Como cada año, la última semana del mes de abril la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebra el día de la Psicología. Bajo el lema “De la vulnerabilidad a la resiliencia: la Psicología para hacer frente a la crisis migratoria mundial”, la ONU pretende este año concienciar sobre el impacto de la migración forzada en los niños y sus familias y la importancia de la integración cultural de los colectivos en proceso de reasentamiento, destacando el papel de la ciencia y la práctica psicológica en este ámbito.

Tal y como anuncia la ONU, la migración forzada, un asunto transversal en la agenda actual, constituye una “crisis abrumadora” en el panorama internacional, tanto en su alcance como en su complejidad.

La situación es particularmente grave para el caso de los niños sirios. A este respecto, UNICEF hizo público un informe el pasado mes de marzo, titulado No place for children (No hay lugar para los niños), en el que analiza el impacto de los 5 años de conflicto en la vida de los niños de Siria.

En total, UNICEF estima que unos 8,4 millones de niños (más del 80% de la población infantil de Siria) se han visto afectados por el conflicto, bien directamente o bien como refugiados en países vecinos, quedando sus vidas marcadas por la violencia, el miedo y el desplazamiento.

Según el informe de UNICEF, a lo largo del año 2015 se produjeron más de 1.500 violaciones graves contra estos niños (siendo un 60% víctimas de homicidios y mutilaciones como resultado de la utilización de explosivos en zonas pobladas). La situación de los niños desplazados tampoco es nada alentadora. En los países vecinos de Siria, el número de refugiados ha aumentado 10 veces más que hace 4 años, siendo la mitad de estos refugiados menores de edad. Asimismo, se calcula que más de 16.000 niños que han huido de Siria, lo han hecho solos o separados de sus familias y más de 151.000 han nacido en condición de refugiados.

Junto a la dificultad para poder ir a la escuela, debido a la destrucción de infraestructuras por el conflicto y al riesgo que supone para la vida de los niños (se estima que más de un tercio han fallecido mientras estaban en la escuela o en el desplazamiento de la casa a la escuela), la población infantil también se enfrenta al riesgo de ser reclutada por las fuerzas en conflicto, participando de manera forzada en el combate y recibiendo un entrenamiento militar a edades cada vez más tempranas (según indica UNICEF, más de la mitad de los niños reclutados en 2015 tenían menos de 15 años de edad).

En este contexto garantizar el derecho a un futuro digno se ha convertido en un verdadero reto. Como respuesta a esta situación, UNICEF ha lanzado la campaña “no a la generación perdida”, mediante la cual pretende realizar acciones para restablecer el derecho a la educación y a la creación de oportunidades para estos jóvenes.

Según señala UNICEF, abordar las necesidades y derechos de todos los niños afectados por el conflicto es esencial si se quiere evitar la pérdida de toda una generación y décadas de progreso en el desarrollo. Con esta finalidad ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional para poner en marcha algunos “pasos críticos” que permitan proteger a esta generación de niños, entre los que se encuentra el de “restaurar la dignidad de los niños y fortalecer su bienestar psicológico”, una medida encaminada a fortalecer su resiliencia.

La resiliencia psicológica puede definirse actualmente como el proceso psicosocial y de desarrollo a través del cual los individuos expuestos a una situación adversa o a experiencias potencialmente traumáticas experimentan una adaptación positiva a lo largo del tiempo.

Bajo este marco de estudio, más de 60 años de investigación en Psicología han permitido identificar ciertos mecanismos protectores que facilitan el proceso de resiliencia, y entre los que destacan, a nivel individual, un ambiente familiar de apoyo, el apoyo social, las habilidades de afrontamiento, la auto-eficacia, el optimismo, el sentimiento de esperanza o unas condiciones de vida estables. A nivel social, la educación es a menudo considerada un indicador de resiliencia en contextos en los que las expectativas de éxito académico son bajas. Los valores culturales, las relaciones entre miembros del mismo grupo étnico, el nivel socioeconómico adecuado y la disponibilidad de recursos son también factores que intervienen en la adaptación positiva frente a la adversidad.

De estos datos se desprende la importancia de adoptar una estrategia multi-nivel y multi-componente en el desarrollo de intervenciones dirigidas a la reconstrucción de una resiliencia eficaz. En la práctica psicológica, las intervenciones psicosociales para fomentar la resiliencia a menudo hacen uso de técnicas de cambio conductual, como entrenamiento en habilidades, modelado conductual, manejo del estrés y fortalecimiento del apoyo social, contemplando la actuación tanto a nivel individual como social.

Fuente:

UNICEF

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