David Álvarez-García

Universidad de Oviedo

El teléfono móvil, las redes sociales y los programas de mensajería instantánea son utilizados cotidianamente por los adolescentes, como medio para establecer nuevas amistades o mantener el contacto con amigos o familiares. Su uso es prácticamente universal entre los adolescentes españoles. Según datos de nuestro grupo de investigación, en Asturias un 95.1% del alumnado de Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.) tiene móvil propio, el 93.5% usa programas de mensajería instantánea (por ejemplo, WhatsApp) y el 77.8% participa en redes sociales (por ejemplo, Facebook). A pesar de que en España la edad mínima permitida para participar en redes sociales es de 14 años, un 64% del alumnado de 1º de E.S.O. las usa. Este porcentaje aumenta hasta el 89.8% en 4º de E.S.O.

Estos medios ofrecen grandes ventajas para la socialización adolescente y, por lo general, no originan problemas. Sin embargo, en ocasiones son utilizados para dañar intencionadamente a otras personas. Se suele utilizar el término cibervictimización para hacer referencia al padecimiento de agresiones a través de medios electrónicos, principalmente el teléfono móvil o Internet. Padecer este tipo de agresiones puede dar lugar a graves consecuencias para la víctima, relacionadas principalmente con sintomatología depresiva, que incluso pueden derivar en los casos más graves en suicidio.

Consecuentemente, es importante conocer qué variables aumentan la probabilidad de convertirse en víctima de agresiones a través del teléfono móvil, las redes sociales o los programas de mensajería instantánea, con el ánimo de mejorar la prevención y el tratamiento de estos casos.

Algunos adolescentes envían fotos personales comprometidas a otras personas a través del teléfono móvil o Internet. Algunos intercambian información personal con personas a las que sólo conocen de Internet, o incluso quedan en persona con ellas. Por tanto, uno de los aspectos a considerar en la prevención de la cibervictimización es enseñar a utilizar estos recursos con precaución, evitando conductas de riesgo.

Otro factor de riesgo potencial comúnmente analizado es el rendimiento académico. En principio, se espera que el alumnado con peor rendimiento se vea involucrado con mayor frecuencia en casos de agresión a través del teléfono móvil o Internet. Los resultados obtenidos en nuestro trabajo sugieren que esta relación es indirecta y que se encuentra mediada por el efecto de otras variables que han resultado ser predictoras de cibervictimización en nuestro estudio, como la menor autoestima o la mayor cantidad de tiempo que dedican a utilizar Internet para tareas no escolares.

En nuestro trabajo no hemos obtenido diferencias significativas en cibervictimización entre chicos y chicas. Esto probablemente se deba a que hemos utilizado un índice global de cibervictimización. En cambio, estudios previos que analizan por separado distintos tipos de cibervictimización sí muestran algunas diferencias. Estas diferencias se relacionan con el uso diferencial que chicos y chicas hacen de estos medios (por ejemplo, las chicas utilizan los programas de mensajería instantánea más habitualmente que los chicos, mientas que los chicos juegan más on-line que las chicas) y son congruentes con las diferencias halladas en agresión off-line.

En nuestro estudio, el mayor predictor de padecer agresiones a través del teléfono móvil o Internet es ser víctima de agresiones en el entorno físico escolar. Esto sugiere que en la edad de escolarización en E.S.O. los agresores on-line suelen ser compañeros del centro educativo. Asimismo, sugiere que la prevención de la cibervictimización no sólo pasa por mejorar la competencia digital y evitar conductas de riesgo, sino también y principalmente por la educación en valores y la formación en habilidades socioemocionales.

No se debe olvidar que una particularidad de la comunicación a distancia es la mayor probabilidad de confusiones y malentendidos, así como una menor probabilidad de que el agresor presencie las consecuencias de sus acciones sobre la víctima. El uso de estos dispositivos también fomenta una respuesta más inmediata e impulsiva. El desarrollo de habilidades socioemocionales a través de la red y de la empatía son, por tanto, aspectos importantes a considerar en la prevención o el tratamiento del problema.

Los valores y la competencia socioemocional no sólo se adquieren en el centro educativo. La sociedad, a través principalmente de los medios de comunicación y entretenimiento, y sobre todo las familias, tienen también un papel decisivo. Respecto a las familias, en ocasiones se suele recomendar el control por parte de los padres de la actividad de los hijos en Internet, ya sea de forma activa o mediante el uso de filtros de control instalados en los dispositivos electrónicos. Curiosamente, en nuestro estudio hemos hallado que cuanto mayor es este control parental, mayor es la probabilidad de ser víctima de ciberagresiones. Los análisis realizados no permiten establecer una relación causal entre ambas variables, pero la evidencia previa nos permite plantear diferentes hipótesis explicativas. Una de ellas es que una tercera variable (por ejemplo, ciertas características del adolescente) explique, a la vez, el mayor control parental y el mayor padecimiento de agresiones. Si bien este aspecto debe ser más analizado, sí que existe un cuerpo de evidencia sólido a favor de que un elevado control parental sin afecto es poco eficaz para la prevención de la conducta antisocial en general. Por lo tanto, la clave está en crear un ambiente familiar en el que se promueva la autonomía de los hijos, pero en el que estos sientan el apoyo de sus padres y su interés por lo que les pasa, de tal manera que los hijos se sientan cómodos y cuando se encuentren con un problema que puede llegar a ser grave se lo comenten a sus padres.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista International Journal of Clinical Health Psychology:

Álvarez-García, D., Núñez, J. C., Dobarro, A., & Rodríguez, C. (2015). Risk factors associated with cybervictimization in adolescence. International Journal of Clinical Health Psychology, 15(3), 226-235. doi: 10.1016/j.ijchp.2015.03.002

David Álvarez García. Es profesor contratado Doctor en el área de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Oviedo (España). Miembro del grupo de investigación en Aprendizaje Escolar, Dificultades y Rendimiento Academico (ADIR), de la Universidad de Oviedo. Ha participado en proyectos de investigación como “Análisis de la convivencia escolar en los centros educativos del Principado de Asturias”, “Factores de riesgo asociados a cibervíctimización en la adolescencia” o “La formación de los futuros docentes frente a la violencia escolar”.

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