“En la actualidad se producen más hechos violentos, de mayor dureza y en más lugares. Además, los agresores parecen recrearse y disfrutar más con la ejecución de los hechos violentos”.

Esta es una de las graves conclusiones recogidas en el III Estudio sobre el acoso escolar y ciberbullying según los afectados, elaborado de forma conjunta por la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR.

El propósito de este nuevo informe es comparar los resultados en los últimos años del primer informe (que se corresponden con datos entre los años 2013 y 2015), del segundo (año 2016) y del tercero de 2017, tomando en consideración el contexto social de cambio de actitudes, con el fin de conocer la evolución del acoso escolar y el ciberbullying durante el año 2017, comparando la situación actual con la de años precedentes.

A continuación, recogemos los principales resultados del informe:

  • El perfil de las víctimas y sus rasgos predominantes no han variado en los últimos años, tanto en los casos de acoso escolar como en ciberbullying. En el primer caso, aunque prevalecen los varones, existe más igualdad de género (53,2% hombres y 46,8% mujeres). Además, tienen una edad inferior: 10,9 años de media. Un 67,2% tienen menos de 13 años. En el ciberacoso un número muy superior de mujeres (65,6% frente al 34,4% de hombres), con más edad (13,5 años de media), un 70,5% son mayores de 12 años.

  • Los resultados sugieren que el acoso escolar de baja intensidad se ha ido restringiendo o erradicando, pero que permanece aquel que refleja hechos más graves y agresores más perseverantes y con actitudes más crueles e insensibles. Es decir, "parece que se está eliminando la “capa” más superficial del acoso escolar, pero ahora queda por afrontar su núcleo más duro, esencial y persistente".

  • Nivel de gravedad del bullying: los casos de gravedad “alta” (aquellos en los que el acoso afecta y modifica objetivamente su vida normal y le impide una relación adecuada con su entorno, así como si causa un daño serio en los planos emocional y físico en su desarrollo), se mantienen en niveles muy altos, a la vez que aumentan los de gravedad “media”. La suma de ambos supone un 97% del total de casos.

  • Duración y frecuencia del bullying: sigue siendo muy elevada, su duración es mayor de un año y su frecuencia diaria. Esta vivencia diaria y prolongada en el tiempo provoca que el trauma de la victimas sea mucho mayor, conllevando graves consecuencias para su desarrollo a largo plazo.

  • Los datos actuales muestran que las víctimas sufren un número mayor de hechos violentos (de 1,9 hasta 2,6 en acoso escolar, y de 2,1 hasta 2,4 en ciberbullying), y hechos violentos más duros, es decir, se ha incrementado tanto en términos cuantitativos como cualitativos.

    En relación con el acoso escolar, los hechos violentos que han aumentado son los insultos y las ofensas de palabra (de un 71,1% en 2016 hasta el 78,0% en 2017), físicos leves (empujones y zarandeos) (47,8% en 2017, frente al 22,6% del año anterior), y aislamiento (de un 18,2% en 2015 a un 40,9% actualmente). Los hechos físicos “fuertes” (golpes, patadas y puñetazos) se mantienen, con un 51,6% de incidencia. Con respecto al ciberbullying, se aprecia especialmente un aumento en los hechos físicos, tanto “fuertes” como “débiles”, en aislamiento y en difusión de rumores (principalmente por teléfono móvil y por medio de WhatsApp): entre 9 y 14 puntos de aumento en todos ellos. Según los datos recogidos, las llamadas transmiten más violencia y esta violencia es más severa.

  • Lugar donde se produce el acoso: en 2015, la cifra media de lugares donde se producía el acoso escolar era de 1,4, mientras que en 2017 llega hasta 2,2. En ciberbullying, también ha pasado de 1,4 ha 2,5. En ambos tipos de acoso, los lugares en los que más se ha incrementado el bullying han sido las aulas, durante los recreos y en los cambios de clase.

  • Evolución de la violencia y su frecuencia: a medida que la situación de acoso y/o ciberacoso escolar se mantiene en el tiempo, va aumentando su violencia. Igual sucede con la frecuencia, siendo especialmente intensa en el caso del ciberbullying.

  • En cuanto a los/as agresores/as, en acoso escolar disminuye la proporción de “solo mujeres” y aumenta la de grupos mixtos, mientras que en ciberbullying, disminuyen los grupos de mujeres solas, pero, en este caso, se eleva la proporción de agresores varones. A juicio de los autores del informe, este cambio guarda relación con el aumento de hechos violentos físicos, “que son más propios de varones, mientras que las mujeres suelen ejecutar más insultos o aislamiento de las víctimas”.

  • Los dos motivos principales aducidos por los agresores para realizar los hechos agresivos, son por las características de las víctimas (rasgos físicos o simplemente por ser diferente), por la conducta de los/las acosadores/as y su deseo de diversión cosificando a las víctimas.

Concretamente, en ciberbullying, se observa como la violencia se manifiesta de un modo más evolucionado o acorde con la mayor madurez de los agresores, propiciada por su edad superior. Los motivos que más suelen señalar son las aficiones o hobbies o las diferencias de etnia, cultura o religión (el informe pone de relieve aquí que se ha registrado un ligero incremento de víctimas de procedencia extranjera), y como forma de resolver los conflictos entre iguales o de relacionarse entre ellos: discusiones entre amigos, problemas sentimentales, hacer bromas, venganzas o envidias.

  • Entorno familiar y social de las víctimas: Las víctimas de acoso escolar viven en familias algo más reducidas en número (un 81,7% tiene uno o dos hermanos/as), mientras que las de ciberbullying suelen convivir en familias algo superiores en cuanto a número de miembros (en un 67,6% tienen dos o tres hermanos/as). Mientras que en el bullying están algo más aisladas (una de cada seis víctimas no tiene amigos fuera del colegio), en el ciberbullying cuentan con una mayor red de amistades fuera del colegio y de apoyos en los centros educativos. De hecho, en el primer caso, reciben menos apoyo que en ciberbullying: sólo un 23,7% de las víctimas tuvo amigos o compañeros que reaccionaron ante las agresiones que recibía.

    Las situaciones de acoso son más violentas, más duras y se producen en más lugares. Por ende, los agresores parecen recrearse y disfrutar más con la ejecución de los hechos violentos, una circunstancia que, a razón del informe, “podrían ser la causa de un menor apoyo hacia las víctimas por parte de amigos y compañeros en el entorno escolar que, en general, se ha reducido a la mitad”. Según se desprende de los datos, los compañeros podrían sentir en la actualidad una mayor aprensión o miedo para enfrentarse a los agresores, por los peligros y consecuencias que pudiera entrañar.

  • El rol del profesorado: los responsables educativos continúan teniendo un elevado conocimiento de los casos de acoso y ciberacoso escolar. No obstante, pese a ser conscientes de estas situaciones, los profesores no reaccionaron ante la violencia en el 48% de los casos de acoso y en un 34% de los casos de ciberbullying.

Por contra, entre los profesores que sí reaccionan, se observan actitudes más diligentes y activas para solucionar el bullying: ahora los profesores hablan mucho más que en años anteriores con los agresores, las víctimas y las familias de ambos. A su vez, aplican medidas punitivas en la misma medida que en el pasado.

A este respecto, ha mejorado la consideración de las actitudes de los profesores por parte de víctimas y adultos, incrementándose las valoraciones positivas de 25,8% en 2015 hasta el 59,2% actual en los casos de bullying, y del 40,7% hasta el 70,3% en ciberbullying.

  • Personas que conocen la situación de acoso: los datos extraídos de las llamadas realizadas por adultos muestran que persiste un alto índice de otras personas que conocían la situación de escolar, siendo el más mencionado el director o jefe de estudios del colegio (73,2%), seguido de los progenitores del niño o niña (39,8%) y los psicólogos y/o psiquiatras (35,8%). En los casos de ciberbullying, el psicólogo y el psiquiatra son las figuras más mencionadas después del director o jefe de estudios.

  • Consecuencias del acoso: alrededor de un 13% de las víctimas cambió de centro escolar debido al bullying y entre el 17% y el 20% recibe tratamiento psicológico.

Se mantiene una cierta inhibición o retraimiento a la hora de contar a los padres/madres los problemas que sufren. Entre los menores de edad, un 34,2% no cuenta su caso a sus progenitores.

Entre el 89% y el 94% de las víctimas tiene problemas psicológicos concretos causados por el bullying y el ciberbullying, mientras que otro tipo de problemas tienen una incidencia muy inferior. Entre las consecuencias destacan: síntomas depresivos, ansiedad y miedo (58,6%).

Con respecto a consecuencias graves, el número de autolesiones es del 2,4%, las ideas suicidas el 4,6% y los Intentos de suicidio el 1,2%. Se observa una tendencia descendente en el total de las tres consecuencias que, por el momento, no es significativa.

Los resultados indican también que un 56% de los entornos familiares de las víctimas tienen algún miembro que sufre problemas psicológicos debidos al acoso escolar. Se destaca la preeminencia de los problemas psicológicos en conjunto (55,9%), a la vez que el resto de agrupaciones de problemas alcanza una incidencia inferior al 5%, destacando especialmente los problemas jurídicos (custodia, separaciones, etc) (4,8%).

Dentro de los problemas específicos persiste la importancia de la ansiedad (50,0%), del miedo (31,7%) y de los síntomas depresivos, en este último caso como única alteración apreciable, ya que aumenta desde el 13,2% de 2015 hasta el 29,0% de 2017.

El informe finaliza con una serie de recomendaciones por parte de la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR para prevenir el acoso escolar, señalando la necesidad de detectar estas situaciones desde sus primeras etapas, "ya que, en sus inicios, pasa muchas veces inadvertido y por esta razón se perpetúa y multiplica su intensidad y frecuencia", y poniendo de relieve la prevención como elemento clave, centrándose especialmente en edades más tempranas que están en vías de su desarrollo emocional.

Se puede acceder al informe desde la página Web de la Fundación ANAR, o bien directamente a través del siguiente enlace:

III Estudio sobre el acoso escolar y ciberbullying según los afectados

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