“Una posible explicación de la lenta recuperación económica de España podría hallarse, al menos en parte, en los efectos del paro de larga duración sobre la salud mental de muchas personas”.

Esta es una de las conclusiones de un informe publicado por el Observatorio Social La Caixa, a través del cual se analizan las consecuencias del desempleo de larga duración durante la crisis del trabajo (concretamente en el sector de la construcción), sobre la salud mental de las personas en situación de inactividad laboral.

Para ello, los autores del estudio han analizado datos del Instituto Nacional de Estadística, pertenecientes a la Encuesta de Población Activa y la Encuesta Nacional de Salud de los años 2006 y 2011, con el fin de comparar los indicadores de salud mental de los trabajadores de la construcción, antes y después de la explosión de la burbuja inmobiliaria.

Este informe se fundamenta en diversos estudios, que indican que las personas en situación de desempleo tienen peor salud mental que aquellas con un empleo activo. De acuerdo con los expertos, el desempleo afecta a la salud mental, al provocar aislamiento, estrés económico, autocondena y sensación de inutilidad.

Asimismo, priva a las personas de una jornada con unas rutinas previsibles, de experiencias compartidas con otros trabajadores, de oportunidades para la creatividad y el desarrollo profesional, y de la capacidad de contribuir al bienestar de la familia y de la sociedad. Los análisis de las encuestas nacionales de salud llevados a cabo aquí, confirman este cuadro en toda una serie de indicadores de salud mental, y, en estos indicadores, los desempleados presentan peores datos que los empleados.

No obstante, existen también otros estudios que apuntan en la dirección opuesta: la existencia de problemas de salud mental previos, que incrementarían la probabilidad de despido, de no encontrar trabajo o de permanecer más tiempo en el paro.

Dado lo anterior, los autores de este informe consideran que la crisis de la construcción ofrece “una oportunidad única para identificar los efectos del paro en la salud mental”. A este respecto, argumentan que, con la explosión de la burbuja inmobiliaria se eliminó una parte importante del sector de la construcción, provocando una importante cifra de personas en paro, independientemente de su estado de salud mental previo y con la dificultad añadida de encontrar un trabajo relacionado con el sector en crisis, una situación que, tal y como afirman, permite observar los efectos a largo plazo del paro en la salud mental, “sin la perturbación de una vuelta rápida al trabajo y sin preocuparse de si la salud mental influye en la rapidez de esa recuperación del empleo”.

Según este estudio, en este caso, es el desempleo el causante de los problemas de salud mental. La razón aducida es que, tras una gran crisis, se tarda más en encontrar un trabajo, de modo que los problemas de salud mental “tienen el tiempo necesario para surgir y consolidarse”. Por el contrario, en condiciones de estabilidad económica, los esfuerzos para encontrar trabajo no son tan intensos, “lo que mitiga los efectos en la salud mental”.

De acuerdo con los datos de este informe, entre los años 2006 y 2011, cada vez que la tasa de desempleo en la construcción aumentaba 10 puntos porcentuales, los problemas de salud mental relatados por los trabajadores expulsados del sector, se incrementaban alrededor de 3 puntos porcentuales. Concretamente, el desempleo en el sector de la construcción pasó del 6% al 24%, y, en el mismo período, se registró un aumento de, aproximadamente, seis puntos en el porcentaje de trabajadores previamente empleados en la construcción que declararon haber tenido problemas en este ámbito de la salud. Durante el período de tiempo analizado, los desempleados declararon sistemáticamente presentar más problemas de salud mental que las personas empleadas, y disminuyó la cifra de desempleados que afirmaba tener “muy buena salud”. Algunos de los problemas habituales, más referidos por los desempleados del sector de la construcción, son: estrés, incapacidad para concentrarse y sentimiento de no desempeñar un papel importante en la sociedad.

A juicio de los autores de este informe, esto no se debe necesariamente a que sufrieran otras enfermedades o problemas, “sino que, probablemente, su estado psíquico les hacía creer que no tenían buena salud”.

En su opinión, el paro de larga duración sería una explicación posible del gran efecto del desempleo sobre la salud mental, durante la crisis acaecida hace unos años en España. Según explican, los trabajadores se ven atrapados en un círculo viciosoentre la inadecuación de sus capacidades a lo que requiere el mercado laboral y sus problemas mentales que les impiden afrontar esta situación”.

Los autores señalan que sus resultados son estimaciones basadas en un análisis estadístico de los datos, que busca cuantificar exclusivamente el impacto del desempleo, al margen de otros factores (relaciones sociales, capacidades individuales, apoyo sociosanitario...) que también afectan a la salud mental y que, “en la realidad, consiguieron mitigar la magnitud de ese impacto en nuestro país”.

El informe finaliza indicando que sus conclusiones podrían ser de utilidad a la hora de diseñar políticas que permitan paliar el problema del desempleo de larga duración y tener efectos beneficiosos para el conjunto de la economía. Algunos objetivos indicados para emprender políticas específicas serían: trabajar en las “bolsas de desolación” del país (es decir, aquellas zonas en las cuales se concentra más el desempleo y donde los problemas mentales producen más estragos) y reducir el conjunto de parados de larga duración, llevando a cabo acciones que faciliten el tránsito de las personas afectadas a otros sectores de empleo distintos al de la construcción.

Fuente: Observatorio Social “La Caixa”

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