Si bien no existe un tratamiento curativo, el manejo proactivo de los factores de riesgo modificables puede retrasar o retrasar la aparición o progresión de la enfermedad. Por ello, dado el creciente número de personas con demencia, su significativo impacto social y económico, y esta falta de tratamiento, se hace imperativo que los países se centren en reducir estos factores de riesgo para la demencia.
Precisamente, esta es una de las varias áreas de acción incluidas en el Plan de Acción Mundial de la OMS para la Respuesta de Salud Pública a la Demencia 2017-2025. Otras áreas incluyen: fortalecimiento de los sistemas de información para la demencia, diagnóstico, tratamiento y atención, apoyo a los cuidadores de personas con demencia, e investigación e innovación.
Para la Organización Mundial, estas nuevas Directrices proporcionan una base de conocimientos a los proveedores de atención sanitaria, los Gobiernos, los responsables políticos y otras partes interesadas en reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia y fortalecer su respuesta al desafío que ello supone, mediante una estrategia de salud pública. Como muchos de los factores de riesgo de demencia se vinculan también con enfermedades no transmisibles, se pueden integrar eficazmente recomendaciones clave en programas encaminados a promover el abandono del consumo de tabaco, reducir los riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares y mejorar la nutrición.
La OMS insta a hacer el mejor uso de estas recomendaciones con el fin de mejorar la vida de las personas con demencia, sus cuidadores y sus familias.
La guía se encuentra disponible en distintos idiomas en la página Web de la OMS, o bien directamente a través del siguiente enlace:
Risk reduction of cognitive decline and dementia |