María José Sánchez1, José Manuel García1, Matías Valverde1 y Marino Pérez2

1Universidad de Almería

2Universidad de Oviedo

En la actualidad existe evidencia suficiente que señala que sufrir una enfermedad física crónica aumenta la probabilidad de manifestar trastornos del estado de ánimo, ansiedad (Roy-Byrne et al., 2008) y depresión (Moussavi et al., 2007).  Cuando esto ocurre, es decir, que dos problemas de salud, en este caso física y psicológica, se presentan en la misma persona podemos hablar de comorbilidad. Entre las principales consecuencias de la comorbilidad se encuentran el empeoramiento de síntomas como el dolor y el malestar, el incumplimiento de las prescripciones médicas, así como la dificultad de su tratamiento efectivo (Chapman, Perry, & Strine, 2005; DiMatteo, Lepper & Croghan, 2000).

Paralelamente, gracias a los avances médicos y técnicos, la supervivencia de la población que padece alguna enfermedad física crónica se ha visto incrementada año tras año, lo cual conlleva implicaciones tanto individuales como sociales. Las repercusiones individuales se refieren a las condiciones de vida que ofrecen los tratamientos, donde cobra importancia no solo la supervivencia en años, sino también la calidad con que se viven esos años. En cuanto a las repercusiones sociales subrayaremos aquí los costes económicos derivados de los tratamientos de salud a largo plazo  (médicos, farmacéuticos, situaciones de incapacidad laboral, etc) que, en los casos de comorbilidad se verían, además, incrementados.

En la situación que se acaba de describir, la psicología de la salud tiene como uno de sus objetivos buscar aquellos factores que puedan conducir a una mejor adaptación psicológica a los problemas de salud física. Así, cobra importancia el estudio del bienestar subjetivo de personas que padecen enfermedades físicas, del que la satisfacción general con la vida es su principal indicador. La satisfacción vital consiste en una valoración de la propia vida como un todo y, aunque estable, es un concepto que se deja influir por distintas circunstancias vitales, como puede ser el hecho de vivir con una enfermedad crónica.

En nuestro trabajo hemos estudiado un total de 160 personas, agrupadas en cuatro grupos según la enfermedad crónica que padecen (insuficiencia renal en tratamiento de hemodiálisis o con trasplante renal, artritis reumatoide y espondilitis anquilosante) más un grupo control, formado por personas sin ningún trastorno de salud física o psicológica. En concreto, perseguimos dos objetivos, por una parte medir el nivel de satisfacción general con la vida de los grupos estudiados, lo cual nos ofrecería información sobre la mayor o menor dificultad de adaptación a la enfermedad. Y por otra parte, identificar aquellos estilos de personalidad que favorecerían tal adaptación en cada grupo.

Según los resultados obtenidos, el menor nivel de satisfacción vital corresponde al grupo de personas en tratamiento de hemodiálisis, que además, presenta diferencias significativas con el grupo de artritis reumatoide y con el grupo control, presentando este los niveles más elevados de satisfacción. Así, de todas las condiciones médicas estudiadas, es la situación de hemodiálisis la que presentaría mayores dificultades de adaptación psicológica, al compararla con las personas con artritis reumatoide y con quienes no padecen ninguna enfermedad. Siendo así, cabría considerar que son las condiciones de vida impuestas por el tratamiento de hemodiálisis las responsables de estos resultados. En este sentido, la hemodiálisis impone unos regímenes de tratamientos y pautas de autocuidado que interfieren en la totalidad de esferas de la vida de los pacientes que, no hay que olvidar, dependen de dicho tratamiento para seguir viviendo. Mientras que las enfermedades reumáticas estudiadas aunque presenten síntomas que pueden llegar a ser limitantes en diverso grado, como dolor articular e incapacidad funcional, no suponen una amenaza para la vida.

En cuanto a los resultados para el segundo objetivo del estudio, se han identificado diferentes factores de personalidad responsables de un mejor ajuste psicológico para todos los grupos excepto para el de trasplante. Estos estilos de personalidad que se han identificado como adaptativos, ya habían sido señalados como tales por otros estudios, así como por el modelo teórico que se ha utilizado (Millon, 2001) en nueve de los diez factores encontrados. No obstante, de estos factores, ninguno ha aparecido en más de un grupo, lo que podría indicar que los estilos de personalidad adaptativos serían específicos según la condición médica de que se trate, y no tanto que existiera un estilo adaptativo genérico para enfermedades crónicas. En este sentido, para el grupo de hemodiálisis se obtiene que la tendencia a ofrecer una imagen de sí mismo peor de lo que es en realidad, es el principal factor que determina, en este caso, peor ajuste psicológico. Para el grupo de artritis reumatoide la tendencia a concentrarse tanto en la búsqueda de refuerzos positivos (placer), como su conformidad a las normas sociales y responsabilidad, conducirían a un mejor ajuste psicológico. Y para el grupo de espondilitis, serían dos aspectos de las relaciones con los demás los encargados de determinar su mejor adaptación. Así, podría dibujarse un entorno de vínculos sociales poco numeroso, donde la persona se centra en sus preferencias y éstas son respetadas.

Por último, señalamos que las conclusiones a las que se llegan, se derivan de un diseño de investigación que solo permite establecer relaciones entre datos y no explicaciones causales y que, el estudio cuenta con una reducida muestra. No obstante, consideramos que este tipo de acercamientos hacia la capacidad de los problemas crónicos de salud para interferir en el bienestar, y de las fortalezas personales que minimizan la probabilidad de comorbilidad en cada caso, es un primer paso que en un futuro permitiría intervenciones terapéuticas más efectivas.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Psychosocial Intervention:

Sánchez, M.J.; García, J.M.; Valverde, M. y Pérez, M. (2014) Enfermedad crónica: satisfacción vital y estilos de personalidad adaptativos. Clínica y Salud, 25, 85-93.

Referencias:

Chapman, D.P., Perry, G.S., & Strine, T.W. (2005). The Vital Link Between Chronic Disease and Depressive Disorders. Preventing Chronic Disease, 2(1), 1-10.

DiMatteo, M.R., Lepper, H.S., & Croghan, T.W. (2000). Depression is a risk factor for noncompliance with medical treatment: Meta-analysis of the effects of anxiety and depression on patient adherence. Archives of Internal Medicine, 160(14), 2101-2107.

Millon, T. (2001). Inventario de estilos de personalidad de Millon (MIPS), Manual. Adaptación de Sánchez-López, M.P., Díaz-Morales, J.F., & Aparicio-García, M.E. Madrid: Tea Ediciones, S.A.

Moussavi, S., Chatterji, S., Verdes, E., Tandon, A., Patel, V., & Ustun, B. (2007). Depression, chronic diseases, and decrements in health: results from the World Health Surveys. The Lancet, 370(9590), 851-858.

Roy-Byrne, P.P., Davidson, K.W., Kessler, R.C., Asmundson, G.J., Goodwin, R.D., Kubzansky, L., ... & Stein, M.B. (2008). Anxiety disorders and comorbid medical illness. Focus: The Journal of lifelong learning in psychiatry, 6(4), 467-485.

María José Sánchez Elena es licenciada en Psicología y cuenta con diploma de Estudios Avanzados en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad de Almería. Desarrolla su profesión en el ámbito privado y en el sector asociativo.

José Manuel García Montes es doctor en Psicología por la Universidad de Oviedo y especialista en psicología clínica; es profesor titular en la Universidad de Almería, donde enseña “Teorías y procesos de la personalidad”. Su investigación se ha centrado, principalmente, en el campo de los síntomas psicóticos y en la aplicación de la Terapia de Aceptación y Compromiso para su tratamiento.

Matías Valverde Romera es doctor en Medicina y Cirugía, y especialista en Reumatología; es profesor colaborador del Departamento de Enfermería, Fisioterapia y Medicina de la Universidad de Almería. Ejerce como médico Reumatólogo en el ámbito privado.

 

Marino Pérez Álvarez es catedrático de Psicopatología y técnicas de intervención y tratamiento de la Universidad de Oviedo y Especialista en Psicología Clínica. Sus temas de interés son actualmente la esquizofrenia en una perspectiva fenomenológica y cultural, las terapias contextuales y el análisis crítico filosófico del cerebrocentrismo, la patologización de la vida y la psicología positiva. Es autor de más de cien artículos en revistas especializadas, así como de numerosos capítulos en libros colectivos y de libros.

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