimia nerviosa, anorexia nerviosa y el presentar o no atracones) con el consumo de drogas, parece no existir una relación significativa entre dichas variables.

El análisis de los datos realizado muestra otros resultados de interés como que el tipo de centro educativo (público vs. concertado) y la zona donde se ubica el mismo (urbano vs. rural) no parecen tener relación con el estar en riesgo o no de padecer un trastorno de la conducta alimentaria. Lo contrario sucede con la variable consumo de drogas y tipo de centro (público vs. concertado), ya que se ha encontrado una mayor proporción de adolescentes de la muestra estudiada que consumen drogas, sobre todo tabaco, que provienen de centros públicos, dato que parece ir en contra de algunos estudios (Bjarnason, 2003) pero a favor de otros (Yáñez, 2006), no pudiendo extrapolar dicho resultado por falta de muestra. Igual sucede con la variable ubicación del centro educativo (urbano vs. rural) apareciendo en este estudio una mayor proporción de alumnos/as que consumen drogas de centros ubicados en zona rural.

En lo que respecta a los resultados generales obtenidos sobre el consumo y tipo de droga, los datos no difieren de los resultados del informe del Plan Nacional sobre Drogas (PNSD) (ESTUDES, 2008), confirmando que las drogas que más utilizan los alumnos/as de enseñanza secundaria son el alcohol, el tabaco y el cannabis, respectivamente.

Respecto a otras variables, los resultados obtenidos demuestran una vez más que los trastornos de la conducta alimentaria se dan más en mujeres que en hombres, siendo la relación entre dichas variables significativa y no existiendo dicha diferencia en cuanto al consumo de drogas. Esta circunstancia sí que se da con la variable edad, estableciéndose una relación significativa entre ambas que sugiere la tendencia de que a mayor edad, mayor consumo de drogas.