Miguel Ángel Pérez Nieto es Profesor del Dpto. de Psicología y Educación de la Universidad Camilo José Cela y Profesor Asociado en el Dpto. de Psicología Básica (Procesos Cognitivos) de la Universidad Complutense de Madrid, actividades que compagina con la práctica privada.

 

Esther García-Rosado, es Licenciada en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca y estudiante de doctorado en la Universidad Camilo José Cela.

En el último número de la revista EduPsikhé han publicado una investigación sobre ira y ansiedad en la abstinencia de alcohólicos rehabilitados. Presentan en el siguiente artículo, algunos de los aspectos y conclusiones más relevantes de ésta investigación.

Esther García-Rosado y Miguel Ángel Pérez Nieto

Universidad Camilo José Cela

El presente trabajo tiene por objetivo explorar la relevancia que la ira y la ansiedad tienen en el mantenimiento de la abstinencia alcohólica y la evitación de la recaída, analizando la capacidad discriminativa que estas emociones, y sus diferentes formas de respuesta, tienen el mantenimiento de la abstinencia alcohólica.

En el síndrome de abstinencia alcohólica incluye una serie de síntomas físicos característicos de la alta activación fisiológica, además de respuestas de ansiedad e ira (Maldonado y Lucena, 2002). Los síntomas del síndrome tienden a incrementarse cuando hay algún tipo de estrés emocional adicional, o cuando hay un pobre control de la ansiedad y el miedo que producen estos mismos síntomas.

La activación experimentada por los alcohólicos puede ser consecuencia de varios factores. Por una parte puede ser el resultado psicofisiológico directo de la propia conducta adictiva. Así, por ejemplo, el consumo agudo y crónico de alcohol se acompaña siempre de cierta descarga del sistema nervioso simpático durante el estado de abstinencia. Cuando el sistema simpático se activa, produce una liberación de catecolaminas que da lugar a los signos y síntomas de ansiedad (Miller y Gold, 1993). Por otra parte, la implicación continuada en una conducta adictiva desencadena numerosas consecuencias negativas en áreas decisivas para el alcohólico: familia, trabajo y, situación económica. El exceso de ansiedad, ira, el estado de ánimo disfórico y el déficit en la autoestima pueden ser resultado de todo ello.

La evitación de estos síntomas lleva a seguir consumiendo. El consumo genera una dependencia y, por lo tanto, síntomas más severos en el cuadro del síndrome de abstinencia. El resultado será que cada vez se vuelve más necesario el consumo, y cada vez habrá emociones más negativas anticipando esa necesidad de consumir (Cano-Vindel, Miguel-Tobal, González e Iruarrizaga, 1994).

Las tasas de recaídas se pueden cifrar en un 60-80% durante el primer año (Echeburúa, 1994), los episodios de recaída aparecen frecuentemente asociados a tres situaciones de alto riesgo: estados emocionales negativos, conflictos interpersonales y presión social. La ansiedad y la ira en su manifestación fisiológica comparten un amplio rango de características, por lo que cuando se experimenta la emoción de ira, si no es controlada la activación que produce, es muy probable que el bebedor sienta incitación de consumir más para mitigar sus efectos. Además, las personas bajo los efectos del alcohol tienden a llevar a cabo conductas agresivas. El alcohol desinhibe estas conductas, por lo que si la persona tiende a experimentar ira y no expresarla adecuadamente, puede buscar en el alcohol una vía para llevar acabo conductas agresivas.

El estudio se llevo a cabo con una muestra de 30 varones miembros de un grupo de alcohólicos recuperados, con un rango de abstinencia que va de los 6 días a los 34 años, la evaluación se llevo a cabo, para la ansiedad mediante el ISRA y para la ira mediante el STAXI 2. Los resultados obtenidos muestran que, en pacientes en recuperación, la abstinencia se relaciona inversamente con la tendencia a responder con ira, especialmente en situaciones injustificadas, y expresando tanto interna como externamente esa ira. También muestra una ligera tendencia a relacionarse con la ansiedad interpersonal; mostrándose también un efecto positivo del tiempo, donde a un más largo periodo de abstinencia se darían menos emociones negativas.

La alta ansiedad social, a medida que pasan los años de abstinencia, puede explicarse en la línea de que tras años de consumo las personas han carecido de redes sociales sanas y, actualmente, perciben como amenazantes las situaciones sociales donde no saben desenvolverse con naturalidad.

Respecto a la emoción de ira, vemos que cuando trascurren los años de abstinencia, una emoción que puede llevar a la recaída en un primer momento, se aprende a manejar, de una manera socialmente aceptada.

Además, la ira muestra una significativa capacidad para discriminar, en esta muestra, entre la pertenencia al grupo de alcohólicos cuya abstinencia es superior a los dos años de la del grupo que no superan ese tiempo de abstinencia. De nuevo el temperamento (o la respuesta de ira injustificada) tiene un alto peso en esa capacidad discriminante.

Nuestros datos nos llevan a concluir que la respuesta emocional de ira, especialmente en situaciones donde no se da causa justificada, y cuando hay una mayor expresión externa de la misma, así como la ansiedad en situaciones de interacción social, son variables que pueden tener un papel fundamental en el mantenimiento de la abstinencia. Estos datos van en la línea de los que se vienen sugiriendo en la investigación sobre el campo realizada en esta última década (Kran, Bohn, Henk, Gross- man y Gosnell, 2005; Zywiak, Connors; Maisto y Westerberg, 1996), en los que el afecto negativo y la ira permiten diferenciar niveles de manejo de la recaída.

Por lo tanto, concluiríamos que emociones como ansiedad e ira van a estar entre los antecedentes y los consecuentes del alcoholismo. Se incluiría la ira como una emoción que desempeña un papel fundamental, más incluso que la ansiedad, en el desarrollo, mantenimiento, síndrome de abstinencia y recaída del alcoholismo.

Estos hechos y los datos obtenidos en el estudio avalan las intervenciones que incluyen técnicas y módulos específicos en el manejo de la ira (Meyers et al., 1998; Schonfeld et al., 2000) y la expresión de la misma en situaciones de interacción social, en las que la ansiedad de evaluación interpersonal también jugará un rol importante.

El artículo completo se puede consultar en la revista eduPsykhé: García-Rosado, E. y Pérez-Nieto, M.A. (2005). La ira y la ansiedad en la abstinencia de alcohólicos rehabilitados. Edupsykhé, Revista de Psicología y Psicopedagogía, Vol 4 (2), 219-232.