María Alonso-Ferres, Inmaculada Valor-Segura y Francisca Expósito

Universidad de Granada, España

 

Las relaciones románticas son una parte importante en la vida de las personas, sin embargo los conflictos derivados de las mismas son inevitables. Las parejas a menudo discuten respecto al tiempo que pasan juntos, cuestiones económicas, responsabilidades familiares o malos hábitos, entre otros temas. Cuando estos conflictos no se afrontan de manera adecuada, corren el riesgo de dañar las relaciones, incluso aquellas más satisfactorias. De hecho, tanto las parejas como los terapeutas de pareja, identifican la inadecuada resolución de conflictos como uno de los problemas más frecuentes y difíciles  de tratar (Overall & McNulty, 2017).

Pero, ¿Cómo responde una  persona  ante un conflicto con su pareja? Siguiendo la categoría propuesta por Rusbult, Johnson & Morrow (1986), son cuatro las posibles estrategias que se  pueden adoptar, clasificadas en dos grupos: constructivas y destructivas.

Fuente: www.pexels.com Artista:
vjapratama Fecha descarga: 26/02/2020

Las estrategias constructivas son aquellas que ayudan a preservar la relación. Éstas pueden ser de dos tipos: activas como la “expresión”, que promueve la discusión de los problemas para buscar una solución de los mismos (ej., comunicar abiertamente sus necesidades); y pasivas como la “lealtad” caracterizadas por comportamientos cooperativos (ej., esperar que las condiciones mejoren  o minimizar los problemas). Las estrategias  destructivas son aquellos comportamientos hostiles que exhiben negatividad, competitividad y dañan la relación. Asimismo, éstas pueden ser activas como la “huida” que promueve la disolución de la relación (ej., alejamiento o divorcio); y pasivas, como la “negligencia” que permite el deterioro de la relación mediante comportamientos de control y oposición. Identificar, claramente, las condiciones que promueven las estrategias de resolución de conflictos es, por tanto, necesario para ayudar a las personas a construir relaciones más saludables y satisfactorias.

La investigación ha mostrado que un elemento central que influye en la estrategia adoptada ante los conflictos de pareja son los procesos de sociabilización de género. Con el fin de explorar, en primer lugar, las respuestas que hombres y mujeres suelen usar de manera diferencial ante conflictos, se llevaron a cabo dos estudios en el que participaron un total de 912 personas (511 mujeres y 401 hombres) de población adulta. Tras analizar las respuestas que los participantes emplearon para afrontar una discusión con su pareja, los resultados mostraron que no existía diferencias de género en la estrategia de huida, es decir, en la tendencia a finalizar la relación. Sin embargo, sí se observaron diferencias de género en el uso de las estrategias de expresión, lealtad y negligencia. Concretamente, las mujeres usaron en mayor medida una respuesta de lealtad y expresión ante los conflictos, mientras que los hombres emplearon una respuesta más negligente. Este hecho parece indicar que, de acuerdo con la Teoría del Rol Social (Eagly & Wood, 2012), aún hoy día, hombres y mujeres tienden a dar respuestas estereotipadas congruentes con su rol de género ante conflictos en sus relaciones más íntimas. Esto indica que las mujeres siguen siendo prioritariamente educadas en valores comunales que fomentan, por un lado su expresividad antes situaciones de estrés, y por otro, la toma de consciencia y preocupación por su relación, promoviendo en ellas  comportamientos de aceptación y lealtad a su pareja durante las situaciones problemáticas. Por el contrario, en los hombres, socializados en valores agenticos que promueven respuestas más agresivas, de independencia y autoconfianza, aparece una respuesta más negligente ante los conflictos de pareja.

Observar este afrontamiento diferencial de los conflictos de pareja en hombres y mujeres hizo surgir otro interrogante, ¿podría existir algún factor que promoviese el afrontamiento constructivo tanto en mujeres como en hombres y, en última instancia, su bienestar? Dado que los conflictos son, a menudo, una fuente de estrés y emociones intensas para las parejas, estudiamos si la inteligencia emocional, es decir, la capacidad de percibir, comprender y regular emociones (Mayer & Salovey, 1997) podría ayudar a las personas a manejar conflictos de manera más saludable. Los resultados de esta investigación permiten concluir que, efectivamente, la inteligencia emocional ejerció un efecto positivo tanto a nivel personal como en la relación mediante el fomento de una resolución de conflictos de pareja adaptativa. Es decir, un incremento de la respuesta de expresión y disminución de la respuesta negligente ante conflictos, tanto en mujeres como en hombres. Esto podría indicar que la inteligencia emocional además de ser un factor que favorece el desarrollo de interacciones sociales constructivas, también podría convertirse en un factor protector del empleo de respuestas agresivas y coercitivas en determinadas situaciones conflictivas. Una posible explicación de dichos resultados es que la inteligencia emocional permite que las personas perciban y comprendan tanto sus propias emociones como las emociones de su pareja durante situaciones de conflicto, lo que fomenta una mayor regulación de las mismas, es decir, el empleo de respuestas positivas y controladas con el fin de afrontar dichos conflictos y, finalmente, promueve un mayor bienestar personal y satisfacción con la relación.

En conclusión, los resultados encontrados señalan la necesidad de seguir educando en igualdad de género, así como, de emplear estrategias para mejorar la inteligencia emocional a fin de promover el afrontamiento adaptativo de conflictos de pareja y con ello, la satisfacción y el bienestar personal. Si bien esta investigación constituye una contribución específica de la importancia de las habilidades emocionales en las relaciones de pareja desde una perspectiva de género, es necesario continuar trabajando en esta línea para así poder traducir dichos conocimientos en intervenciones personales y sociales efectivas.

El artículo completo puede encontrarse en la revista:

Alonso-Ferres, M., Valor-Segura, I., & Expósito, F. (2019). Couple Conflict-facing Responses from a Gender Perspective: Emotional Intelligence as a Differential Pattern. Psychosocial Intervention, 28, 147 - 156. https://doi.org/10.5093/pi2019a9

Referencias:

Eagly, A. H., & Wood, W. (2012). Social role theory. En P. A. M. Van Lange, A. W. Kruglanski, & E. T. Higgins (Eds.), Handbook of theories in social psychology (Vol. 2, pp. 458-476). Thousand Oaks, CA: Sage.

Mayer J. D., & Salovey P. (1997). What is emotional intelligence? En P. Salovey & D. J. Sluyter (Eds.), Emotional development and emotional intelligence (pp. 3-31). New York, NY: Basic Books.

Overall, N. C., & McNulty, J. K. (2017). What type of communication during conflict is beneficial for intimate relationships? Current Opinion in Psychology, 13, 1-5. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2016.03.002

Rusbult, C. E., Johnson, D. J., & Morrow, G. D. (1986). Impact of couple patterns of problem solving on distress and nondistress in dating relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 50, 744-753. https://doi.org/10.1037/0022-3514.50.4.744.

 María Alonso-Ferres, estudiante de doctorado con contrato FPU en el Departamento de Psicología Social de la Universidad de Granada. Su investigación se centra en analizar el impacto que tienen las dinámicas de las relaciones de pareja durante situaciones conflictivas en el bienestar (inter) personal, desde una perspectiva de género.

Inmaculada Valor-Segura,  profesora titular del Departamento de Psicología Social de la Universidad Granada. Entre sus intereses de investigación se incluye, además del estudio de la violencia de género y las dinámicas de las relaciones interpersonales, el análisis de procesos psicosociales asociados a la crisis económica y la clase social.

Francisca Expósito Jiménez, catedrática del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Granada. Entre sus intereses de investigación se incluye las relaciones interpersonales, y la  psicología jurídica, en especial, el estudio del sexismo y la violencia de género. Además, desde 2009 es la Directora del Programa UGR de atención psicosocial a los niños y sus madres que son víctimas de violencia de género.

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