Del 22 al 25 de enero de 2014, tuvo lugar la 44 edición de la Asamblea Anual del Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF), en Davos (Suiza). Este encuentro, que reúne anualmente a un amplio grupo de jefes de Estado y de Gobierno del mundo, junto a los principales expertos en economía, líderes empresariales, periodistas e intelectuales, tiene por objetivo analizar los problemas más graves que afectan al desarrollo mundial, como la salud y el medioambiente, para fijar los nuevos desafíos a los que deben hacerse frente.

El psiquiatra Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU. (National Institute of Mental Health - NIMH) también asistió a esta asamblea y, tras su finalización, emitió un comunicado en su blog, señalando el papel destacado que ha ocupado la salud mental en esta edición. Es el año en el que la salud mental se ha convertido en un tema candente en el Foro Económico Mundial, con más de 20 sesiones sobre salud, centradas en los trastornos mentales, la demencia o las terapias de atención plena (mindfulness)”, explica Insel. Algunos líderes políticos, como el primer ministro de Noruega, Philip Campbell, declararon que la salud mental constituía su atención prioritaria y, de manera generalizada, se ha advertido de la necesidad de adoptar un enfoque global sobre este “problema emergente, gravemente estigmatizante y frecuentemente mal entendido”  (del mismo modo que fue considerado en su momento el problema del SIDA en la asamblea del WEF de 1994).

Según T. Insel, el hecho de que los trastornos mentales centren la atención de un foro económico se explica por tres razones fundamentales. En primer lugar, los problemas de salud, especialmente las enfermedades crónicas no transmisibles (es decir, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias y los trastornos mentales), se han convertido en la principal amenaza económica para la salud pública. De acuerdo a un estudio del WEF, los trastornos mentales supondrán un gasto para la economía mundial de 6 billones de dólares en el año 2030, encabezando la lista de la carga económica asociada a problemas de salud, y esto sin tener en cuenta el hecho de que los problemas de salud mental aumentan considerablemente, además, el riesgo de padecer otras enfermedades crónicas. En segundo lugar, los trastornos mentales, sobre todo, la ansiedad y la depresión, suponen una amenaza para la productividad de las empresas, si se tienen en cuenta las cifras de absentismo y bajas laborales que generan.

Finalmente, el director del NIMH apunta que la Asamblea anual ha puesto de manifiesto que el siglo XXI pertenecerá a “las economías centradas en el cerebro”, de ahí el interés mostrado tanto en EE.UU. como en Europa por desarrollar avances en el ámbito de la neurociencia, así como el emergente crecimiento de las políticas sobre salud mental, que promueven recursos desde el desarrollo del niño hasta la prevención de la demencia. A este respecto, Insel añade que “es importante destacar que uno de los comentarios recurrentes en las sesiones de Davos fue la importancia de la inclusión de los factores sociales en la investigación y los tratamientos para los trastornos mentales”. Junto la expresión de “no hay salud sin salud mental”, podemos añadir, a partir de la asamblea del WEF, que “no hay riqueza sin salud mental”, apunta T. Insel.

La Asamblea anual del Foro Económico es un indicador de las próximas tendencias mundiales, por lo que “el surgimiento de la salud mental como un tema candente en la reunión de este año es sólo un ejemplo del creciente reconocimiento de que ha llegado el momento de centrar los esfuerzos en este grave problema de salud pública, que ha recibido escasa atención hasta ahora”, concluye finalmente el director del NIMH.

Fuente:

Mental Health in Davos

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