Valeria Colombo y Eva Cifre Gallego
Universitat Jaume I Castellón

Trabajar implica invertir esfuerzo físico y/o mental; esfuerzo que invertido repetidamente o sostenidamente se traduce en altos niveles de fatiga y estrés por el que requerimos un descanso para reponer las energías agotadas. Trabajar hasta el agotamiento físico o psíquico puede desencadenar en problemas crónicos de salud (estrés, enfermedades cardiovasculares) y en problemas laborales (absentismo por enfermedad, accidentes laborales, bajo desempeño, alta rotación de empleados y conflictos interpersonales, entre otros). El cuerpo y la mente son los primeros en enviarnos señales del cansancio acumulado, suponiendo la recuperación una necesidad inherente de nuestra capacidad limitada como seres humanos.

Cuando hablamos de recuperación del estrés, nos referimos a descansar de los factores que generan dicho estrés. Recuperarse puede entenderse como un proceso positivo que disminuye las consecuencias negativas de la fatiga. Desde una perspectiva fisiológica, el descanso del trabajo, reduce y previene la acumulación de agotamiento y estrés que conduce al deterioro de la salud. Desde una perspectiva psicológica, restaura nuestros recursos y energías preparándonos para las actuales o nuevas demandas laborales.

Podemos encontrar oportunidades para recuperarnos tanto dentro como fuera del trabajo. Los descansos formales e informales durante la jornada laboral, las horas después del trabajo, los fines de semana, o las vacaciones, son algunos ejemplos. Sin embargo, no todo el tiempo fuera del trabajo puede ser equiparable a "tiempo libre" o tiempo de ocio, ya que este tiempo puede no estar completamente abocado a la recuperación de recursos y energía invertido durante el trabajo. Por un lado, las personas destinan una porción sustancial de su tiempo libre en dormir, comer o en higiene personal. Por otro lado, actividades como tareas domésticas, cuidado de niños y tareas vinculadas al trabajo, consumen recursos similares a los ya invertidos durante la jornada laboral inhibiendo las posibilidades de recuperación.

Investigaciones al respecto, han identificado las actividades más típicas del tiempo de ocio que son potencialmente más propicias para recuperarse. Las actividades de bajo esfuerzo como ver televisión, leer una revista o simplemente relajarse en un sofá, son actividades pasivas, poco o nada demandantes que facilitan al sistema fisiológico volver a su nivel pre-estrés y recuperarse. Las actividades sociales, como asistir a una fiesta, reunirse con amigos, o conocer personas nuevas, promueven la recuperación porque no solo no se demandan recursos similares a los invertidos durante el trabajo, sino que también ofrecen la oportunidad de apoyo social. Las actividades físicas estimulan los procesos fisiológicos y psicológicos, que mejoran no sólo la salud física del individuo, sino también la salud mental (e.g., el estado de ánimo positivo). Las actividades que implican retos cognitivos, son las emprendidas por trabajadores con tecnologías de información y comunicación (TICs). Éstas hacen referencias a aquellas actividades que utilizan recursos cognitivos vinculados a la búsqueda de retos y de oportunidades de aprendizaje (Colombo, Cifre y Salanova, 2011). Ejemplos de estas actividades son desarrollar programas informáticos (juegos, software), jugar videojuegos y/o de ordenador, asistir de formación o capacitación (aprender un nuevo idioma y/o habilidad).