La revista The Lancet Psychiatry dedica su número del mes de octubre al análisis de la aplicación de tratamientos psicológicos en los centros escolares.

Los dos artículos que abordan este tema, dirigidos por la doctora Mina Fazel de la Universidad de Oxford (Reino Unido), ponen de relieve la importancia de las intervenciones tempranas en salud mental, ya que cerca del 75% de los adultos que acceden a los servicios de salud mental han presentado algún trastorno diagnosticable antes de los 18 años. Sin embargo, se da la circunstancia de que a pesar de la prevalencia de los trastornos mentales en la infancia, sólo 1 de cada 4 niños con estos problemas es identificado o tratado durante esta etapa.

Según exponen los autores de la revisión, resulta de interés crucial encontrar formas innovadoras para tratar a los niños con problemas de salud mental, de tal manera que se garantice su pleno desarrollo académico, emocional y social. En este sentido, “los centros educativos son los lugares donde los menores pasan la mayor parte de su tiempo”, por lo que se convierten en el contexto idóneo para poder identificar y tratar los problemas de salud mental de manera temprana.

De acuerdo con los datos aportados en la revisión, los trastornos mentales más comunes en la infancia y adolescencia son los trastornos de conducta, la ansiedad y la depresión, que, si no son tratados, pueden dar lugar a fracaso escolar y a absentismo escolar, repercutiendo negativamente en el desarrollo social y laboral futuro de los niños.

Tal y como explican los autores, la integración de programas de intervención psicológica en los centros educativos permite desarrollar programas de atención integral, que producen mejoras en el bienestar psicológico y en el rendimiento educativo de los niños a lo largo del tiempo. La implementación de este tipo de servicios de manera generalizada podría beneficiar a cerca del 10-20% de los niños y jóvenes de todo el mundo.

“Los menores prefieren ser tratados en los centros educativos, en vez de en servicios externos sanitarios”, añaden los autores. Esto implica, que “no estamos aprovechando las oportunidades que brinda trabajar en estos contextos educativos. Necesitamos desarrollar marcos de trabajo que se centren en el niño y que permitan que la salud y la educación vayan alineadas”, ha añadido la doctora Fazel en una nota de prensa.

El principal obstáculo para el desarrollo de este tipo de iniciativas, según señalan los autores, no es la falta de evidencia científica, sino la brecha existente entre este conocimiento y su aplicación al mundo real: “sabemos lo que funciona, pero en lo que fallamos es en implementarlo a gran escala en los centros educativos. Necesitamos políticas nacionales que ayuden a que las instituciones educativas y los servicios de salud mental trabajen más estrechamente”, insisten los autores.

Referencia:

Fazel, M., hoagwood, K., Stephan, S., y Ford, T. (2014). Mental health interventions in schools in high-income countries. The Lancet Psychiatry, Volume 1, 5, 377 – 387. doi:10.1016/S2215-0366(14)70312-8

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