Los datos estadísticos sobre conducta suicida en la Guardia Civil indican que las tasas de suicidio consumado entre sus efectivos no son sólo superiores a los de la población general (en una muestra con edades y sexo parecidos), sino que lo son también frente policías nacionales que afrontan en su trabajo funciones y problemas parecidos: mientras que en el período de 2005-2014 la tasa de suicidios consumados en la Guardia Civil fue de 16,43, en la Policía Nacional fue de 12,82 y las de la población general (hombres de 20 a 65 años), fue de 11,78.

Este es uno de los principales datos extraídos de un estudio iniciado en 2012 sobre la conducta suicida en la Guardia Civil, cuyas conclusiones se han materializado en el libro titulado “¿Todo por la Patria? Clima y cultura organizacional y conducta suicida en la Guardia Civil”, una obra donde se aborda en detalle este grave problema que, a día de hoy sigue siendo tabú en nuestro país, proponiendo respuestas a partir del conocimiento generado por la literatura científica, contrastado con estudios cuantitativos y cualitativos realizados al efecto durante los últimos cinco años, y que recogen información de los propios afectados.

Para hablarnos en profundidad sobre este interesante libro y los importantes datos y conclusiones que maneja, Infocop Online ha querido entrevistar a su autor, Daniel Jesús López Vega.

Daniel Jesús López Vega

Daniel J. López es psicólogo y Máster en Intervención Psicológica en Contextos de Riesgo. Es socio de la Sociedad Española de Suicidología (SES) y de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (Red Aipis). Desarrolla su labor como psicólogo desde hace más de 20 años en Andalucía, en el ámbito de la salud pública. Como investigador es autor de diversos artículos científicos y ha escrito manuales técnicos sobre adicciones y sobre conducta suicida en guardias civiles. Precisamente, ha colaborado con la Asociación Unificada de Guardias Civiles durante los últimos años investigando sobre la conducta suicida dentro del Cuerpo, cuyo resultado es el libro que nos presenta en esta interesante entrevista.

ENTREVISTA

A modo de introducción, su libro “¿Todo por la Patria? Clima y cultura organizacional y conducta suicida en la Guardia Civil” se basa en un estudio previo realizado bajo el auspicio de la AUGC. ¿Cómo surge la idea de emprender dicho estudio?

La investigación que dio como fruto el libro se inició a mediados de 2012 en colaboración con la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC). Por primera vez tuve conocimiento de las altas tasas de bajas psicológicas y conducta suicida entre los efectivos de la Guardia Civil. Como investigador independiente, me sorprendió desde el principio el desconocimiento y la falta de trabajos científicos dedicados a este fenómeno, lo que motivó que decidiera dar una mayor visibilidad a este importante problema de salud pública.

Después de hacer una primera aproximación al fenómeno, pude contrastar nuestros conocimientos con los de otros cuerpos policiales europeos. En 2014, asistí en Berlín como ponente a la asamblea de la European Confederation of Police (EuroCOP), a la que entonces pertenecía la AUGC, y en Bruselas en 2015 a unas jornadas sobre riesgos psicosociales en cuerpos policiales organizadas por el European Trade Union Institute (ETUI). En ese caldo de cultivo surgió la necesidad de estudiar una posible relación entre la profesión policial y la aparición de mayores tasas de conductas autolíticas. Una vez que tuve material suficiente y con el objetivo de publicar las conclusiones de la investigación, decidimos darle formato de libro, del que pronto saldrá una segunda edición.

¿Podría explicarnos cómo se llevó a cabo y en qué datos se basó?

En un primer momento realizamos una búsqueda bibliográfica sobre las conductas suicidas en cuerpos policiales de todo el mundo (EEUU, Noruega, Canadá, Sudáfrica…). En nuestro ámbito y, específicamente, en la Guardia Civil, no existen estudios científicos y los pocos de los que hay constancia no han sido publicados, lo que dificulta el trabajo de los investigadores externos.

Posteriormente, realizamos una encuesta en la que participaron 1.084 guardias civiles y que dio como resultado un informe preliminar que permitió extraer las primeras conclusiones. Los suicidios en este cuerpo policial de carácter militar se relacionan, en primer lugar, con la accesibilidad, letalidad y familiaridad con el uso de armas de fuego. Sin embargo, cuando preguntamos por ideación, planificación e intentos de suicidio las tasas en la Guardia Civil también fueron superiores a las de la población general, lo que señaló la presencia de otras posibles causas. Tampoco explica la diferencia en las tasas con respecto al Cuerpo Nacional de Policía. Eso nos empujó a seguir en la línea de investigación, realizando varias encuestas sobre diversos factores relacionados a conductas suicidas, estrés laboral, clima y cultura organizacional, burnout..., de las que obtuvimos cerca de 5.000 respuestas, además de entrevistas individuales y grupos focales entre guardias de todo el territorio nacional para recoger aspectos que no clarificaron los datos cuantitativos.

Los datos epidemiológicos se obtuvieron a través de preguntas parlamentarias y por los datos que de forma irregular y esporádica se facilitan a los medios de comunicación. Aunque son datos oficiales, sin embargo, su calidad es muy baja, dificultando la investigación del fenómeno.

Durante el mismo, ¿encontró alguna dificultad para acceder a datos oficiales de algún tipo?

La conducta suicida aglutina a un amplio rango de conductas y es prácticamente imposible encontrar datos fiables sobre su prevalencia entre guardias civiles, excepto el de suicidios consumados que, por otro lado, sería imposible ocultar en la era del conocimiento, con la proliferación de Internet, las redes sociales y los móviles inteligentes. La conducta suicida sigue siendo un tema tabú, acompañado de una fuerte carga emocional para los supervivientes que unen al dolor sentimientos como la vergüenza, la culpabilidad y la ira. A nivel institucional esto frecuentemente provoca una reacción de defensa y de negación que lleva a tratar el problema como un problema de carácter moral y no de salud pública, como realmente es, en un intento de salvaguardar la imagen pública.  

En la misma línea y mientras que los datos de suicidios consumados de la población general son publicados a través de Internet por el Instituto Nacional de Estadística, no existen bases de datos públicas que permitan a investigadores externos indagar cuando se trata de cuerpos policiales y desde hace más de una década tampoco entre militares. Eso hace que en muchas ocasiones haya que buscar métodos indirectos de investigación. Esta opacidad no es justificable desde ninguna premisa de salud pública ni de seguridad, sino que responde a causas de otra naturaleza.

Esta dificultad se une a las dificultades metodológicas que presenta el estudio de la conducta suicida en general.

¿Podría resumirnos las principales cifras y conclusiones extraídas tras el estudio?

La conducta suicida es compleja, multicausal y prevenible, lo que requiere para su explicación modelos explicativos complejos con la finalidad de la creación de programas preventivos evaluables. Alrededor de esta premisa surgieron las conclusiones del estudio que motivaron la edición del libro y que podemos resumir en tres ejes esenciales.

En primer lugar, no existe evidencia científica que ampare el silencio y la opacidad de los datos sobre conducta suicida. La falta de datos y explicaciones oficiales fomenta la aparición de información de mala calidad, en muchos casos, sustentadas en mitos sobre la conducta suicida y que puede fomentar la imitación de la conducta suicida (Efecto Werther). Frente al silencio o la información sin calidad, la administración debe ser garante de facilitar información preventiva puesto que, como postula el efecto Papageno estudiado por la literatura científica, comunicar sobre el suicidio cumpliendo ciertas características es preventivo (no todo vale).

En relación con la magnitud del problema, los datos estadísticos sobre conducta suicida en la Guardia Civil señalan fehacientemente que las tasas de suicidio consumado entre sus efectivos no son sólo superiores a los de la población general (en una muestra con edades y sexo parecidos), sino que lo es también frente policías nacionales que afrontan en su trabajo funciones y problemas parecidos. Mientras que en el período de 2005-2014 la tasa de suicidios consumados en la Guardia Civil fue de 16,43, en la Policía Nacional fue de 12,82 y las de la población general (hombres de 20 a 65 años), fue de 11,78.

En consecuencia, la anterior conclusión nos lleva a señalar que detrás de esta diferencia pueda establecerse la importancia de las causas de carácter laboral y profesional. En la explicación de la conducta suicida se hace indispensable considerar todas las facetas de la vida de la persona como una única entidad. El modelo de conducta suicida debe tener un carácter sistémico y no facilitar explicaciones lineales que simplifiquen y banalicen el problema. La vida personal, familiar y social de un Guardia Civil condiciona y está condicionada por factores laborales relacionadas tanto por las condiciones laborales, la naturaleza del trabajo, el contacto con la delincuencia, las víctimas y la muerte, el clima laboral y la cultura organizacional fuertemente imbricada por su naturaleza militar, jerárquica y disciplinaria.

En relación con lo anterior, ¿qué factores de riesgo se han detectado que influyen en la conducta suicida en la Guardia Civil?

Como he comentado en la respuesta anterior la conducta suicida es compleja. Detrás de cada conducta suicida hay un complejo entramado de variables que interrelacionan y que dan un sentido a la conducta de la persona, aunque en demasiadas ocasiones simplifiquemos y hablemos de causalidad cuando sólo referimos el factor precipitante.

Entre las conclusiones que se extraen de la investigación que tiene como objetivo señalar la importancia de los factores de riesgo de carácter laboral, sin obviar el resto, destacan dos de mayor entidad. Por un lado, la eventual perversión de la jerarquía y la disciplina dentro del cuerpo de carácter militar que restringe los derechos de los guardias en posibles casos de acoso laboral y en defender en general sus derechos como trabajadores. Llevado al límite, podría provocar la aparición de fenómenos de indefensión aprendida, como cultivo de estados de ansiedad y depresión.

Por otro lado, la Guardia Civil mantiene una idiosincrasia cultural que se resiste a los cambios culturales y sociales de la España democrática, en muchos casos en colisión con el resto de sociedad. Esto se refleja en las políticas de recursos humanos -los guardias civiles afrontan peores condiciones laborales que otros cuerpos policiales y una merma de derechos con respecto al resto de profesiones-, lo que se espera de sus miembros y la visión que tienen de estos. Del guardia civil se espera una especial entrega al trabajo (a veces 24 horas al día) y frecuentemente unas capacidades por encima de su condición humana. Los cuerpos policiales potencian una visión masculinizada del policía, lo que lleva a sus efectivos a negar cualquier signo de supuesta debilidad y a pedir ayuda ante estados emocionales límite; sólo 1 de cada 4 suicidios consumados en la Guardia Civil estaban de baja laboral cuando ocurrió la desgracia. La adhesión que pide la institución a sus valores culturales es muy superior que en otras profesiones. Cuando los intereses individuales entran en colisión con los de la institución, frecuentemente podemos encontrarnos con fuertes crisis de identidad que podrían provocar importantes conflictos internos y externos.

Según declaraciones respectivas de la Cúpula de la Guardia Civil y el Ministerio de Interior, el 90% de los suicidios se deben a causas “claramente desvinculadas de su actividad laboral y relacionadas con el ámbito personal, sentimental y familiar”, y el aumento de su incidencia se explica por el “acceso inmediato a un medio de alta letalidad como son las armas de fuego, circunstancia que no ocurre con carácter general entre el resto de la población”. ¿Cuál es su opinión al respecto?

La explicación oficial es parcial y no explica suficientemente el fenómeno suicida entre guardias civiles. Como hemos indicado, la vida familiar, personal y laboral están profundamente relacionadas. La turnicidad laboral, el estrés, el clima laboral de las unidades… influyen en la vida personal y familiar y viceversa. Dado las tasas superiores de suicidio consumado entre guardias, estaríamos obligados a explicar el porqué de este mayor grado de problemas personales y familiares. En ese sentido, en 2005 la Guardia Civil ya se vio obligado a retirar un impreso que entregaba a los aspirantes y donde se reconocían explícitamente las dificultades inherentes al trabajo y las consecuencias que podía conllevar a la vida personal y familiar.

En cuanto a la accesibilidad a las armas de fuego, concuerda con las conclusiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en cuanto a que la accesibilidad a métodos letales es un importante factor de riesgo. Sin embargo, y sin negar su importancia, no explica las diferencias con respecto al Cuerpo Nacional de Policía que también trabaja con armas de fuego, ni explica la ideación suicida. Por otro lado, la accesibilidad a armas de fuego es un riesgo laboral, por lo que la Guardia Civil debería tener en cuenta este aspecto más allá de la retirada del arma en casos de riesgo. Facilitar armeros en los cuarteles podría disminuir los casos, aunque no solucionaría el problema de la conducta suicida. Según algunas teorías esto podría provocar sólo un cambio de método y no la última solución que pasa por mejorar la atención psicológica de este colectivo.

A su modo de ver, ¿qué implicaciones tiene el abordaje de un tema tan grave como es el suicidio en una institución de naturaleza militar como la Guardia Civil?

La naturaleza militar de la Guardia Civil no es per se un factor de riesgo. Es la perversión del concepto de militarización el que puede provocar la aparición de conductas suicidas, despojando a las escalas básicas de muchas de las herramientas que el resto de españoles tenemos para defender nuestros derechos laborales o resolver nuestros conflictos con nuestros superiores jerárquicos. En su caso, el código penal militar facilita la aplicación de penas muy descompensadas en ocasiones respecto a la falta aducida.

Estas dificultades laborales, sumadas a la presencia de trastornos depresivos o ansiedad, problemas de pareja o pérdidas emocionales y dificultades de afrontamiento, pueden llevar a conductas evasivas como el consumo de alcohol y drogas y llevar a algunas personas vulnerables a pensar en la muerte como única salida.

Según su experiencia, ¿qué papel juega y debe jugar la Psicología en este ámbito?

La Psicología tiene un amplio campo de desarrollo en el suicidio general, y en particular cuando se trata de cuerpos policiales. Desde el plano de investigación la Psicología puede aportar modelos explicativos de la conducta y herramientas metodológicas para evaluar los programas preventivos. Por otro lado, la Psicología facilita mecanismos para luchar contra el estigma, luchando contra los mitos para conseguir el máximo de sensibilización por parte de policías y guardias civiles o creando e implementando herramientas destinadas a incrementar la efectividad de los procedimientos selectivos y de revisión de salud mental de los efectivos policiales. Por último, en la atención de personas vulnerables, resulta esencial el acompañamiento de personas con intentos previos de suicidio y la atención a los supervivientes, (familiares, compañeros, amigos…de suicidas), que se verán afectados emocionalmente, provocando que pueda aparecer un fenómeno imitativo de la conducta.

A este respecto, ¿qué opina sobre la petición de la Asociación de Guardias Civiles de externalizar el servicio psicológico del actual Plan de Prevención de Conductas Suicidas del cuerpo, de manera que sean profesionales independientes de la estructura jerárquica del mismo quienes atiendan a los Guardias Civiles?

La Guardia Civil cuenta con un importante equipo de psicólogos con mucho bagaje que atesora importantes conocimientos sobre el tema de la conducta suicida entre sus efectivos. En cuanto a la idoneidad de ser ellos los encargados de acompañar a las personas con problemas psicológicos, comparto la opinión de la AUGC de que eso debería ser encargado a profesionales que estuvieran exentos del cumplimiento de la rígida estructura militar, y por lo tanto externos al cuerpo y de los recursos y mecanismos necesarios para asegurar su calidad.

En caso de aparición de problemas laborales en algún afectado que pudieran influir en la salud mental y en la aparición de posibles conductas suicidas, los psicólogos de la Guardia Civil se enfrentan a un importante conflicto de intereses que puede mermar su capacidad de resolver las situaciones de forma independiente a la estructura jerárquica. El hecho de que los psicólogos sean superiores jerárquicos y que su finalidad última tenga que ver con la supervisión de los recursos humanos dificulta la petición de ayuda por parte de los profesionales que pueden ver a estos profesionales más como parte del problema que como parte de la solución.

Como conclusión, ¿qué medidas de acción considera que deberían emprenderse con el fin de prevenir de forma eficaz esta problemática y erradicarla?

La conducta suicida tiene un carácter prevenible, aunque difícilmente erradicable. Para ello, deben existir canales de comunicación donde colaboremos los profesionales de salud mental, los de Atención Primaria, los medios de comunicación y los cuerpos policiales y sus sindicatos y asociaciones profesionales. En líneas generales, todo aquello que revierta en un mayor cuidado de la salud mental de los agentes y que facilite la modernización y democratización de las relaciones laborales afectará positivamente en este problema, contemplando cambios en la cultura organizacional y el clima laboral de las unidades operativas.

Los programas preventivos de la conducta suicida deben incluir aspectos de alfabetización en salud que tengan en cuenta la aclaración de mitos y el estigma alrededor de la salud mental y el suicidio y que motiven la solicitud de ayuda en personas en riesgo, las formas de actuación ante pensamientos suicidas propios o de gente cercana, las señales y factores de riesgo y toda aquella información orientada a mejorar la accesibilidad a los profesionales, servicios de salud mental y a los programas preventivos. Además de la información general, los programas deben considerar acciones formativas en gestión del estrés y las emociones.

Concretamente se debe extremar la precaución en los procesos selectivos con mecanismos para detectar personas vulnerables, realizando revisiones periódicas que permitan el control de las armas, así como otros mecanismos que favorezcan impedir que personas en riesgo accedan con facilidad a éstas.

Para finalizar, ¿desea añadir algún otro comentario?

Durante 2017, hubo 21 suicidios consumados de guardias civiles, más de 500 en los últimos 35 años. El sufrimiento relacionado con sus muertes por parte de familiares y compañeros no puede ser obviado por la sociedad, ni por uno de los cuerpos policiales más valorados dentro de nuestro país e internacionalmente.

En nuestro ámbito, el hacer Psicología requiere un compromiso con los problemas de nuestra sociedad, como este que señalamos. Nuestro papel como profesionales de la Psicología es acompañar y estar de una u otra forma con aquellos que presentan un malestar psicológico, mejorando su calidad de vida máxime por la gravedad de las consecuencias de la conducta suicida a nivel individual, familiar y social que el fallecimiento de agentes de la ley provoca. Sólo así podremos encontrar sentido a nuestro trabajo, en relación de ayuda de aquellos problemas que afectan a nuestra sociedad.

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