Cuando una persona ha sufrido una conmoción cerebral, debería demorar su incorporación a sus  hábitos normales de vida. Así lo afirma la APA (American Psychological Association-Asociación Americana de Psicología) en un artículo publicado el pasado mes de marzo en su página Web.

Tal y como señala la Asociación, es importante contar con un conocimiento adecuado sobre las conmociones cerebrales para así poder evitar daños posteriores y consecuencias potencialmente devastadoras. Para tal fin, ha elaborado este artículo, a través del cual pretende dar a conocer de forma global en qué consiste este tipo de lesión, haciendo hincapié en el importante papel que juega la Neuropsicología, tanto en su evaluación como en su tratamiento.

La conmoción cerebral es una forma leve de lesión cerebral traumática. Cuando la cabeza recibe un golpe, el cerebro se sacude dentro del cráneo, colisionando a menudo con la parte delantera y posterior del cráneo. Este rápido movimiento de aceleración y desaceleración producido en el momento del impacto, puede dañar las conexiones cerebrales y alterar la función cognitiva normal.

Una creencia sobreextendida es la aparición de pérdida de conciencia en todos los casos de conmoción cerebral. Sin embargo, esto no siempre es así: la mayoría de las conmociones cerebrales no cursan con pérdida de conocimiento y, de hecho, en los casos más leves, la persona puede no darse cuenta siquiera de que ha sufrido una conmoción. Por ende, algunos de los síntomas pueden no ser evidentes en un primer momento, sino que pueden surgir en el transcurso de las horas o en días posteriores.

Los síntomas físicos más comunes suelen ser dolor de cabeza, náuseas, mareos, fatiga, sensibilidad al ruido y la luz, etc. Las conmociones cerebrales más graves pueden ir acompañadas de vómitos. Las funciones cognitivas también pueden verse comprometidas, produciéndose, en algunos casos, trastornos atencionales, enlentecimiento del pensamiento, problemas de memoria a corto plazo, etc. Igualmente, pueden darse síntomas psicológicos, tales como irritabilidad, alteraciones del estado de ánimo (por ej., depresión), etc.

La APA resalta la necesidad de buscar atención médica, tanto en casos en los que la sintomatología es grave - pérdida de la conciencia, vómitos…-, como en aquellos que revisten de menor gravedad, de cara a descartar complicaciones posteriores.

En cuanto al tiempo de recuperación, la mayoría de los pacientes suele reincorporarse a su vida normal entre una semana y diez días. Pero, ¿qué hacer en caso de que los síntomas continúen? En este punto, el artículo indica textualmente “cuando los problemas persisten, un neuropsicólogo puede ayudar”.

De acuerdo con la APA, la neuropsicología clínica es “una especialidad que emplea los principios de evaluación e intervención, basándose en el estudio científico del comportamiento humano y su relación con el funcionamiento normal y anormal del SNC”; a este respecto, explica, el neuropsicólogo clínico es “un psicólogo que cuenta con una amplia experiencia y conocimientos sobre el modo en que el comportamiento y las habilidades se relacionan con las estructuras y los sistemas cerebrales”, y cuyas principales funciones, ante un caso de conmoción cerebral, son las siguientes:

- Evaluación: El primer paso para determinar por qué los síntomas no desaparecen, es la revisión de los antecedentes, por ejemplo, averiguar si el paciente ha sufrido una conmoción previa. Asimismo, es importante tener en consideración otros factores -tales como la presencia de un diagnóstico previo de depresión y/o ansiedad, la existencia de trastornos del sueño, o el consumo de medicamentos, entre otros-, que pueden retrasar la recuperación e incluso confundirse con síntomas propios de la conmoción cerebral.

Por todo ello, es imprescindible que el profesional realice una exploración neuropsicológica completa (valorando la atención, la memoria, el lenguaje, los procesos de razonamiento, las funciones ejecutivas, etc.). El neuropsicólogo puede aplicar también pruebas de personalidad y del estado de ánimo para descartar factores psicológicos.

Los resultados de la evaluación neuropsicológica permitirán identificar posibles problemas cognitivos y  determinar qué capacidades se han visto más afectadas. En este punto, se aconseja realizar un seguimiento posterior del paciente, administrando de nuevo las pruebas de evaluación para valorar su mejoría.

- Tratamiento: La intervención neuropsicológica incluye psicoeducación, esto es, informar a los pacientes sobre los síntomas comunes de la conmoción cerebral y los patrones de recuperación normales.

Según se recoge en el artículo, una revisión de las investigaciones realizadas hasta la fecha en este campo, indica que, ya una primera sesión de intervención puede ayudar a los pacientes a reconocer atribuciones erróneas, aprendiendo a no identificar los deslices de memoria ocasionales u otros problemas cotidianos como posibles síntomas de la conmoción. Cuando los pacientes centran su atención de forma anómala en los síntomas, la APA aconseja la terapia cognitivo-conductual.

En casos más graves, el neuropsicólogo puede sugerir un programa de rehabilitación que incluya el ejercicio de la memoria, el razonamiento y otras habilidades cognitivas para “reciclar el cerebro”.

Para finalizar, la APA subraya en su artículo la importancia del descanso físico y mental durante el proceso de intervención, de cara a un óptimo restablecimiento, mencionando para ello algunas investigaciones cuyos resultados ponen de relieve cómo la falta de descanso y la incorporación temprana a los hábitos diarios normales pueden jugar en contra de la recuperación, prolongándola y empeorando sus síntomas.

Fuente: APA

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