Elvira Carpintero Molina

Dpto. de Psicología. Universidad Camilo José Cela

Jesús Beltrán Llera

Universidad Complutense de Madrid

Para que el éxito escolar tenga lugar es preciso que el alumno adquiera una serie de conocimientos y procedimientos fundamentales. Sin embargo, este proceso quedaría incompleto si el estudiante no fuera capaz de aplicar dichos conocimientos a nuevas y diversas situaciones, alejadas del contexto inicial de aprendizaje. Es decir, el estudiante deberá desarrollar y poner en práctica el transfer de conocimientos, de modo que pueda optimizar sus aprendizajes.

Disponer de la capacidad cognitiva adecuada y reconocer las posibles similitudes entre situaciones para poder utilizar o aplicar los conocimientos precisos, no siempre garantiza la aplicación de dichos conocimientos. Para que el transfer se produzca, es necesario que exista determinada disposición hacia el mismo y que el alumno se encuentre motivado y reforzado en la búsqueda de nuevas situaciones en las que aplicar los contenidos aprendidos. La motivación y el espíritu de transfer (Haskell, 1998) son primordiales para que éste ocurra.

 

Con el objetivo de analizar y estudiar qué actitudes muestran los estudiantes hacia el proceso del transfer, se aplicó el Cuestionario de Actitudes hacia el Transfer (CAT) en los cuatro cursos de Secundaria Obligatoria. Dicho cuestionario se encuentra formado por tres dimensiones: a) percepción del transfer en el proceso de enseñanza, disposición hacia el aprendizaje y disposición hacia el transfer (Carpintero y Beltrán, 2005).

No se esperaban encontrar diferencias significativas entre los cursos de la ESO en los que fue aplicado el cuestionario, dado que se trataba de estudiar la actitud que los estudiantes presentaban hacia un proceso, y se consideraba que dicha actitud sería manifestada en grados semejantes en todos los cursos. Sin embargo, los resultados no confirmaron este planteamiento inicial.

Se hallaron diferencias estadísticamente significativas en las tres dimensiones del cuestionario entre los diversos cursos de estudiantes, y en todos los casos las puntuaciones inferiores correspondieron a los cursos superiores (3º y 4º), frente a los cursos iniciales (1º y 2º) que presentaron puntuaciones más elevadas.

Así, en la dimensión Percepción del transfer en el proceso de enseñanza, y aunque en todos los casos las puntuaciones medias fueran poco elevadas, los alumnos de 1º y 2º mostraron una mayor detección de señales que estimulan el transfer en el aula que los alumnos de 3º y 4º curso.

 

Igualmente, en la dimensión Disposición hacia el aprendizaje, que manifiesta la motivación y actitud que los alumnos tienen hacia su propio aprendizaje, los alumnos de cursos superiores manifestaron una disposición menor que los alumnos de cursos inferiores. Por último, y respecto a la dimensión Disposición hacia el transfer, cuyo objetivo era estudiar el interés que los alumnos muestran hacia la aplicación de los conocimientos aprendidos a situaciones alejadas de la inicial, los alumnos de cursos superiores mostraron una disposición claramente inferior a la de los alumnos de cursos anteriores.

Estos resultados podrían indicar que los niveles de actitud positiva hacia el aprendizaje y hacia el transfer, así como la percepción que los alumnos tienen del transfer en su aula, disminuyen según aumenta el nivel educativo de los alumnos. En este sentido, es posible que el curriculum de Secundaria, estructurado en áreas y asignaturas fragmentadas, no favorezca la percepción de interdisciplinariedad e interrelación del conocimiento.

Las reflexiones que surgen en torno a los resultados hallados, se centran en la importancia de enseñar a los alumnos a aplicar los conocimientos que adquieren en contextos más alejados del inicial, así como a estimular la búsqueda de nuevas situaciones de aplicación, de modo que pueda disminuir esta percepción de aislamiento. Para ello, es preciso que los estudiantes conozcan la existencia del proceso, sus características y sus posibilidades de aplicación, de modo que puedan aprender las pautas que lo rigen y comprender la importancia del mismo.

En este sentido, Alexander y Murphy (1999), consideran prioritario seleccionar los contenidos fundamentales de forma conexa y profunda, evitando situaciones de exceso de contenidos aprendidos de forma superficial; asimismo, destacan la figura del docente como modelo de transfer en el aula, guiando el proceso y proponiendo actividades que permitan su identificación y posterior consecución.

La investigación original sobre la que se basa este artículo puede encontrarse en la revista EduPsykhé: Carpintero, E. y Beltrán, J. (2006). Análisis de las propiedades psicométricas del Cuestionario de Actitudes hacia el Transfer (CAT). EduPsykhé, 1, 75-89.

Referencias Biblográficas:

Alexander, P.A. y Murphy, P.K. (1999). Nurturing the seeds of transfer: a domain-specific perspective. International Journal of Educational Research, 31, 561-576.

Carpintero, E. y Beltrán, J. (2005). Análisis de las propiedades psicométricas del Cuestionario de Actitudes hacia el Transfer (CAT). EduPsykhé, 1, 75-89.

Haskell, R.E. (1998). Reengineering corporate training. Intellectual capital and transfer of learning. Westport, Connecticut: Quorum Books.

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