Álvaro Rodríguez-Carballeira (1), Carmen Almendros (2), Jordi Escartín (1), Clara Porrúa (1) ,Javier Martín-Peña (1), Fecerico Javaloy (1), José Antonio Carrobles (2)

Universidad de Barcelona (1), Universidad Autónoma de Madrid (2)

Tras una revisión del campo de la violencia o abuso psicológico, se analiza su aplicación en tres ámbitos distintos, con objeto de estudiar las similitudes y diferencias existentes entre ellos. En concreto, se estudia el abuso psicológico aplicado en grupos manipulativos como algunas sectas, el aplicado en la violencia de pareja y el aplicado en el contexto laboral (mobbing). A través de un amplio análisis de las investigaciones realizadas y de las escalas de medida construidas sobre el tema, se proponen tres nuevas clasificaciones de estrategias de abuso psicológico, una para cada ámbito. La comparación entre ellas muestra un importante paralelismo, especialmente entre las utilizadas para el sometimiento de un adepto al grupo y las utilizadas para el sometimiento del cónyuge o pareja.

El estudio de la agresión y la violencia es uno de los grandes clásicos de la investigación en psicología y en las ciencias sociales en general. Sin embargo, ha sido en las dos últimas décadas cuando se ha producido un incremento notable de la investigación científica sobre la agresión de carácter psicológico. Algunos ejemplos de la relevancia social de las conductas de agresión o abuso psicológico podemos hallarlos en el ámbito de la violencia de pareja, en el de la violencia en el lugar de trabajo (mobbing), en el de la violencia entre escolares (bullying) o en el de grupos de manipulación y coacción, como las llamadas sectas coercitivas.

En general, las investigaciones realizadas sobre agresión o abuso psicológico se circunscriben a uno de esos ámbitos específicos de aplicación. El estudio aquí presentado analiza el abuso psicológico como un fenómeno con entidad propia, que muestra elementos comunes en los distintos ámbitos de aplicación, a la vez que elementos diferenciales para cada uno de ellos.

La poca relevancia que el estudio de la agresión de tipo psicológico ha tenido en el ámbito científico, hace que asistamos todavía a una cierta inmadurez o confusión conceptual. Mientras la agresión física parece más fácilmente delimitable, la de tipo psicológico plantea problemas en su alcance, centrados básicamente en si, además de las conductas que parecen más obvias, como la amenaza o la humillación, abarca o no otras más sutiles (Marshall, 1999), como pueden ser la manipulación de la información o la desconsideración de las emociones de la otra persona.

 

Esa dificultad para precisar los límites de la agresión no-física es, quizá, la que más impide lograr una definición consensuada de la misma, y también la que más contribuye a la dispersión de términos para denominarla. Así nos encontramos que diferentes autores han utilizado, con un significado muy similar, expresiones como: abuso psicológico, agresión psicológica, violencia psicológica, maltrato psicológico, maltrato emocional, abuso emocional, abuso no-físico, abuso indirecto, abuso verbal, abuso mental, tortura mental, manipulación psicológica o acoso moral.

En lo que coinciden muchos investigadores es en que el abuso psicológico suele ser tan dañino como el físico o el sexual (Egeland y Erickson, 1987; O’Leary, 1999). Otras investigaciones apuntan que las consecuencias adversas que provoca este tipo de violencia en la salud del que la sufre, se manifiestan incluso antes de la aparición del maltrato físico (Follingstad, Rutledge, Berg, Hause, Polek, 1990) y con un impacto psicológico igual o mayor al provocado por las agresiones físicas (Henning y Klesges, 2003; Marshall, 1992; Sackett y Saunders, 1999; Street y Arias, 2001).

Algunos investigadores hallaron que la mayoría de víctimas estudiadas juzgaron la humillación, la ridiculización y los ataques verbales como más desagradables que la violencia física experimentada (Walker, 1979; Follingstad et al., 1990), lo que también se recoge así en un informe de la OMS (1998) que indica que el peor aspecto de los malos tratos no es la violencia misma, sino la "tortura mental" y el "vivir con miedo y aterrorizados".

La utilización de las estrategias de abuso psicológico es susceptible de producirse, en alguna medida, en cualquier relación de interacción continuada entre dos o más personas. Una variable que facilita el abuso y está a menudo presente, proviene del hecho de que la parte abusadora tenga a priori alguna capacidad de poder y control sobre la otra parte.

Este trabajo centra su análisis en tres tipos posibles de relaciones de abuso: las que pueden producirse en grupos manipulativos, como las sectas coercitivas respecto a un miembro o adepto; las que pueden darse en una relación desigual de pareja, habitualmente del hombre hacia la mujer; y las que pueden darse hacia un trabajador en el lugar de trabajo, habitualmente por parte de alguien de superior estatus. Sin embargo, la aplicación del abuso psicológico puede abarcar otros tipos de relaciones diádicas como maestro-discípulo o terapeuta-paciente, pasando por las posibles dinámicas totalitarias de algunas de las llamadas "instituciones totales" (Goffman, 1961), hasta formas más genéricas de utilización, como ocurre con las estrategias de "guerra psicológica" o bajo el control y el intervencionismo de un sistema de gobierno dictatorial.

El objetivo de este estudio es analizar los tres ámbitos de abuso psicológico (en grupos, en pareja y en el trabajo) de forma específica pero a la vez de manera simultánea y desde una perspectiva común del abuso para la dominación del otro, bien sea para buscar su sometimiento o bien su exclusión. Esa perspectiva nos permitirá así señalar con más nitidez la parte común y la diferente en las estrategias de abuso psicológico en los distintos ámbitos.

 

El objetivo concreto es, pues, el de obtener una nueva categorización de las estrategias de abuso psicológico utilizadas en cada uno de los tres ámbitos citados, desde un enfoque psicosocial similar al ya utilizado con anterioridad respecto a grupos manipulativos o sectas (Rodríguez-Carballeira, 1992). Este enfoque permite hacer una clasificación de estrategias de abuso suficientemente inclusiva, comprendiendo tanto las evidentes, como las más sutiles.

Para llegar a esta clasificación se procedió a un amplio análisis de las investigaciones sobre el tema, especialmente de las categorizaciones de abuso psicológico y de los instrumentos de medida existentes al respecto (ver en artículo original).

Tras dicho análisis se propone la siguiente clasificación de estrategias de abuso psicológico (ver tabla). A la hora de denominar a las estrategias, se procuró en lo posible, el uso de términos que definieran cada componente del abuso psicológico por su acción abusiva, tratando de evitar el aludir a la reacción que provoca o a las consecuencias que pueden llegar a ocasionar más comúnmente.

Tabla 1: Clasificación de las estrategias de abuso psicológico aplicadas en tres ámbitos difernetes

Se propone una clasificación de seis estrategias para cada ámbito, siendo las cuatro primeras practicamente coincidentes (se recogen aquí solamente las seis grandes categorías de estrategias, puede verse la clasificación completa en el artículo original). Las tres primeras estartegias aluden adistintos factores referidos al contexto o situación: sobre el aislamiento (1), sobre el control de la información (2) y sobre otros controles de la vida cotidiana (3). Los tres últimos abarcan los principales componentes de índole personal: los de carácter más emotivo (4), más cognitivo (5) y más comportamental (6).

Este estudio simultáneo de diversos ámbitos de aplicación del abuso psicológico, algo poco habitual desde una visión conjunta, facilita el enriquecimiento mutuo entre ellos y permite un mejor análisis comparativo de los mismos.

El resultado muestra de forma coherente un patrón común de seis grandes categorías muy similares para clasificar las formas específicas de abuso psicológico en cada uno de los tres ámbitos de aplicación estudiados. Se intenta comprender el abanico de estrategias de abuso que recorren un continuo desde lo sutil hasta lo más evidente, teniendo presente también que en cada estrategia suele dibujarse otro continuo desde las formas más indirectas a las más directas de aplicarla concretamente.

A la vista de las tres categorizaciones de abuso psicológico propuestas, se desprende una primera observación: el elevado paralelismo existente entre las estrategias de abuso utilizadas en el seno de grupos manipulativos del estilo de las sectas coercitivas, y las utilizadas en la relación violenta de pareja. En ambos casos, se persigue generalmente el sometimiento de la persona sobre la que se aplica el abuso, bien sea a la autoridad del grupo, bien al cónyuge o compañero abusador.

 

En ambos casos, también, se trata de relaciones en las que predomina el establecimiento de un vínculo de carácter íntimo.  La diferencia notable la marca el mobbing, donde la relación tiene un carácter menos íntimo y el objetivo perseguido suele ser la exclusión del trabajador. En el entorno laboral, las formas de abuso emocional parecen no ser tan extensas y las categorías de control de la vida personal e imposición de creencias, tienen poca cabida en la mayoría de situaciones.

El denominador común del abuso en los tres ámbitos parece ser la búsqueda del aislamiento de la persona, la intervención sobre las posibles variables de su entorno inmediato y el abuso emocional hacia ella.

Algunas utilidades de esta clasificación pueden ser, por un lado, servir para desarrollar a partir de ella un nuevo instrumento de medida (uno para cada ámbito, actualmente en desarrollo); y por el otro, y de manera más inmediata, permitir una aplicación práctica de la misma, pudiendo ser usada a modo de guía de orientación para evaluar la presencia o no de abuso psicológico en un caso determinado, dentro de los tres ámbitos de estudio citados.

Cuando se habla de abuso psicológico (acoso, hostigamiento, etc.) se está aludiendo a una aplicación sistemática y continuada de las estrategias de abuso, donde será necesario comprobar el número, intensidad y frecuencia de su utilización. Futuras investigaciones han de seguir estudiando el fenómeno del abuso psicológico como tal y en sus diferentes aplicaciones, para ir introduciendo mejoras que permitan una más adecuada evaluación del mismo, necesidad reconocida actualmente tanto por los investigadores como por los profesionales.

Nota: Este trabajo es fruto del proyecto de investigación cofinanciado por el Ministerio de Educación y Ciencia y fondos FEDER con el código SEJ2004-01299.

La versión completa de este artículo puede encontrarse en el Anuario de Psicología: Rodríguez – Caballeira, A., Almendros, C., Escartín, J., Porrúa, C., Martín – Peña, J., Javaloy, F. y Carboles, J.A (2005).Un estudio comparativo de las estrategias de abuso psicológico: en pareja, en el lugar de trabajo y en grupos manipulativos. Anuario de Psicología, 36 (3), 299-314.

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