En el último número de la Revista de Investigación Psicoeducativa se ha publicado una artículo relacionado con la utilidad de las actividades extraescolares en alumnos de secundaria. Uno de los autores expone para los lectores de Infocop Online algunos de los aspectos más interesantes de esta investigación.

 

El grupo de investigación HUM-775 (Grupo-PAI-Plan Andaluz de Investigación), está formado por Mª José Pino, Francisco Alós, Rocío Alcalá, Rosario Ruiz, Antonio Raya, Juan Antonio Moriana y Javier Herruzo, coordinador del grupo.

Todos los miembros pertenecen al Área de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos del Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba. Este grupo de investigación se crea en el año 1995 y tiene en su haber numerosas publicaciones en el ámbito nacional e internacional dentro del área del conocimiento, así como varios proyectos de investigación en el ámbito de la Psicología y la educación.

 Grupo de Investigación HUM-775

Universidad de Córdoba

Actualmente en nuestra sociedad se utilizan, de forma casi masiva, las actividades fuera del horario escolar con el objetivo de apoyar y potenciar no sólo el rendimiento del alumno, sino también su propio desarrollo personal y social así como otros aspectos como el ocio, la salud, los valores, etc. Dichas actividades suelen agruparse en dos tipos bien diferenciados; por un lado, las actividades extraescolares (actividades realizadas de forma externa fuera del curriculum escolar) y por otro, las extracurriculares (actividades desarrolladas dentro del ámbito escolar como complemento para el alumno y generalmente dependientes del centro). No obstante, a pesar de las diferencias, ambos conceptos suelen ser utilizados, a nivel popular, como sinónimos aunque sus diferencias pueden ser notables ya que en el primer caso dependen de manera casi exclusiva de los padres y en el segundo suelen ser planificadas y desarrolladas por y desde los mismos centros educativos.

Tal y como exponemos en nuestro artículo (Moriana, Alós, Alcalá, Pino, et al., 2006), las actividades extraescolares han sido asociadas a un mejor nivel educativo, al requerir más competencias interpersonales, más aspiraciones y nivel de atención (Mahoney, Cairos & Farwer, 2003) y un mayor pensamiento crítico y madurez personal y social (Bauer & Liang, 2003), entre otras características positivas.

A pesar del supuesto beneficio obtenido por los alumnos a través de la realización de este tipo de actividades, en ocasiones, los docentes se quejan de que en algunos casos se realizan demasiadas actividades fuera de la escuela y que éstas son mal elegidas por los padres o planificadas de forma errónea, no produciéndose una coordinación o complemento con las actividades realizadas en el colegio y afectando de forma negativa al rendimiento académico de los alumnos.

En este sentido, Marsh y Kleitman (2002), afirman que las actividades extracurriculares seleccionadas y planificadas en la escuela suelen ser más beneficiosas que las realizadas fuera de ella debido a que normalmente estas últimas no gozan de la suficiente planificación, ordenación y coherencia.

Algunos de los profesores del grupo HUM-775 (Plan Andaluz de Investigación) de la Universidad de Córdoba, trabajando en clases prácticas sobre las aplicaciones de la investigación en la Psicología plantearon, a modo de ejemplo, una pregunta de investigación a sus alumnos: ¿los alumnos de secundaria que realizan actividades extraescolares obtienen mejores resultados académicos que sus compañeros que no las realizan?

          

Con esta pregunta de fondo comenzamos a diseñar una investigación con los alumnos para recoger información sobre las actividades extraescolares desarrolladas en secundaria y las calificaciones (como medida del rendimiento escolar) obtenidas por éstos en la última evaluación. Finalmente decidimos desarrollar la investigación pretendiendo estudiar la existencia o no de relación entre el desarrollo de este tipo de actividades fuera del horario escolar y el rendimiento académico del alumno.

Para este fin seleccionamos aleatoriamente 12 centros educativos de la ciudad (9 públicos y 3 privados) asignando de forma aleatoria a los alumnos participantes (222 alumnos) a dos grupos en función de si habían realizado o no actividades fuera del horario escolar. En el primer grupo los alumnos realizan actividades extraacadémicas y en el segundo no realizan ninguna. A continuación, utilizamos el análisis de varianza para contrastar si existen diferencias significativas en el rendimiento entre ambos grupos. Incluso, a posteriori, observamos que los alumnos participaban en dos tipos de actividades bien diferenciadas, por un lado, las deportivas (fútbol, baloncesto, judo, etc.) y por otro lado las de tipo académico (idiomas, conservatorio, clases particulares, informática, etc.). Por esta razón, realizamos los análisis agrupando a los alumnos en función de si participaban en actividades de tipo académico o deportivo o de si realizaban dos o más variedades de ambos tipos (grupo de actividades mixtas).

Los resultados indican que el grupo que realiza actividades fuera del horario escolar obtiene mejor rendimiento académico, especialmente los que desarrollan actividades de estudio, apoyo o clases particulares y los que realizan actividades mixtas (de tipo deportivo y académico).

 

En principio, parece indicado señalar que realizar actividades fuera del horario escolar beneficia a los alumnos en su rendimiento, sobre todo si se alternan actividades tanto de tipo académico como deportivo. No obstante, a la hora de recoger y analizar los datos nos surgen algunas dudas o preguntas que quizá podamos abordar en futuras investigaciones.

Éstas se refieren al tipo de actividad desarrollada (se recogieron más de 25 distintas y múltiples combinaciones entre sí), el número de actividades y el tiempo dedicado a ellas (ya que su variabilidad era enorme y bastante significativa). Incluso encontramos alumnos que informaban estar asistiendo a más de cuatro actividades, tener todos los días de la semana ocupados con éstas e incluso varios días simultaneando dichas ocupaciones (extremo que tampoco consideramos adecuado y que comprobamos para un pequeño grupo de alumnos que no era beneficioso para su rendimiento). También resultaría interesante conocer hasta que punto los alumnos que realizan las actividades son realmente los más capacitados y no obtienen buenos resultados académicos por otro tipo de razones que nada o poco tengan que ver con participar en dichas actividades.

Quizás lo ideal para futuras investigaciones sería dirigirse en esta dirección además de analizar las actividades por tipo y tiempo de dedicación. Establecer el número de horas que son razonables, qué actividades son compatibles y/o complementarias a las escolares, determinar los límites de la sobrecarga que puedan producir estrés en el alumnado, analizar en qué medida la decisión de participar en estas actividades es una decisión compartida entre padres e hijos o si se trata de una decisión unilateral (sobre todo en los más pequeños) y no olvidar el aspecto lúdico y de ocio tan importante en estas edades.

Todos estos aspectos pueden influir en una mejor planificación de actividades, por parte de educadores y padres, de forma que exista un complemento formativo a todos los niveles adaptado a las características de cada alumno. Por esta razón, una buena propuesta para tratar este tema podría ser establecer unas pautas de asesoramiento en los centros de forma que los educadores puedan orientar a los padres en la planificación de actividades según cada caso en concreto.

El artículo completo se puede consultar en la Revista de Investigación Psicoeducativa: Moriana, J.A., Alós, F.; Alcalá, R.; Pino, M.J.; Herruzo, J.; y Ruíz, R. (2006): Actividades extraescolares y rendimiento académico de alumnos de Educación Secundaria. Revista de Investigación Psicoeducativa. Vol 4(1), pp. 20-26.

Ver Referencias Bibliográficas de este artículo