“Los adultos estamos colonizando la infancia de manera acelerada por la vía de lo “hiper” como patrón: infancias y adolescencias hiperactivadas, hipersexualizadas, hiperconectadas y al tiempo hipercontroladas. Si tradicionalmente se “adoctrinaba” en la infancia en nombre de los ideales, hoy tratamos, más bien, de imponerles un modo de goce que es el nuestro, el adulto. Queremos que sean emprendedores, con una identidad sexual clara y precoz, incluso con posiciones políticas, dominadores de varios idiomas, creativos y atrevidos para apostar o arriesgarse. Que sean, al mismo tiempo, perfectamente evaluables en sus resultados. Esta “producción” de niños y niñas bajo el régimen de lo “hiper”, parece dejarles sin el tiempo infantil.”

Con esta afirmación –como parte de una introducción más extensa-, José Ramón Ubieto y Marino Pérez Álvarez presentan de forma conjunta su nuevo libro titulado Niños/as Hiper, una obra a través de la cual analizan la visión actual de la infancia, enmarcada en la sociedad de las nuevas tecnologías, abordando, entre otros aspectos, la tendencia actual a la patologización y medicalización de niños y jóvenes; todo ello, desde dos perspectivas diferentes: la psicodinámica y conductual.

De izqda. a dcha.: Marino Pérez Álvarez y José Ramón Ubieto

José Ramón Ubieto es psicólogo clínico, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis. Actualmente es profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación) y profesor colaborador de la Universitat de Barcelona (Máster de Actualización en Psicopatología y Psicoanálisis). Es colaborador habitual del diario “La Vanguardia”, y ha publicado en diversas revistas nacionales e internacionales. Autor de El trabajo en red. Usos posibles en Educación, Salud mental y Servicios Sociales (Gedisa, 2009), La construcción del caso en el trabajo en red. Teoría y práctica (EdiUOC, 2012),  TDAH. Hablar con el cuerpo (EdiUOC, 2014), Bullying. Una falsa salida para los adolescentes (Ned, 2016) y Niñ@s hiper. Infancias hiperactivas, hipersexualizadas, hiperconectadas (Ned, 2018).

Marino Pérez Álvarez es catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo. Entre sus temas de investigación figuran actualmente la Psicología como ciencia del sujeto y el comportamiento y la Psicopatología en la perspectiva fenomenológica-existencial. Sus trabajos se caracterizan por el cruce de fronteras entre las ciencias naturales, las ciencias sociales y las humanidades. Es autor de más de cien artículos en revistas especializadas, así como de numerosos libros, entre los últimos, Volviendo a la normalidad: la invención del TDAH y del trastorno bipolar infantil (con Fernando García de Vinuesa y Héctor González Pardo) en Alianza (2014), Niñ@s hiper (con Ramón Ubieto) en NED (2018), La vida real en tiempos de la felicidad (con José C. Sánchez y Edgar Cabanas) en Alianza (2018) y Más Aristóteles y menos Concerta© Las cuatros causas del TDAH en NED (2018).  

Siguiendo la misma línea en la que se estructura el libro, Infocop Online ha querido entrevistar de forma conjunta a ambos autores, quienes nos hablarán en profundidad sobre el mismo, desde dos enfoques: el psicodinámico y el conductual:

ENTREVISTA

A modo de introducción, ¿cómo surge la idea de escribir este libro y cuál es su finalidad?

Marino Pérez Álvarez: La buena idea del libro se debe a Ramón, que me la propuso para desarrollarla en tándem. Nosotros ya habíamos escrito sobre el TDAH desde una perspectiva diferente (psicodinámica y conductual) aunque coincidente en lo fundamental: la patologización de la infancia a costa de etiquetar como enfermedad un modo de ser que a veces implica algún problema. El libro deriva de una conversación durante una mañana en la sede de la editorial sin apenas más guion que los temas a tocar. Referencias y datos se añadieron al revisar la transcripción. La finalidad era reflexionar no sólo sobre el TDAH, sino sobre la tendencia “hiper-“, que se cierne sobre la infancia.

José Ramón Ubieto: la mirada actual sobre las infancias y las adolescencias tiende, cada vez más, a cosificarlas a partir de supuestos parámetros estándares de rendimiento que deberían cumplir. Los hiperpautamos y, al tiempo, los abandonamos en otros ámbitos. El libro surge de esta preocupación y quiere reivindicar la infancia como un tiempo improductivo, un tiempo para jugar, curiosear y elaborar la salida, siempre particular y a su ritmo.

Ustedes afirman que los adultos estamos colonizando la infancia de manera acelerada por la vía de lo “hiper” como patrón. ¿Cómo se alcanza este proceso y qué papel juega aquí el naming? ¿Podrían poner algún ejemplo?

M.P.A.: Se da aquí una paradoja y es que, por un lado, los adultos -empezando por los padres- quieren que los niños, sus hijos, sean hiper-competentes no sólo en la escuela, sino también en las diversas actividades extraescolares que realizan (deportivas, artísticas, idiomas). Al mismo tiempo, los niños desarrollan otros aspectos “hiper” más allá de lo que quieren y pueden controlar los padres como la hiper-conectividad a las nuevas tecnologías y la hiper-sexualidad. Esto por un lado. Por otro lado, la edad adulta tarda cada vez más en llegar con la creciente prolongación de la adolescencia siendo notable la infantilización de la universidad, como si ahora los universitarios no fueran capaces de afrontar ningún problema de los que tiene la vida. En realidad, no hay paradoja, porque a la par del niño hiper-competente se promueve también el hiño hiper-vulnerable, sobreprotegido, traumatizable por cualquier cosa, acostumbrado a tener todo al instante. Aquí entra el naming, nombrando como enfermedad cambios de humor (bipolar), comportamientos molestos (TDAH) y cualquier inconveniencia.

J.R.U.: Lo “hiper” es la elevación de la satisfacción al cénit, como si gozar intensamente fuera nuestra única y más importante misión. Gozar no como equivalente a placer, sino como el hecho de mantener activado el cuerpo permanentemente con sus conexiones, sus actividades, su exposición pública. Un non stop que se asemeja al funcionamiento que Freud atribuyó a la pulsión, incluida la pulsión de muerte. El naming es la etiqueta que ponemos a los modos de ese gozar que, por un motivo (inhibición) u otro (exceso), acaban desviándose de la norma y los calificamos, entonces, como trastorno. Los niños agitados y movidos, por ejemplo, ahora son, en buena medida, TDAH.

En línea con lo anterior, ¿podrían explicarnos qué se entiende por Mcdonalización de la infancia y qué objetivos persigue?

M.P.A.: La macdonalización de la infancia es una expresión del psiquiatra infantil británico Sami Timimi para referirse al diagnóstico, por ejemplo, el TDAH, como un proceso homogeneizador en el que los niños diagnosticados quedan igualados como las hamburguesas de cualquier establecimiento del mundo. La finalidad es producir un diagnóstico -supuestamente universal- al servicio de la medicación. La medicación como producto de fábrica necesita fabricar diagnósticos en serie, como si estuviéramos hablando del mismo problema. Así, el problema se descontextualiza de las circunstancias personales y formas de vida, como si fuera algo natural que le pasa al cerebro de los niños debido a una lotería genética. Al final, nadie se responsabiliza de nada y todo contentos. Lo cierto es que al cerebro de los niños no le pasa nada y lo peor que se puede hacer con el cerebro de un niño es medicarlo.

J.R.U.: El furor por homogeneizar estilos singulares, partiendo de esa supuesta normalidad previa, hace que cualquier respuesta disruptiva, compleja por definición al ser humana, se traduzca en unos pocos signos o en un acrónimo de 3 o 4 letras. La ilusión es que podríamos reconocer, como primos hermanos, a un hiperactivo australiano o a un movido gallego. Igual que reconocemos el sabor de una Big Mac en Sydney o en Vigo.

Tal y como señalan en su libro, un tema clave dentro de la “aceleración del tiempo infantil” es la hiperactividad. ¿Cómo surge el TDAH y su correlato diagnóstico? ¿Qué implicaciones tiene el paradigma “neuro” en su abordaje?

M.P.A.: Surge a finales de la década de 1950, en el contexto del retraso de la educación estadounidense en vista del avance soviético tras el lanzamiento del primer Sputnik. Este retraso se achacó a la educación y dentro de ella a niños que no rendían adecuadamente o perturbaban la clase. En las décadas siguientes, el diagnóstico de TDAH se elevó él mismo como un Sputnik, en particular, a partir de la década de 1980, ya no sólo en EEUU sino en el resto del mundo. Recordaríamos de nuevo el poder del naming y de la macdonalización. A este lanzamiento del TDAH contribuyó notablemente el fabricante de Ritalin, el laboratorio Ciba (después Ciba-Geigy y ahora Novartis), con su apoyo financiero y científico-doctrinal a la creación y mantenimiento de la famosa asociación de padres niños diagnosticados TDAH y de adultos conocida como CHADD (por sus siglas en inglés).

Con todo, nada quita considerar que existen niños más inquietos y con más vitalidad que otros formando parte de las diferencias individuales. Estos niños en interacción con las formas de vida actuales que fomentan la hiperactividad y la impulsividad (todo ahora, al instante, sin espera), tienen alta probabilidad de recibir el diagnóstico TDAH, sin tener en realidad ninguna enfermedad.

Por su parte, el prefijo neuro- es una especie de engañabobos que hace pasar correlaciones y correlatos de actividad cerebral que siempre ocurre asociada a lo que hacemos (de lo contrario estarías muerto) como si fueran sus causas y la explicación de ello.

J.R.U.: El TDAH es un “falso nombre” actual que designa, sin embargo, algo muy real: el malestar creciente de niños, adolescentes y adultos (madres, padres y docentes). Es un nombre porque alude a una agitación del cuerpo o a una desatención que existen, sin duda, en muchos alumnos/as. Pero es falso porque cada niño/a se agita o desatiende por razones diferentes y siempre más complejas que lo que una etiqueta puede incluir. Lo “neuro” es la pretensión de legitimar ese reduccionismo confundiendo una parte del organismo (cerebro) con el conjunto del ser humano. No deja de ser una evocación pretendidamente nueva de viejas teorías de la medicina sobre las localizaciones cerebrales.

En relación con lo anterior, ¿qué rol desempeña, a su juicio, el contexto educativo en el diagnóstico del TDAH?

M.P.A.: El contexto educativo es hoy el gran bróker del TDAH. Esto se debe a que la mayoría del personal escolar está convencido de la entidad clínica, entre otras razones, porque forma parte de su formación como graduados y opositores. Hay que decir también que hay personal escolar escéptico e indignado con la tendencia proclive al diagnóstico, a menudo marginados si es que no acallados. El problema del “TDAH” nunca debiera salir del ámbito escolar y familiar. Como expongo en un libro posterior de la misma editorial de Niñ@s hiper (que citaré después), hay numerosas ayudas aplicables sin necesidad de diagnóstico, en función del problema mismo. Por cierto, es mejor el término ayuda que tratamiento.

J.R.U.: La hiperactividad o la desatención se pueden leer como una respuesta del educando que pone el cuerpo de manera agitada o inatenta. Apunta pues al vínculo mismo con el educador, a lo que en psicoanálisis llamamos “la transferencia por la palabra”. Eso cuestiona el deseo del que enseña y también el consentimiento del que aprende. Si no hay deseo de enseñar, no se puede transmitir nada que interese al otro. Luego están las condiciones en que hoy se ejerce la docencia y la obsolencia de algunos métodos, más propios del siglo XIX, momento en que se configura la idea de clase tradicional. Por eso apostamos claramente, para el abordaje de las dificultades derivadas de la hiperactividad, por “primero, la educación” como criterio de actuación. Luego ya vendrán, si son necesarias, las intervenciones psicológicas o incluso farmacológicas.

Dentro de este contexto, ustedes dedican también un apartado al trastorno bipolar infantil. ¿Podrían decirnos cómo se crea esta categoría diagnóstica?

M.P.A.: El trastorno bipolar infantil, analizado en un libro anterior (Volviendo a la normalidad), es una extensión del trastorno bipolar adulto a la infancia, un ejemplo más de patologización de la normalidad. Los altibajos del humor, la alternancia de berrinches y sosiego, los cambios entre la curiosidad y el aburrimiento, se prestan a ser diagnosticados como bipolares. Esta extensión de un trastorno propio de la vida adulta a la infancia, recorre el camino inverso del TDAH como trastorno típico de la infancia ahora extendido a la edad adulta. El TDAH adulto está ahora desbancado al trastorno bipolar. Está por ver si el trastorno bipolar infantil desbancará al TDAH de la infancia. Por lo pronto, algunos bipolares infantiles resultan de la medicación del TDAH con estimulantes, demasiado estimulados, al parecer.

J.R.U.: Las manifestaciones depresivas existen en la infancia, aunque se manifiestan de manera diferente que en los adultos. Suelen aparecer más en forma de inhibiciones (saber), miedos (fobias), inapetencia. A veces son signos de tristeza, normales en los procesos evolutivos (duelos por pérdidas o por el mismo crecimiento) que no requieren tratamiento, y otras –menos-, implican dificultades graves que sí exigen intervención psicológica y clínica. EL TBI es otro modo de la pasión por el naming, en este caso, trasladando criterios adultos a la infancia, con escaso rigor clínico y científico.

En su opinión de expertos, ¿qué importancia tiene recuperar el aburrimiento y el juego como un espacio necesario en la vida?

M.P.A.: Básicamente, el problema del dichoso “TDAH” está en no saber esperar y aburrirse si es el caso, algo que propicia la propia sociedad, la misma que luego no tolera si el niño se mueve con frecuencia, no espera su turno, etc., achacándole una enfermedad. Si un niño nunca tiene que esperar porque todo se le da al instante, ¿cómo va a aprender? Si además todos andan apresurados, impulsivos, multitarea, eso es lo que aprende. A esperar, como a atender a lo que toca en cada momento, así como a aburrirse y des-aburrirse uno mismo, se aprende dadas las oportunidades y los modelos correspondientes. No quiere decir que eso siempre ocurra de forma ordinaria. Puede que los padres necesiten asesoramiento e incluso entrenamiento, pero la buena noticia está en que es cosa de aprendizaje y contextos educativos, no de averías neuroquímicas ni disfunciones ejecutivas.

J.R.U.: El juego infantil no es un simple ocio, un hacer algo para matar el tiempo. Es una actividad fundamental para su psiquismo. Es la manera infantil de preguntar, de investigar, de fantasear y captar la realidad, incluida la más dramática (muerte, pérdidas, rupturas). También es un modo de engañar al adulto para separarse un poco de él y tomar conciencia propia (como cuando juegan a esconderse o nos dicen pequeñas mentiras o se hacen los dormidos) y de cuestionar la realidad imaginando otras escenas (irreales pero no falsas). El aburrimiento es siempre el deseo de otra cosa y es ese deseo que nos empuja a pensar, inventar y crear. Sin una cuota de aburrimiento no hay invención ni pensamiento.

Para finalizar, ¿desean añadir algún otro comentario?

M.P.A.: Siquiera por justificarme ante afirmaciones anteriores sin la debida documentación, me permito hacer referencia a un libro de próxima aparición en la misma editorial NED titulado Más Aristóteles y menos Concerta© Las cuatro causa del TDAH.

J.R.U.: Un debate que planteamos en nuestro libro, y que a veces es motivo de alarma social, es la función que hoy cumple lo digital en las infancias contemporáneas. Hoy ya no es pensable la infancia ni la adolescencia fuera de esta cultura digital. Solo hay que fijarse en el vídeo de ese bebe que con un año maneja una revista como si fuera un Ipad y se sorprende que la imagen no se desplace ni desaparezca con su touch (véase: https://www.youtube.com/watch?v=rytmaKmRgEE). En Gran Bretaña, el 50% de los menores de 2 años ya tienen tablet propia y en nuestro país, el 95% de los adolescentes disponen de un smarphone. Son sus instrumentos, con ellos aprenden, se divierten, se conectan, sufren abusos o los practican. Nada diferente de lo que sucede en la otra realidad, la presencial si bien está trae algunas novedades que habrá que ir observando e interviniendo cuando corresponda. Toda nueva tecnología suscita miedos en los “antiguos” porque altera su modo tradicional de satisfacción. Platón ya se quejaba en su obra Fedro del trastorno que traía la escritura porque ¡aboliría la memoria! Y lo mismo sucedió con la imprenta o la televisión. Keep calm!

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