Las intervenciones dirigidas a reducir la soledad consiguen disminuir este problema en personas de todas las edades, tanto a corto como a medio plazo. Entre las distintas estrategias evaluadas, las intervenciones psicológicas son las que muestran los mejores resultados, aunque los autores advierten de que la calidad metodológica de buena parte de la evidencia disponible es limitada y reclaman investigaciones más rigurosas para determinar con mayor precisión qué intervenciones funcionan mejor y para quién.
Estas son las principales conclusiones de un metaanálisis publicado en la revista American Psychologist, elaborado por un equipo internacional de investigadores, que revisó la evidencia disponible sobre la eficacia de las intervenciones para reducir la soledad. El trabajo identificó 312 estudios y pudo incluir 280 en el metaanálisis, convirtiéndose en la revisión más amplia realizada hasta la fecha sobre esta cuestión.
Una revisión de más de 300 estudios.
La revisión incluyó ensayos clínicos aleatorizados, estudios de cohortes con grupo de comparación y estudios de un solo grupo. En total, los autores analizaron intervenciones dirigidas a personas de todas las edades, desde la infancia hasta la vejez, siempre que su objetivo principal fuera reducir la soledad. La búsqueda bibliográfica incluyó publicaciones científicas, informes, tesis y otras publicaciones no editadas en revistas científicas.
De los 312 estudios identificados, 146 fueron ensayos clínicos aleatorizados, 40 estudios multicohorte y 126 estudios de un solo grupo. Más de la mitad de las investigaciones se publicaron entre 2020 y 2024, y el 54% se centró en personas de 65 años o más. La mayoría de los estudios incluyó menos de 100 participantes y utilizó la UCLA Loneliness Scale para evaluar la soledad.
Beneficios a corto y medio plazo.
El metaanálisis mostró una reducción pequeña o moderada de la soledad a corto plazo. Los resultados disponibles también indicaron que los beneficios se mantienen entre uno y seis meses después de la intervención. Según los autores, estos efectos fueron comparables a los observados inmediatamente después de finalizar los programas.
Otro hallazgo relevante fue la ausencia de diferencias estadísticamente significativas entre grupos de edad. Este resultado sugiere que las intervenciones pueden ser útiles en niños, adolescentes, personas adultas y mayores.

Las intervenciones psicológicas muestran los mejores resultados.
Los investigadores clasificaron las intervenciones en cinco grandes categorías. Estas fueron las intervenciones psicológicas, el entrenamiento en habilidades sociales y emocionales, las intervenciones para ampliar las redes sociales, las intervenciones de apoyo social y los programas de psicoeducación.
Entre todas ellas, las intervenciones psicológicas obtuvieron los mejores resultados. Presentaron un efecto moderado y, en algunos análisis, elevado. Esta conclusión se apoya en un elevado número de investigaciones. Entre ellas se incluyen 48 ensayos clínicos aleatorizados, lo que aporta mayor solidez a los resultados.
Según los autores, estas intervenciones actúan sobre procesos psicológicos relacionados con la soledad. Entre ellos se encuentran los sesgos cognitivos, el estado de ánimo bajo y las conductas de evitación. Estos procesos también aparecen en otros problemas de salud mental.
Las intervenciones centradas en habilidades sociales y emocionales también redujeron la soledad. Lo mismo ocurrió con las destinadas a fortalecer las redes sociales y el apoyo social. Sin embargo, sus efectos fueron, por lo general, más modestos.
La calidad de la evidencia aún debe mejorar.
Pese a los resultados favorables, los autores recomiendan interpretar los hallazgos con cautela. La confianza en la evidencia fue calificada como baja o muy baja. Esta valoración responde a limitaciones metodológicas presentes en numerosos estudios. Entre ellas figuran procedimientos de aleatorización poco claros, tamaños muestrales reducidos, pérdidas durante el seguimiento y riesgo de sesgos.
Además, muchas investigaciones no reclutaron específicamente a personas que experimentaban soledad. Esta circunstancia podría limitar la capacidad para detectar el verdadero efecto de las intervenciones. Los autores también reclaman criterios más claros para identificar distintos niveles de soledad. Asimismo, consideran necesario comprender mejor qué cambios representan mejoras clínicamente relevantes para las personas participantes.
Más investigación y evaluaciones rigurosas
Los autores concluyen que la evidencia disponible respalda la eficacia de las intervenciones para reducir la soledad a lo largo de toda la vida. También consideran que las intervenciones psicológicas constituyen actualmente la estrategia más prometedora. Sin embargo, subrayan la necesidad de realizar evaluaciones con mayor calidad metodológica. El objetivo es identificar qué intervenciones funcionan mejor, en qué circunstancias y para qué perfiles de población. Además, destacan la importancia de impulsar más intervenciones comunitarias y sociales. También recomiendan evaluar sus resultados de forma sistemática.
Fuente.
Lasgaard, M., Qualter, P., Løvschall, C., Laustsen, L. M., Lim, M. H., Sjøl, S. E., Burke, L., Blæhr, E. E., Maindal, H. T., Hargaard, A.-S., Christensen, R., & Christiansen, J. (2026). Are loneliness interventions effective for reducing loneliness? A meta-analytic review of 280 studies. American Psychologist, 81(1), 36–52. https://doi.org/10.1037/amp0001578
