El desarrollo infantil saludable contribuye a la salud y al desarrollo positivo de la población en general. Diversos estudios han evidenciado que la exposición a la violencia durante la infancia así como la presencia de experiencias potencialmente traumáticas en el hogar (por ej., violencia en la pareja, problemas de salud mental en algún familiar o abuso de sustancias), pueden tener efectos negativos profundos y duraderos sobre la salud y consecuencias sociales. Dada la asociación entre las experiencias adversas durante la infancia y la salud, prevenir este tipo de experiencias es estratégico para reducir varias de las principales causas de morbilidad y mortalidad en adultos.

Así lo afirman los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades​ (en inglés, Centers for Disease Control and Prevention, CDC) -agencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EEUU, orientada al desarrollo y la aplicación de la prevención y control de enfermedades, salud ambiental y la realización de actividades de educación y promoción de la salud-, en un nuevo informe semanal sobre morbilidad y mortalidad (MMWR-Morbidity and Mortality Weekly Report).

Tal y como señalan los CDC en su informe, la exposición a experiencias infantiles adversas puede ser traumática, evocando respuestas de estrés tóxico que tienen impactos fisiológicos y psicológicos perjudiciales, tanto a corto como a largo plazo. Estas experiencias adversas durante la infancia pueden impactar negativamente en la salud y el desarrollo óptimos, al alterar la expresión génica, la conectividad y la función cerebral, el sistema inmunitario y el funcionamiento de algunos órganos. Asimismo, se asocian con un mayor riesgo de trastornos por consumo de alcohol y sustancias, suicidio, problemas de salud mental, enfermedades cardíacas, otras enfermedades crónicas y conductas de riesgo para la salud a lo largo de la vida.
Sin embargo, las experiencias adversas durante la infancia se pueden prevenir. Su prevención es fundamental para abordar múltiples desafíos sociales y de salud pública, y para mejorar la vida de los niños y las niñas, las familias y las comunidades.

Para comprender el impacto potencial que conlleva la prevención de las experiencias adversas de la niñez en la reducción de resultados negativos para la salud y el bienestar, los CDC analizaron datos pertenecientes a encuestas estatales, para estimar la fracción atribuible poblacional (esto es, la proporción en la que se reduciría la tasa de incidencia de estas consecuencias en el conjunto de la población si se eliminara la exposición), en la que disminuiría el número de casos de afecciones de salud, conductas de riesgo para la salud e impactos socioeconómicos.

A continuación, recogemos los principales resultados:

  • El 60,9% de los adultos de la población estudiada experimentó al menos un tipo de experiencia infantil adversa y, aproximadamente, uno de cada seis adultos (15,6%) informó de cuatro o más tipos de experiencias.

  • La prevalencia de cuatro o más tipos de experiencias infantiles adversas fue mayor entre las mujeres y las personas de otra raza/etnia.

  • Los autores hallaron una asociación entre estas experiencias durante la infancia y las principales causas de morbilidad y mortalidad, así como con peores resultados socioeconómicos en la edad adulta. El riesgo era aún mayor entre aquellos adultos que reportaron niveles más altos de exposición a experiencias adversas durante su niñez: mayor probabilidad de desarrollar condiciones de salud crónicas (sobrepeso y/u obesidad, enfermedad pulmonar obstructiva crónica), depresión, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, y problemas socioeconómicos (por ej., el desempleo).

  • De acuerdo con las fracciones atribuibles poblacionales, las reducciones porcentuales estimadas en el grupo con mayores niveles de exposición y asociadas con la prevención de estas experiencias adversas durante la infancia fueron del 1,7% para el sobrepeso y/o la obesidad, del 23,9% para el consumo excesivo de alcohol, del 27,0% para la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, del 32,9% para el tabaquismo, y del 44,1% para la depresión.

Teniendo en cuenta estos resultados, los CDC consideran que la prevención de experiencias adversas en la infancia podría tener un amplio impacto positivo sanitario, social y económico.

En este sentido, las estrategias para prevenir estas experiencias durante la niñez e intervenir con aquellos que han estado expuestos a las mismas, podrían ayudar a reducir la prevalencia de participar en conductas de riesgo para la salud durante la edad adulta y en los resultados negativos de salud a largo plazo. Asimismo, podría romper el ciclo multigeneracional de estas experiencias, "dado que estos grupos de edad tienen más probabilidades de formar familias o criar hijos”.

Según indica el informe, la prevención es fundamental para la creación de relaciones y entornos seguros, estables y enriquecedores para todos los niños y las niñas y sus familias. Para tal fin, los CDC proponen una serie de estrategias, derivadas de la mejor evidencia disponible:

  1. Fortalecer los apoyos económicos para las familias.

  2. Promover normas sociales que protejan contra la violencia y la adversidad (por ejemplo, campañas de educación pública para apoyar a los padres y la crianza positiva, enfoques que promuevan comportamientos saludables en las relaciones…).

  3. Garantizar un comienzo sólido para los niños y las niñas (por ej., cuidado infantil de alta calidad, programas de enriquecimiento preescolar).

  4. Mejorar las habilidades para ayudar a los padres y a los y las jóvenes a manejar el estrés, controlar las emociones y abordar los desafíos cotidianos (por ejemplo, programas de aprendizaje socioemocional, programas de habilidades para relaciones saludables, habilidades para padres y enfoques de relaciones familiares).

  5. Conectar a los y las jóvenes con adultos y actividades amigables (por ejemplo, tutoría y programas extracurriculares).

  6. Reducir los daños inmediatos y a largo plazo, mediante una Atención Primaria mejorada, que sea capaz de detectar y abordar aquellos casos en los que niños y niñas están expuestos a situaciones adversas.

El informe finaliza poniendo de relieve la evidencia, derivada de múltiples estudios, de la eficacia de las estrategias de prevención de las experiencias infantiles adversas, asociada con un mayor rendimiento académico y reducciones en la depresión, el comportamiento suicida, las tasas de arresto y encarcelamiento, y el uso y abuso de sustancias durante la adolescencia y la edad adulta.

Se puede acceder al documento desde la página Web de los CDC, o bien directamente a través del siguiente enlace:

Merrick, M.T., Ford, D.C., Ports, K.A., y col. Vital Signs: Estimated Proportion of Adult Health Problems Attributable to Adverse Childhood Experiences and Implications for Prevention — 25 States, 2015–2017. MMWR Morbidity and Mortality Weekly Report. ePub: 5 November 2019. DOI: http://dx.doi.org/10.15585/mmwr.mm6844e1

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