Carmen Delgado Álvarez1, Benito Estrada Aranda2, y José Alfredo López Huerta2

1Universidad Pontificia de Salamanca

2Universidad Autónoma de San Luis Potosí (México)

Escalas ampliamente utilizadas para evaluar la violencia en la pareja (dating violence), como la Conflict Tactics Scale (CTS y CTS-2), reportan índices similares de violencia perpetrada por mujeres y hombres en las relaciones de pareja, o incluso mayor violencia psicológica y violencia física leve perpetrada por mujeres. Estos datos de autoinforme contrastan con los resultados de estudios sociológicos realizados por instituciones independientes como ONU, OMS, o UNIFEM, coincidentes en señalar que la violencia en la pareja es sufrida mayoritariamente por mujeres y perpetrada por hombres (Heise & García-Moreno, 2003). El reciente informe de la European Union Agency for Fundamental Rights (2014) ratifica estos resultados y califica la violencia contra las mujeres en la pareja como un grave problema social. ¿Cómo explicar esta contradicción de resultados?

Entre las críticas a las escalas de autoinforme como la Conflict Tactics Scale, se ha señalado su inadecuada conceptualización de violencia al equiparar agresiones proactivas y defensivas, sin tener en cuenta el contexto, el significado y los motivos de la conducta violenta (DeKeseredy, 2011). Esta definición del constructo violencia, dejando fuera aspectos muy relevantes del mismo, podría amenazar la validez de las mediciones a la luz de los Standards psicométricos (AERA, NCME, & APA, 1999) ratificados en 2014.

Por otro lado, la validez de las mediciones exige, entre otras evidencias, que los estilos de respuesta de los grupos que se comparan sean equiparables. La comparación de violencia reportada por hombres y mujeres debería tener en cuenta, por tanto, si variables como el género afectan a las respuestas emitidas ya que, de ser así, estaría amenazada la validez de las inferencias realizadas a partir de las puntuaciones obtenidas con este tipo de instrumentos. La relación entre masculinidad tradicional y uso de la violencia afecta a la diferente simbolización por parte de hombres y mujeres, según algunos estudios. La diferente socialización de género hace que los hombres tiendan a infraestimar las agresiones emitidas, y que las mujeres no sólo infraestimen la violencia recibida, sino que tiendan a culpabilizarse de las agresiones recibidas atribuyéndoselas a sí mismas (Hlavka, 2014) .

El estudio realizado con 1753 jóvenes de 15 a 30 años de España y México, evalúa la violencia percibida en diferentes conductas de la pareja. Respondieron 1170 jóvenes en España (38,3% hombres y 61,7% mujeres) y 580 en México (43,4% hombres y 56,6% mujeres). El instrumento VGP de 47 ítems incluye diez tipos de conductas o dimensiones con fiabilidades (alfa de Cronbach) que oscilan entre 0.844 y 0.972 en ambos países. Las dimensiones evaluadas surgieron de grupos de discusión realizados con jóvenes (Cantera, Estébanez, & Vázquez, 2009): control, acoso, aislamiento, celos, descalificación, indiferencia afectiva, presión sexual, manipulación emocional, amenazas y dominación.

El análisis de los datos mediante MANOVA revela influencia de la cultura y del género en la simbolización de la violencia (α=0.01). En todas las dimensiones, la muestra española percibe mayor violencia que la muestra mexicana en las mismas conductas, y de igual modo y en ambos países, las mujeres perciben más violencia que los hombres (excepto en las conductas de indiferencia afectiva, en que hombres y mujeres la perciben igual en la muestra española). Estos resultados confirman que la simbolización de la violencia en la pareja está afectada por la cultura y el género. La tendencia de los hombres a minimizar la violencia que ejercen y de las mujeres a minimizar la violencia que reciben, como muestran los trabajos citados entre otros que así lo corroboran, puede contribuir a explicar la contradicción entre los estudios sociológicos y los autoinformes obtenidos con escalas como la Conflict Tactics Scale. El efecto de la cultura y el género sobre la percepción de violencia en las conductas, tiene importantes implicaciones para el uso de este tipo de instrumentos, ya que el problema en cuestión es la validez de las inferencias realizadas a partir de las puntuaciones obtenidas.

La validez de constructo implica obtener cinco tipos de evidencias: a) contenido: los ítems deben cubrir adecuadamente todos los aspectos relevantes de la violencia en la pareja; b) estructura interna: se debe asegurar que la estructura interna del instrumento reproduce estas dimensiones de violencia, tal como ha sido definido el constructo; c) relación con otras variables: las puntuaciones del instrumento han de mostrar las relaciones esperadas con criterios externos, tales como los estudios sociológicos que pueden poner a prueba la utilidad diagnóstica del instrumento; d) procesos de respuesta: se debe asegurar que la simbolización de la violencia sea la misma en los grupos comparados para que las puntuaciones obtenidas sean comparables;  c) consecuencias sociales: se debe asegurarque el uso de la escala no tiene efectos negativos sobre algún grupo social, como la infravaloración de la violencia sufrida por las mujeres. 

Los resultados de este estudio se han centrado en un tipo de evidencias de validez: los procesos de respuesta. Sin embargo, la cuestión de las evidencias basadas en las consecuencias sociales del uso de este tipo de escalas, plantea un problema de mayor relevancia para los/as investigadores/as, ya que inferencias inadecuadas realizadas a partir de sus puntuaciones, puede confundir a la opinión pública sobre la gravedad de la violencia sufrida por las mujeres en las relaciones de pareja. Los Standards psicométricos señalan explícitamente que esta cuestión es responsabilidad del usuario de las escalas, y la nueva versión de 2014 subraya la importancia de este aspecto, situando la fairness (justicia o equidad) de los tests, en el mismo nivel de importancia que la fiabilidad y la validez.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Psicothema:

Delgado, C., Estrada, B. y López, J.A. (2015). Gender and cultural effects on perception of psychological violence in the partner. Psicothema, 27 (4), 381-387.

Referencias:

AERA, NCME, y APA. (1999). Standards for Educational and Psychological Testing. Washington, DC: Disponible on line: http://www.apa.org/science/standards.html.

Cantera, I., Estébanez, I., & Vázquez, N. (2009). Violencia contra las mujeres jóvenes, la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo. Bilbao: BBK, EMAKUNDE, EUSKO JAURLARITZA/GOBIERNO. Disponible on line: Resumen violencia sobre mujeres jóvenes

DeKeseredy, W. S. (2011). Theoretical and Definitional Issues in Violence Against Women. En M. D. Schwartz, J. Edleson, & R. Bergen, Sourcebook on Violence Against Women (pp. 3-20). California: Sage.

European Union Agency for Fundamental Rights. (2014). Violence against women: an EU-wide survey. Luxembourg: Publications Office of the European Union. Disponible on line: Violence against women-European Union Agency

Heise, L., y García-Moreno, C. (2003). La violencia en la pareja. En E. Krug, L. Dahlberg, K. Mercy, A. Zwi, & R. Lozano, Informe Mundial sobre Violencia y Salud (pp. 97-131). Washington D.C.: Organización Panamericana de la Salud.

Hlavka, H. (2014). Normalizing Sexual Violence Young Women Account for Harassment and Abuse. Gender and Society, 28(3), 337-358.

Carmen Delgado Álvarez es catedrática de Psicometría en la Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia de Salamanca y coordinadora del Grupo de  Investigación “Psicología y Métodos de Investigación”. Ha dirigido el postgrado de “Intervención Multidisciplinar en Violencia de Género” y codirigido el postgrado de “Género y Comunicación”.

Benito Estrada Aranda es profesor en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (México). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel 1) desde el año 2007. Psicólogo Clínico especializado en terapia sistémica y terapia EMDR.

Jose Alfredo López Huerta es profesor en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (México). Investigador en el área de salud y calidad de vida.

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