Se termina el periodo estival y retomo con energías renovadas las tareas que se han quedado en suspenso hasta el regreso de estos pocos días de descanso.

Nos despedimos en julio del año escolar con la grandísima satisfacción de haber celebrado, exitosamente, nuestro IV Congreso Nacional de Psicología (CNP 2019). No pudo ser mejor fiesta de fin de curso. Los más de 1.550 asistentes, la presencia de numerosas autoridades y el gran impacto mediático que ha tenido esta edición del Congreso en medios nacionales y autonómicos, atestiguan que el trabajo bien hecho, un programa cuidado y la ilusión depositada en estos encuentros, están convirtiendo al CNP en una cita obligada para todos los y las profesionales de la Psicología.

En el marco incomparable de Vitoria-Gasteiz, nos dimos cita cientos de psicólogos y psicólogas de todos los ámbitos profesionales y se presentaron más de 1.400 trabajos científico-profesionales entre conferencias, simposios, mesas redondas, comunicaciones orales, talleres y pósteres. El Congreso nos ha dado la oportunidad de intercambiar conocimientos, experiencias y de crear sinergias y sembrar la semilla de proyectos futuros, al tiempo que nos ha permitido disfrutar de las actividades sociales que se han programado diariamente, y ha sido posible gracias a muchas personas.

Creo que la mayoría no somos conscientes del esfuerzo que un evento de este tipo supone para una organización colegial modesta como es la nuestra y que sólo aquellos directamente involucrados nos hacemos una idea del esfuerzo que supone gestionarla y ponerla en pie. Pensar en la logística de un acontecimiento de estas características me produce mareo: un equipo organizador de 11 personas; más de 50 estudiantes voluntarios; 14 azafatas; equipos de informática, limpieza y seguridad; 2.297 cafés, 1.085 cócteles de bienvenida, 220 cenas de gala; 9 conferencias, 150 simposios y simposios invitados, 27 mesas redondas, 37 sesiones paralelas y 221 pósteres; 46 reuniones celebradas paralelamente; cerca de 50 apariciones en medios…

Esto es solo la punta del iceberg y, como señalo, no habría sido posible sin el esfuerzo conjunto de participantes y asistentes, de los Comités Organizador y Científico, del equipo organizador, de los más de 50 voluntarios y de los patrocinadores y publicistas, entre muchos otros. Así que quiero aprovechar para agradecer el calor y apoyo de todos vosotros y vosotras. Con pocos recursos y trabajo duro, entre todos y todas, hemos conseguido sacar adelante, una vez, más, un Congreso más que solvente y este, queridos colegas, es un éxito para la Psicología española.

La celebración de congresos nacionales y generalistas cumple diversas funciones. En un mundo en el que se exige cada vez mayor especialización, se corre el riesgo de terminar fragmentando las profesiones y de olvidar aquello que tienen en común y que, además, las definen como tales. Consolidarse en aquello que nos une y da identidad, integrando las particularidades de cada una de las diferentes áreas y ámbitos, posibilitando la generalización de aquellos aspectos que puedan transvasarse y que actúan como elementos transversales, es imprescindible para continuar construyendo una profesión sólida y fuerte... Asimismo, para que una profesión se mantenga en forma, es imprescindible contar con un cuerpo teórico y de conocimiento, profesional e investigador, que vertebre la ciencia y la profesión en sí misma y compartirlo con otros profesionales y, aunque hoy en día la globalización ofrece muchas vías para acceder a ese conocimiento (revistas en abierto, encuentros virtuales, formación online…), los psicólogos y psicólogas conocemos bien el valor añadido que supone compartir cara a cara y en contacto directo con otros profesionales los progresos y avances. En ese sentido, el valor de los encuentros y congresos presenciales no es sustituible. Finalmente, los Congresos y eventos similares son un foro idóneo para dar a conocer al público general, la sociedad y autoridades el valor y contribuciones de la Psicología para la mejora de la salud, servicios sociales, educación, seguridad y bienestar general de las personas y comunidades.

Así, los Congresos son un elemento esencial para consolidar la ciencia y profesión, y por ello es un compromiso de la organización colegial garantizar que se celebran de manera bienal, así que esperamos veros en 2021.

En otro orden de cosas, y trayendo mi atención de vuelta a la actividad y retos que se nos presentan de cara a los próximos meses, hay algunos asuntos que siguen preocupando a este Consejo General, y que se encuentran postergados a la espera de que se conforme un Gobierno con plenas funciones. La Psicología sigue requiriendo de mejoras que necesitan de la colaboración gubernamental, como son, entre otras, el desarrollo de nuevas especialidades sanitarias psicológicas; el apoyo a una mayor incorporación de profesionales de la Psicología en la sanidad con el objetivo de dar respuesta a la demanda y necesidades de los usuarios; o una reestructuración de los servicios sociales que ofrezca respuestas satisfactorias para los colectivos más vulnerables; un sistema educativo que se haga cargo de las necesidades del alumnado y sus familias.

Hay dos temas, sin embargo, que nos producen particular inquietud.

De un lado, en el ámbito de la Psicología de la Intervención Social, resultan alarmantes los diferentes desarrollos normativos y legislativos que se han venido aprobando y que, a nuestro parecer, ponen en riesgo los logros de los últimos años. Los modelos comunitarios y transformativos, han permitido realizar el cambio de un modelo asistencialista a un modelo centrado en la promoción y desarrollo de competencias personales y sociales. Sin embargo, la mayoría de los textos legislativos autonómicos vigentes adolecen de definiciones claras sobre lo que son los SS.SS., los objetivos que persiguen y las estrategias para lograrlos. Asimismo, potencian la iniciativa privada, ponen el énfasis en un modelo asistencialista y de prestaciones, y no siempre se reconocen los servicios y prestaciones como derechos subjetivos y universales. Entendemos que es imperativo realizar una reevaluación de la manera en que se están enfocando estos servicios, ya que no dan una respuesta lo suficientemente eficaz para mejorar esa autonomía y el bienestar de las personas, familias y comunidades.

De otro lado, en el ámbito de la Psicología Jurídica y Forense, nos encontramos con que sigue sin reconocerse legalmente la labor del profesional de la Psicología. Así, la progresiva ampliación de responsabilidades y tareas del colectivo no ha ido acompañada de la correspondiente regulación de las competencias y funciones propias y tampoco se han implementado las medidas que permitan la autonomía organizativa.

A pesar de la interinidad del Gobierno de España en el momento en que escribo este editorial, no frena nuestra labor de cara a las relaciones institucionales y los próximos meses se presentan de actividad intensa para este Consejo. Sin embargo, la ausencia de un Gobierno con plena capacidad de actuación supone posponer el abordaje y la resolución de algunos temas esenciales hasta que se cuente con interlocutores con autoridad para poder decidir sobre ellos en lo que quede de legislatura.

Únicamente nos queda lamentar la incapacidad de nuestros representantes políticos para alcanzar un acuerdo y animamos a la clase política a dialogar y encontrar caminos para sacar al país de esta parálisis en la que nos tiene sumida su dificultad para pasar a formar gobierno.

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