De cara a la nueva edición del DSM-V, la APA, con ayuda de otras instituciones (NIMH, NIDA, OMS), tiene previsto para los próximos cinco años elaborar grupos de expertos, con el objetivo de analizar, discutir y reformular el sistema de clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento. Las diferencias culturales en la manifestación del comportamiento humano, las dificultades a la hora de hacer un diagnóstico diferencial con respecto a otros trastornos, así como los problemas que suscita la débil línea entre el comportamiento normal y el patológico, ha supuesto, no en pocas ocasiones, discrepancias entre los profesionales a la hora de delimitar y refinar estas categorías diagnósticas y la ausencia, en muchos casos, de tratamientos especializados con estos pacientes.

En el VI Congreso Nacional de Trastornos de la Personalidad, que se celebrará entre los días 14 y 16 de junio, un nutrido grupo de especialistas de la salud mental española abordarán, entre otras cuestiones, los problemas que plantean los actuales sistemas diagnósticos de clasificación y las implicaciones de éstos en la práctica clínica habitual.

En este contexto, contar con buenos instrumentos de evaluación que nos permitan realizar diagnósticos más refinados y, por consiguiente, elaborar mejores tratamientos, se convierte en una tarea necesaria y fundamental.

Con motivo de la celebración de este evento de gran trascendencia para la Psicología clínica española, entrevistamos a José Muñiz Fernández, quien será el encargado de moderar la mesa sobre Nuevos instrumentos de evaluación. Muñiz es Catedrático de Psicometría por la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo, y decano de la Facultad de Psicología de la misma universidad. Es así mismo, presidente de la International Test Commission y Vicepresidente de la European Association of Methodology.

 

Prof. J. Muñiz

ENTREVISTA

Profesor Muñiz, ¿cuáles son los instrumentos de evaluación más utilizados en España para el diagnóstico de los Trastornos de Personalidad?

Los psicólogos y psiquiatras españoles disponen de instrumentos clásicos para la evaluación de los Trastornos de Personalidad, tales como el MILLON, MMPI, NEO PI-R, Entrevistas Clínicas estructuradas, o el Inventario de Adjetivos editado por TEA, por citar sólo algunos. Precisamente en este congreso se presentan nuevos datos para población española de algunos instrumentos, tales como la Escala de Depresión de Gunderson (DIDP), o la Entrevista semiestructurada para el Trastorno Borderline de personalidad (DIB-R). Ni que decir tiene que una evaluación rigurosa y diferenciada de los trastornos de personalidad constituye un paso previo e imprescindible para una intervención fundada y eficiente.

La mayoría de los instrumentos de evaluación son elaborados en EEUU y con posterioridad, se validan para la población española. ¿Cuáles son las principales dificultades que nos encontramos hoy en día a la hora de validar estos instrumentos de evaluación?

Es verdad que muchos de los instrumentos de evaluación se elaboran originalmente en otros países y luego se adaptan a la población española, lo cual no es ni bueno ni malo, es lo que ocurre habitualmente con la mayoría de las tecnologías científicas, y los tests no iban a ser una excepción. Lo importante es que el proceso de adaptación se lleve a cabo de forma profesional y rigurosa. Afortunadamente hoy disponemos de unas directrices internacionales elaboradas por la Comisión Internacional de Tests (ITC), donde se establece con detalle la forma adecuada de llevar a cabo la adaptación de los tests y cuestionarios de unos países a otros.

El COP ha participado en la comisión internacional que ha elaborado estas directrices, una versión española de las cuales puede consultarse en su página web, en la sección de la Comisión de Tests. También se puede consultar allí el modelo europeo para la evaluación sistemática de la calidad de los tests.

El error más habitual en la adaptación de un instrumento de evaluación de un país a otro es pensar que todo consiste en hacer una buena traducción.

 

La traducción en sí es una parte muy pequeña y relativamente sencilla del proceso global de adaptación, el cual implica la validación y baremación del test en la nueva población.

No en pocas ocasiones, la dificultad de contar con un buen diagnóstico inicial provoca que, tanto pacientes como familiares, se vean inmersos en un peregrinar por diferentes recursos de salud mental, en busca de un diagnóstico para estos problemas de alto coste personal, familiar y social. ¿Qué consecuencias tiene el uso de estos instrumentos con la práctica clínica?

Con los instrumentos y conocimientos disponibles en la actualidad ya no hay ninguna razón objetiva para ese peregrinar, el profesional especializado y bien preparado sabrá dar respuesta adecuada a la casuística que se le presente.

Desde distintos sectores de la Psicología se ha puesto en evidencia la falta de tratamientos especializados y eficientes para los trastornos de personalidad. Desde su punto de vista, ¿de qué manera se relaciona la ausencia de estos tratamientos especializados con las dificultades que suscitan actualmente los sistemas de clasificación más comúnmente utilizados en la práctica clínica (DSM y CIE)?

La pregunta es de mucho calado, y nos llevaría en última instancia a planteamientos cuasi-filosóficos sobre lo que es la personalidad y sus posibilidades de cambio. Sin ir tan lejos, cabe señalar con cierto optimismo que en la actualidad los psicólogos y psiquiatras intervienen con eficacia razonable en los trastornos graves de personalidad. Claro que existen dificultades y problemas, faltaría más, pero no parece especialmente ingenioso echar todas las culpas a los sistemas de clasificación como el DSM y CIE, que son sólo eso, sistemas clasificatorios de codificación. Queda mucho camino por recorrer, y buena prueba de ello son los interesantes trabajos que se presentan en este congreso, pero también es verdad que ha sido muy importante lo que se ha avanzado, y abundantes los recursos de los que los profesionales disponen en la actualidad para ayudar a sus pacientes con trastornos de personalidad. Creo que hay más motivos para el optimismo que para la desesperanza.

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