Armando Rodríguez Pérez es catedrático de Psicología Social; Efrén A. Coello Martel es becario FPI; Verónica Betancor Rodríguez es profesora titular de Psicología Social; Ramón Rodríguez Torres es profesor titular de Psicología Social; y Naira Delgado Rodríguez es becaria FPU.

Todos pertenecen al equipo de investigación de Psicología Social de la Universidad de La Laguna, que estudia los procesos que suceden en las relaciones intergrupales, con publicaciones notorias en distintas revistas nacionales e internacionales. En la actualidad sus investigaciones se han centrado en el estudio de la infrahumanización como nueva forma de discriminación.

Armando Rodríguez, Efrén Coello, Verónica Betancor, Ramón Rodríguez y Naira Delgado

Universidad de La Laguna

La infrahumanización se basa en la idea de que las personas atribuyen diferentes esencias a los grupos, de modo que asignan más las características típicamente humanas a su propio grupo que a los grupos externos. Esto supondría restar características humanas o deshumanizar a los otros grupos.

 

Existen numerosos ejemplos históricos de deshumanización. La primera constitución estadounidense consideraba que los esclavos, en su mayoría negros, equivalían exactamente a tres quintos de persona. También el discurso oficial nazi estableció que los judíos y los gitanos no entraban dentro de la categoría de seres humanos, sino en la de animales peligrosos.

 

Para nuestro grupo de investigación (Leyens et al., 2000), los ejemplos mencionados no son hechos excepcionales fruto de una concepción inaudita de las relaciones grupales, sino más bien síntomas explícitos de un proceso interno común a todos los seres humanos. En otras palabras, para estos autores, el proceso de deshumanización es un aspecto más del favoritismo endogrupal, que consiste en atribuir a nuestro grupo, de modo casi exclusivo, las características de la esencia humana.

Ahora bien, ¿qué características son típicamente humanas? o ¿en qué consiste la esencia humana? Un estudio transcultural mostró que, entre otras características, los sentimientos (o emociones secundarias) se consideran emociones típicamente humanas, mientras que las emociones (o emociones primarias) no se perciben como tales.

Las primeras investigaciones de la Teoría de la Infrahumanización, analizaron la diferencia entre los sentimientos (exclusivos de la especie humana) y las emociones (compartidas con los animales). Los resultados confirmaron que los sentimientos, en comparación con las emociones, son menos intensos pero más duraderos, menos visibles y requieren más recursos cognitivos, por lo que son más elaborados; pero lo más importante es que son más característicos de los seres humanos que de los animales.

En investigaciones posteriores, Leyens, Rodríguez-Pérez, Rodríguez-Torres, Gaunt, Paladino, Vaes y Demoulin (2001) y Paladino, Leyens, Rodríguez-Torres, Rodríguez-Pérez, Gaunt y Demoulin (2002), confirmaron que las personas atribuyen a su propio grupo más sentimientos que a otros grupos. Además, las medidas implícitas señalan que existe una asociación más fuerte entre sentimientos y endogrupo que entre sentimientos y exogrupo.

 
                      

En la actualidad, los estudios sobre infrahumanización se centran en estudiar bajo qué circunstancias se intensifica este sesgo a favor del endogrupo. En esta línea, nuestro trabajo señala que cuando un exogrupo comete un acto violento contra un miembro del endogrupo, se le infrahumaniza aún con mayor intensidad.

Por otro lado, cuando la información que se presenta sobre un grupo amenazante (exogrupo) es ambigua en cuanto a si ha cometido un delito o no, es más probable que se exprese racismo y prejuicio hacia ese grupo y, por tanto, se le deshumanice. En estas circunstancias en que un individuo se ve forzado a emitir un juicio y sólo dispone de información incompleta, tiende a hacer uso de la información estereotípica relativa a la categoría de los presuntos responsables (Markus y Zajonc, 1985; Pfeifer, 1992).

Otro aspecto que intensifica el sesgo de infrahumanización, es la empatía con la víctima de la agresión. Lo que se ha observado en nuestra investigación es que las personas que adoptan el punto de vista de la víctima (esto es, empatizan con ella), y además no tienen seguridad sobre la autoría de los miembros del exogrupo en el acto de agresión, infrahumanizan más al exogrupo que aquellas personas que no empatizan con la víctima y están seguros de la autoría de los miembros del exogrupo.

Sin embargo, ¿cómo es posible que se infrahumanice más al exogrupo cuando no se está seguro de su autoría en la acción agresiva? De acuerdo con las investigaciones psicosociales sobre prejuicio y discriminación podemos acudir a las explicaciones que se derivan de las aportaciones y desarrollos del racismo moderno. Como ya apuntaba Allport en La naturaleza del prejuicio, "cuando existe un claro conflicto con la ley y la conciencia de un lado, y la costumbre y el prejuicio del otro, la discriminación se practica, sobre todo, de modo indirecto y encubierto y no, por lo general, en situaciones de enfrentamiento directo que pudieran resultar enojosas" (1954, página 75).

 

En el mismo sentido, otros investigadores que han propuesto diversas teorías sobre las formas modernas de racismo para explicar las relaciones intergrupales, McConahay y Hough, (1976) sugieren que los blancos americanos se han adaptado a las nuevas normas y leyes raciales, con lo que ahora sus actitudes prejuiciosas, así como sus conductas discriminatorias, sólo se manifiestan si el escenario conductual es suficientemente ambiguo como para que esas actitudes y conductas no parezcan racistas. En otras palabras, el prejuicio racial ocurrirá más probablemente cuando los individuos perciban que la situación es suficientemente ambigua como para manifestar, sin temor a sospechas, sus actitudes racistas (Pfeifer y Berstein, 2003).

 

En síntesis, cuando no está claro que el exogrupo sea el autor de una agresión contra un miembro del endogrupo, pero se empatiza con la víctima, se infrahumaniza al exogrupo en mayor intensidad que cuando la autoría de la agresión es clara pero no se ha empatizado con la víctima. Esta idea sugiere que la empatía con las víctimas es un factor modulador que puede llegar a intensificar la infrahumanización del exogrupo.

Una revisión completa del artículo puede encontrarse en el último núemero de la revista Psicothema: Rodríguez. A; Coello, E.; Betancort, V.; Rodríguez, R.; y Delgado, N. (2006): Amenaza al endogrupo y nivel de infrahumanización del exogrupo. Psicothema. Vol.18 (1), 73-77.

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