Las estimaciones actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la prevalencia de trastornos mentales en situaciones de emergencia y conflictos, tienen más de una década y no reflejan el verdadero impacto de estas situaciones en la salud mental de las personas que las viven, siendo mayor de lo que sugieren.

Así lo afirma un estudio publicado en la revista The Lancet, bajo el título New WHO prevalence estimates of mental disorders in conflict settings: a systematic review and meta-analysis (Nuevas estimaciones de prevalencia de la OMS de trastornos mentales en zonas de conflicto: una revisión sistemática y un metanálisis).

En la actualidad, existen grandes crisis humanitarias inducidas por conflictos en numerosos países, entre ellos Afganistán, Irak, Nigeria, Somalia, Sudán del Sur, Siria y Yemen. La ONU estima que más de 68,6 millones de personas en todo el mundo han sido forzadas a desplazarse a causa de la violencia y los conflictos, “el mayor número de personas perjudicadas desde la Segunda Guerra Mundial”. Este incremento en la cifra de personas afectadas por el conflicto coincide con un creciente interés por la salud mental, especialmente, la de esta población.

Tal y como señalan los autores de este nuevo estudio, ya en 2005, la OMS estimó la prevalencia de los trastornos mentales en personas que viven en zonas de emergencia humanitaria, haciendo hincapié en que las estimaciones variaban en función de la población afectada y el método de evaluación.

A este respecto, indican que los estudios epidemiológicos realizados con poblaciones en situaciones de conflicto presentan, generalmente, resultados variables (lo que dificulta su interpretación), y su heterogeneidad estadística es extremadamente alta. Por este motivo, se ha emprendido este estudio, consistente en una revisión sistemática y un metaanálisis, con el fin de actualizar las estimaciones de 2005, relativas a la prevalencia de trastornos mentales en zonas de bajos y medios ingresos afectadas por los conflictos, centrándose en la aparición de depresión, de trastorno de ansiedad, de trastorno de estrés postraumático, de trastorno bipolar y de esquizofrenia, en zonas que habían experimentado conflictos durante los últimos 10 años.

De acuerdo con los datos del estudio, se estima que, aproximadamente, una de cada cinco personas en situaciones de postconflicto tiene depresión, trastorno de ansiedad, trastorno de estrés postraumático, trastorno bipolar o esquizofrenia. Este hallazgo contrasta con los datos del estudio de 2016, sobre la Carga Global de Enfermedad (Global Burden of Disease Study), cuyas cifras apuntaban a una prevalencia global media en torno a uno de cada 14.

Asimismo, se observa una prevalencia más alta de trastornos mentales graves que en las estimaciones previas de la OMS y una mayor prevalencia de trastornos mentales leves a moderados. En palabras de los autores, si bien la importancia clínica de los trastornos mentales leves en emergencias puede ser cuestionada, “las necesidades clínicas de las personas con trastornos mentales graves se descuidan con demasiada frecuencia”.

Con respecto a la carga de enfermedad estimada en términos de años vividos con discapacidad (YLD por sus siglas en inglés) por cada 1.000 personas, los datos muestran que las estimaciones para la depresión y el trastorno de estrés postraumático son cinco veces más elevadas que las estimaciones de la carga media de enfermedad en todo el mundo.

El estudio afirma que, a pesar de que los sistemas de clasificación actuales (DSM y CIE) permiten determinar las estimaciones de prevalencia y, por lo tanto, guiar las decisiones sobre el desarrollo de servicios, “estos modelos de trastornos mentales asumen la universalidad y pueden no ser la manera más útil de describir la experiencia y expresión de la angustia psicológica en muchos de los contextos incluidos en el estudio”.

La elevada prevalencia de trastornos mentales, evidenciada por los resultados, pone de relieve la importancia de brindar atención a la salud mental en los países afectados por conflictos, así como la necesidad de priorizarla, especialmente, teniendo en cuenta los vínculos bien establecidos entre salud mental, funcionamiento y desarrollo de un país. Según concluye el estudio, esto requiere un enfoque centrado en la inversión en liderazgo y gobernanza para la salud mental, y en el desarrollo de servicios integrados de salud mental y atención social en entornos basados ​​en la comunidad. También se necesitan estrategias para la promoción y prevención en salud mental, y la construcción y el fortalecimiento de los sistemas de información, evidencia e investigación para la salud mental en países afectados por conflictos.

Los autores manifiestan resaltando la existencia de un amplio consenso en que la salud mental y el apoyo psicológico y social para las poblaciones afectadas, deben ir más allá de los tratamientos psicológicos y médicos para los trastornos mentales, y que dicho apoyo ha de incluir una intervención psicológica y social que fortalezca la autoayuda y el respaldo comunitario, así como la promoción de la seguridad y la protección, y el fomento de una ayuda humanitaria adecuada, incluidos los servicios básicos de salud y el apoyo a los medios de subsistencia.

Fuente: Charlson, F., van Ommeren, M., Flaxman, A., Cornett, J.,  Whiteford, H., y Saxena, S. (2019). New WHO prevalence estimates of mental disorders in conflict settings: a systematic review and meta-analysis. The Lancet (disponible online).

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