La confusión o el delirio es un síntoma común en las personas hospitalizadas por una infección por coronavirus durante la fase aguda de la enfermedad y uno de cada 3 pacientes presenta trastornos de depresión y ansiedad. Estas son algunas de las conclusiones de una revisión sistemática publicada recientemente en la revista The Lancet.

Los autores de la publicación han revisado los resultados de un total de 72 estudios sobre las consecuencias a nivel neurológico y de salud mental de las infecciones por coronavirus, incluyendo el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, por sus siglas en inglés), el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y la COVID-19.

Fuente: www.pexels.com Artista:
Engin Akyurt Fecha descarga: 06/05/2020

Los datos recogidos, que abarcan un total de 3.559 pacientes, señalan que la confusión o delirio está presente en una cuarta parte de los pacientes ingresados (27,9%), así como los estados alterados de conciencia (20,7%), lo que puede explicarse por la reducción del oxígeno que llega al cerebro o por los efectos de la fiebre. Otros problemas cognitivos, incluyen los problemas atención y concentración (38,2%) y los problemas de memoria (34,1% de los casos).

En relación con los trastornos mentales, según el metaanálisis realizado, durante la fase aguda de la enfermedad, los síntomas más frecuentes en los pacientes hospitalizados incluyen los trastornos depresivos (32,6%), la ansiedad (35,7%) y los problemas de insomnio (41,9%). Asimismo, un 29,4% presenta labilidad emocional, un 4,9% irritabilidad y un 7,4% conductas agresivas. Alternativamente, algunos estudios informaron de síntomas maníacos y de psicosis inducidos por consumo de esteroides, como euforia (7,8%), aceleración del discurso (20,6%), alucinaciones auditivas (4,7%), ideas persecutorias (3,9%) o alucinaciones visuales (2%). Asimismo, algunos estudios también informan de la presencia de conductas suicidas en un 2% de los pacientes ingresados.

Al extraer los datos específicamente asociados al COVID-19, según la revisión publicada en la revista The Lancet, se evidencia la presencia de delirio, a través de estados de confusión (65% de los casos ingresados en UCI) y agitación (69%), así como alteraciones de la conciencia (21% de los casos). Los autores de la revisión también mencionan la presencia de encefalopatía hipóxica y encefalitis informadas en algunos estudios recientes, aunque todavía los datos son escasos para poder extraer conclusiones más robustas.

A medio plazo, y durante los meses siguientes tras ser superada la fase aguda de la infección, las consecuencias neurológicas y de salud mental siguen siendo muy prevalentes, si bien los datos han sido extraídos de pacientes hospitalizados por SARS y MERS al no disponer todavía de resultados asociados al COVID-19. De esta manera, en el seguimiento realizado a los pacientes ingresados, los resultados del metaanálisis revelan que los recuerdos traumáticos asociados a la enfermedad y la hospitalización persisten en un 30,4% de los casos, seguidos de la fatiga (19,3%), las dificultades de memoria (18,9%), la irritabilidad (12,8%), los síntomas de ansiedad (12,3%), los problemas de insomnio (12,1%) y el estado de ánimo depresivo (10,5%). En relación con el diagnóstico de trastorno mental, un año después de la enfermedad, uno de cada tres pacientes (32,2%) desarrolló trastorno por estrés postraumático (TEPT), un 14,9% presentó trastorno depresivo y un porcentaje similar (14,8%) trastornos de ansiedad. Según los datos analizados, el impacto en la salud física y mental de la infección por coronavirus implicó que el tiempo medio para la reincorporación laboral de los pacientes hospitalizados fue de 35 meses.

Tal y como señalan los autores, aunque estos resultados deben interpretarse con cautela, debido a las limitaciones metodológicas de los estudios, los datos apuntan a que las consecuencias neurológicas y en la salud mental de los pacientes ingresados por coronavirus son amplias y persistentes en el tiempo. Este impacto tiene un origen multifactorial, que puede ser explicado por los efectos directos de la infección viral, el trastorno cerebrovascular, el grado de daño fisiológico (por ej., hipoxia), la respuesta inmunológica, la intervención médica, el aislamiento social, el impacto psicológico de padecer una enfermedad novedosa y potencialmente mortal, la preocupación por poder transmitir la enfermedad a otros y el estigma asociado a la enfermedad, entre otros factores.

Fuente:

Rogers, J. P., Chesney, E., Oliver, D., Pollak, T. A., McGuire, P., Fusar-Poli, P., ... & David, A. S. (2020). Psychiatric and neuropsychiatric presentations associated with severe coronavirus infections: a systematic review and meta-analysis with comparison to the COVID-19 pandemic.The Lancet Psychiatry.

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