Los niños, niñas y adolescentes que reciben tratamiento farmacológico para el trastorno depresivo mayor presentan un riesgo elevado de experimentar insomnio durante las primeras seis a doce semanas de tratamiento. Así lo concluye un estudio publicado en la revista Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, que ha analizado datos de miles de pacientes jóvenes para esclarecer los efectos secundarios de estos fármacos. El artículo subraya la importancia de vigilar la calidad del sueño en esta población, puesto que el insomnio no es solo un efecto adverso molesto, sino un factor que puede complicar la recuperación y el curso clínico de la depresión.

Foto: Freepik. Autor; Freepik. Descarga: 10/12/2025.
Metodología.
El equipo de investigación llevó a cabo una revisión sistemática y un metanálisis, seleccionando ensayos controlados aleatorizados de las principales bases de datos científicas hasta agosto de 2023.
Se incluyeron un total de 20 ensayos centrados en el trastorno depresivo mayor, abarcando a 5.357 participantes menores de 18 años. Adicionalmente, para las comparaciones con otros diagnósticos, se incorporaron 8 ensayos sobre trastornos de ansiedad y trastorno obsesivo-compulsivo con 1.271 participantes. Se incluyó la evaluación del riesgo de sesgo de cada ensayo, asegurando que la calidad de la evidencia fuera adecuada para realizar las estimaciones presentadas.
Un incremento del riesgo cuantificado.
El análisis exhaustivo realizado por los autores revela que el tratamiento con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y con inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina se asocia con un aumento de 1,65 veces en las probabilidades de sufrir insomnio en comparación con el uso de placebo. Para poner estas cifras en una perspectiva más clara para los pacientes y sus familias, los investigadores explican que esto equivale aproximadamente a que 6 de cada 100 jóvenes tratados con antidepresivos experimentarán insomnio, frente a 4 de cada 100 que lo harían si recibieran un placebo.
Los investigadores destacan que, aunque el incremento del riesgo es considerado modesto, es estadísticamente significativo. Este hallazgo es consistente con investigaciones previas realizadas en adultos, lo que sugiere un patrón en la reacción a estos fármacos. Sin embargo, los autores enfatizan que no se encontraron diferencias significativas en cuanto al riesgo de insomnio entre las dos clases principales de medicamentos estudiados (los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina), lo que implica que ambas familias de fármacos comparten un perfil similar en lo que respecta a la alteración del sueño en pacientes con depresión.
Diferencias notables según el trastorno tratado.
Uno de los hallazgos más interesantes que señala el estudio es que el riesgo de desarrollar insomnio no es uniforme para todos los diagnósticos psiquiátricos. Los investigadores realizaron un análisis comparativo incluyendo datos de jóvenes con trastornos de ansiedad y trastorno obsesivo-compulsivo. Los resultados mostraron que el riesgo de insomnio como efecto secundario es significativamente mayor en niños, niñas y adolescentes tratados por ansiedad o trastorno obsesivo-compulsivo que en aquellos tratados por depresión mayor.
En concreto, mientras que en la depresión el riesgo aumenta 1,62 veces, en los trastornos de ansiedad y obsesivo-compulsivos este riesgo se dispara a 2,89 veces en comparación con el placebo. Los autores sugieren que esta variabilidad podría deberse a la propia naturaleza de los trastornos; puesto que los pacientes con ansiedad pueden tener niveles basales de activación más altos, serían más sensibles a los efectos estimulantes de los antidepresivos durante la fase aguda del tratamiento.
Variabilidad entre los distintos medicamentos.
El estudio profundiza en los perfiles individuales de varios antidepresivos de uso común, proporcionando información valiosa para la toma de decisiones clínicas. Según los datos presentados, la sertralina se identificó como el fármaco con las probabilidades más altas de provocar insomnio entre aquellos con evidencia suficiente (basada en tres o más estudios), mostrando una probabilidad más de tres veces mayor que el placebo. Por otro lado, la duloxetina presentó las probabilidades más bajas dentro de este grupo comparativo.
La fluoxetina, que cuenta con la mayor base de evidencia al haber sido objeto de diez ensayos clínicos, mostró un riesgo que se alinea con el promedio general de los fármacos estudiados. Los autores también mencionan el caso del levomilnacipran, que mostró probabilidades más bajas de insomnio en relación con el placebo, aunque advierten que este resultado debe interpretarse con cautela puesto que se basa en un único ensayo controlado aleatorizado.
Implicaciones clínicas y el vínculo con la conducta suicida.
La importancia de este estudio radica no solo en la cuantificación del insomnio, sino en sus consecuencias para la salud mental de los jóvenes. Los investigadores hacen hincapié en que el insomnio puede influir negativamente en el curso clínico de la depresión. Así, existe evidencia de que los problemas de sueño no tratados pueden reducir la eficacia del tratamiento antidepresivo y están asociados con síntomas depresivos más graves.
Además, los autores abordan un tema de gran sensibilidad: el riesgo de suicidio. Señalan que el insomnio es un factor de riesgo importante para la ideación y el comportamiento suicida en los jóvenes. La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos ya advierte, mediante recuadros negros en los prospectos, sobre el riesgo de suicidio asociado a estos fármacos en población pediátrica. Puesto que el insomnio puede exacerbar estos pensamientos, los investigadores sugieren que tratar los problemas de sueño emergentes podría ser una estrategia clave para mitigar el riesgo de suicidio relacionado con los antidepresivos.
Estrategias de manejo propuestas.
El artículo no solo alerta sobre los riesgos, sino que discute posibles vías de intervención. A este respecto, los autores destacan el potencial de la terapia cognitivo-conductual para el insomnio como tratamiento de primera línea, dada su eficacia probada y la ausencia de efectos secundarios farmacológicos. En cuanto al uso de medicamentos hipnóticos o sedantes para contrarrestar el insomnio, los investigadores se muestran cautos. Señalan que la evidencia para el uso de fármacos como las benzodiazepinas o la melatonina en jóvenes es limitada y, en algunos casos, controvertida debido a los perfiles de tolerabilidad y seguridad.
Fuente.
Türkmen, C., Machunze, N., Lee, A. M., Bougelet, E., Ludin, N. M., de Cates, A. N., … & van Dalfsen, J. H. (2025). Systematic Review and Meta-Analysis: The Association Between Newer-Generation Antidepressants and Insomnia in Children and Adolescents With Major Depressive Disorder. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 64(10), 1148-1164.
