El consumo de bebidas energéticas entre niños, niñas y adolescentes se ha convertido en un problema de salud pública de primer orden, con consecuencias directas sobre el sueño, el rendimiento escolar, el estado emocional y la salud mental y física. Con el lema «Dan la lata, no alas», la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA) ha lanzado una campaña de sensibilización dirigida a las familias para advertir de los riesgos reales asociados a estas bebidas y reforzar el papel del entorno familiar como primera barrera de protección.
La iniciativa pone el foco en la normalización social y publicitaria de unos productos que, lejos de aportar beneficios, contienen altas dosis de cafeína, azúcares y otros estimulantes, con efectos especialmente perjudiciales en la infancia y la adolescencia.
Un problema creciente que muchas familias desconocen.
La CEAPA advierte de que una parte importante de las familias desconoce la magnitud del problema y los riesgos reales que el consumo de bebidas energéticas representa para la salud de sus hijos e hijas. Esta falta de información contribuye a la banalización de su consumo, favorecida por una intensa estrategia de marketing que presenta estas bebidas como productos inocuos, asociados al deporte, al ocio o al rendimiento académico.
Sin embargo, los datos actuales relativos a este tipo de bebidas y su consumo dibujan un escenario preocupante: el 47,7% de los y las adolescentes de entre 14 y 18 años consume bebidas energéticas de forma regular, mientras que el 38% de los y las menores de 12 y 13 años ya las ha probado. Especialmente alarmante resulta la combinación con alcohol: uno de cada diez menores de 12 años reconoce haberlas mezclado con bebidas alcohólicas, porcentaje que asciende al 19,5 % entre los adolescentes, una práctica asociada a un mayor riesgo de conductas peligrosas y problemas de salud.

¿Qué hay realmente dentro de una lata?
Uno de los ejes centrales de la campaña es desmontar el mito de que las bebidas energéticas son simples refrescos. Como bien señala la Confederación, su composición dista mucho de la de una bebida convencional y sus ingredientes tienen efectos claros sobre el organismo en desarrollo.
Una sola lata puede contener entre 70 y 80 miligramos de cafeína, una cantidad equivalente a dos o tres cafés consumidos de golpe. A ello se suman entre 27 y 35 gramos de azúcar, lo que supone más del 100% de la ingesta diaria recomendada para menores. Además, suelen incluir otros estimulantes como taurina, guaraná o ginseng, sustancias para las que no existe una regulación específica en población infantil y adolescente.
Desde la CEAPA insisten en una comparación especialmente gráfica: permitir que un menor consuma una bebida energética equivale, en términos de estimulación, a darle varios cafés seguidos, algo que la mayoría de las familias no consideraría aceptable.
Impacto en el sueño, la salud mental y el rendimiento escolar.
La campaña «Dan la lata, no alas» detalla de forma clara los efectos más frecuentes que pueden observarse en casa cuando existe un consumo habitual de este tipo de bebidas. Entre los primeros signos de alerta se encuentran el insomnio o la dificultad para dormir, un problema especialmente relevante si se tiene en cuenta que más de 60 miligramos de cafeína alteran el sueño en adolescentes. La falta de descanso provoca cansancio acumulado y afecta directamente a la memoria, la concentración y el estado de ánimo.
CEAPA también advierte de la aparición de ansiedad, nerviosismo e irritabilidad, síntomas que con frecuencia se atribuyen erróneamente a «cosas de la edad». Cambios bruscos de humor, agresividad o inquietud constante pueden estar directamente relacionados con el consumo de bebidas energéticas.
El bajo rendimiento escolar es otra de las consecuencias señaladas. Diversos estudios científicos muestran que los y las adolescentes que consumen este tipo de productos obtienen peores resultados académicos, en gran medida debido a la alteración del sueño y al impacto negativo sobre los procesos de aprendizaje.
A medio y largo plazo, la Confederación alerta del riesgo de dependencia, ya que la cafeína genera tolerancia y obliga a aumentar progresivamente la cantidad consumida para lograr el mismo efecto. A ello se suman posibles problemas de salud física, como taquicardias, dolor de estómago, cefaleas o aumento de la presión arterial, así como un mayor riesgo futuro de depresión, ansiedad crónica y problemas cardiovasculares.
El papel clave de la familia: información, límites y ejemplo.
La CEAPA subraya que la familia es la primera barrera de protección frente al consumo de bebidas energéticas en menores. Por ello, la campaña ofrece recomendaciones claras y directas para madres y padres, centradas en tres grandes líneas de actuación: informarse y reconocer las señales, hablar con los hijos e hijas y establecer límites claros desde el ejemplo.
En primer lugar, se anima a las familias a estar atentas a signos como el insomnio, la irritabilidad, el nerviosismo constante, el descenso del rendimiento escolar o la petición frecuente de dinero para comprar estas bebidas. Reconocer estas señales es clave para intervenir de forma temprana.
Asimismo, la campaña insiste en la importancia de hablar abiertamente con los hijos e hijas, explicándoles qué contienen realmente estos productos y desmontando el mensaje publicitario que los presenta como fuentes de energía o éxito. CEAPA recuerda que la publicidad vende una fantasía, no la realidad, y que es fundamental trasladar a los menores que se trata de un problema de salud pública.
Finalmente, se hace un llamamiento a establecer límites claros, comenzando por no comprar bebidas energéticas ni permitir su consumo en casa. Ofrecer alternativas saludables, como agua, zumos naturales o batidos caseros, y fomentar hábitos que realmente mejoran la energía —un sueño adecuado, una alimentación equilibrada y la práctica regular de ejercicio— son medidas clave. La Confederación destaca que el ejemplo adulto resulta determinante: si las personas adultas no las consumen, los menores difícilmente las percibirán como algo normal.
Un problema reconocido también a nivel institucional.
La campaña recuerda que la preocupación por el consumo de bebidas energéticas en menores no es exclusiva del ámbito familiar o educativo. La CEAPA señala que Galicia ya ha prohibido su venta a menores de 18 años, y que Asturias y, al menos, otras siete comunidades autónomas están tramitando prohibiciones similares.
Para la Confederación, este dato resulta especialmente significativo: si se trata de productos inofensivos, no existirían iniciativas legislativas orientadas a restringir su acceso a la población menor de edad. Este reconocimiento institucional refuerza el mensaje central de la campaña y la necesidad de actuar desde todos los ámbitos.
Sensibilizar para proteger.
Con esta iniciativa,se busca concienciar a la sociedad sobre los riesgos asociados al consumo de bebidas energéticas en la infancia y la adolescencia, empoderando a las familias con información clara, datos contrastados y mensajes directos. La campaña insiste en que prevenir su consumo es una medida eficaz para proteger la salud, el bienestar emocional y el desarrollo académico de niños, niñas y adolescentes.
Toda la información relativa a la campaña, se encuentra disponible en la página web de la CEAPA.
