SEXUALIDAD EN PERSONAS CON DISCAPACIDAD: EL ROL DE LOS PSICÓLOGOS

11 May 2006

Félix López Sánchez es Catedrático de Psicología de la Sexualidad por la Universidad de Salamanca. Lleva 30 años dedicado al mundo de la docencia, de la investigación e intervención en el campo de los afectos y la sexualidad, contando en su haber con un buen numero de publicaciones referidas al campo de la sexualidad en general, salud sexual, educación afectivo sexual, sexualidad y minusvalía psíquica, abusos sexuales de menores, etc.

Félix López Sánchez

Universidad de Salamanca

Las propuestas prácticas que hacemos para abordar el tema de la sexualidad en las personas con discapacidda han sido presentadas con detalle en otras publicaciones (López, 2002). Parten del supuesto de que las personas con discapacidad tienen las mismas necesidades interpersonales que el resto de la población, pero pueden encontrar limitaciones personales (en sus propias limitaciones) o sociales (en prejuicios y forma de organización social) para resolverlas.

Entre estas necesidades está la de intimidad afectiva y sexual con otras personas. Precisamente ésta es la necesidad peor cubierta por este colectivo. De hecho, aunque se ha avanzado en otros aspectos, es frecuente que los temas referidos a la sexualidad sean ignorados e incluso rechazados.

La intervención que proponemos es un proceso largo en el que intervienen los padres, la dirección del centro escolar o institución a la que van, los profesionales que trabajan en estos centros y, por supuesto, las propias personas con discapacidad. No somos partidarios de hacer intervenciones breves o parciales, aunque pueden ayudar a sensibilizar a la población.

Nuestro modelo de intervención se aleja del Modelo Moral (orientado a reprimir y controlar la sexualidad de estas personas, reduciendo la legitimidad de la actividad sexual únicamente en el matrimonio heterosexual y con fines procreadores), el Modelo Médico o de Riesgos (que interviene exclusivamente para prevenir o tratar riesgos como el embarazo, por ejemplo) y el Modelo Revolucionario (empeñado en que todas las personas tienen que tener actividad sexual explícita de una forma u otra). Frente a estos modelos proponemos un Modelo Biográfico y Profesional, que parte de determinados hechos científicos y define de una nueva forma el rol de las personas (en este caso de las personas con discapacidad y sus tutores) y de los profesionales.

 

Desde el punto de vista científico, es fundamental tener en cuenta que la dimensión sexual humana es fundamental, pero admite formas muy diversas de vivirla de manera saludable. No hay una única historia sexual que debamos imponer a las personas (la abstinencia o la actividad sexual coital, por ejemplo), sino que hay numerosas biografías sexuales que pueden ser saludables (con o sin masturbación, con o sin actividad coital, heterosexual u homosexual, casados o solteros, etc.).

En este caso, cada persona con discapacidad debe organizar su biografía sexual, según sus posibilidades, con resultados muy diversos. El rol de los padres es también fundamental, aunque depende del grado de autonomía o dependencia que sus hijos tengan para construir su biografía sexual: desde el extremo de una dependencia casi total al de un grado de autonomía próximo a lo que socialmente se considera normal. La mayoría de las personas con discapacidad están en grados intermedios, en los que pueden manifestar ciertos deseos, llevar a cabo ciertas conductas, establecer ciertas relaciones… pero requieren ayuda de los padres para lograrlo. Los padres pueden o deben participar en todas aquellas decisiones que los hijos no pueden tomar con suficiente conocimiento o responsabilidad. Hay que tener en cuenta que sobre algunas decisiones hay además obligaciones y procesos legalmente regularizados.

 

Padres o tutores tienen, por tanto, una función esencial en el caso de las personas con discapacidad: facilitar, compensar limitaciones, ofrecer ayudas específicas, protegerles para que no sufran riesgos, participar en determinadas decisiones, etc. Por ejemplo, uno de los errores más frecuentes de los padres es limitar la posibilidad de cierta autonomía de los hijos o hijas en este campo, por una sobreprotección mal entendida.  

De hecho, una de las consecuencias de esta sobreprotección es que muchas personas con discapacidad tienen la vida reducida al contexto familiar y al del centro o institución al que asisten, a pesar de tener capacidades que les permitirían asistir a ciertos lugares y asociaciones (club de ocio, se llama en muchos lugares) o tener relaciones con iguales fuera de esos dos ámbitos. 

Otro error frecuente de los padres es reprimir y perseguir la sexualidad de sus hijos e hijas, bajo el supuesto (propio del Modelo Moral) de que, en ningún caso, pueden acceder a conductas sexuales. Lo hacen por miedo o porque son creyentes, haciendo una extensión hacia los hijos, que les anula toda posibilidad de vivir la sexualidad.

Los profesionales deben ser mediadores que no hacen uso de sus creencias personales, sus opiniones o propia biografía sexual para orientar o regular la sexualidad de las personas con discapacidad. Por el contrario, se ponen a su servicio y al de los padres, actuando como mediadores que ofrecen no opiniones, sino conocimientos y ayudas profesionales.

En definitiva, en el Modelo Biográfico Profesional es a las personas con discapacidad y a sus tutores a los que les corresponde tomar las decisiones, con los conocimientos y ayudas que el profesional les ofrece. Los profesionales no le organizan a nadie su vida sexual, sino que ayudan a que la vida sexual que quieren llevar sea posible, saludable y satisfactoria. Las decisiones corresponden a los actores de su vida (personas con discapacidad) y a sus padres o tutores (justo en la medida que tengan limitaciones en uno u otro sentido). Ver Esquema siguiente:

El rol de la Psicología ha sido fundamental para llegar a estos planteamientos. Ha sido en el campo de la Psicología en el que, desde principios del siglo XX, se ha ido defendiendo, cada vez más, un nuevo concepto de sexualidad, incluyendo el derecho de todas las personas a vivirla.

Otras ciencias y profesionales han contribuido también, pero el Modelo Biográfico Profesional está claramente inspirado en la Psicología y los trabajos sobre el bienestar.

Son, sobre todo, los psicólogos, aunque no sólo, los que están mejor preparados para trabajar en el sentido propuesto con los padres, los educadores y las propias personas con discapacidad. Son los profesionales que mejor pueden defender el derecho a la diversidad, ofreciendo conocimientos e instrumentos de evaluación que permitan diseñar intervenciones personalizadas educativo-terapéuticas en las personas con discapacidad. En el caso de las personas con discapacidad física y sensorial, esta evaluación e intervención debe hacerse en equipo, en colaboración con neurólogos y fisioterapeutas, por ejemplo.

En definitiva, se trata de hacer realidad los siguientes principios:

Principio básico:

Las personas con discapacidad tienen derecho a conseguir el máximo nivel de integración y normalización posible, también en el campo de sus necesidades afectivas y sexuales.

Principios subsidiarios (referidos a un supuesto centro de atención para este colectivo y la intervención llevada a cabo):

-El centro es mixto -en el que admiten hombres y mujeres-. En él se fomenta la convivencia y la coeducación en los valores de igualdad, respeto, tolerancia a la diversidad y ayuda mutua.

-En este centro se cuidará la creación de un clima de bienestar, seguridad y protección, en todos los aspectos de la vida y las relaciones. Por ello, se hará lo posible por prevenir, detectar y afrontar cualquier tipo de abuso; también los referidos a la vida afectiva y sexual.

-Todos los residentes y los que acuden cada día recibirán una educación afectiva y sexual, acorde con sus capacidades, orientada a ayudarles a vivir esta dimensión, conforme a sus posibilidades de integración y normalización en este campo.

-Los residentes, y a veces también los no residentes en sus propias casas, no tienen espacios de intimidad y privacidad (salvo los servicios), por lo que se considera un camino hacia la normalización e integración que, en la medida de lo posible, se estudie, en el futuro, la posibilidad de que aquellas personas discapacitadas que lo deseen y puedan usar de forma adecuada este tipo de espacios, dispongan de ellos (por ejemplo, habitación propia, habitaciones de dos con mampara, etc.).

-La intervención y educación en el campo del afecto y la sexualidad contará siempre con el apoyo y la colaboración de los padres, de forma que ningún consejo o intervención significativa (medidas de control de riesgos, formación de parejas, etc.) se hará sin el acuerdo de éstos. En este sentido, los profesionales (cuidadores, educadores, etc.) se saben mediadores entre cada persona con discapacidad y su familia, por un lado, y la mayor integración y normalización afectiva y sexual que pueda alcanzar cada persona discapacitada, por el otro. Para cumplir esta función, los profesionales respetarán la diversidad de características, biografía y decisión de la persona interesada y sus tutores.

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