La precariedad económica, los desahucios y la inseguridad laboral pueden transformar profundamente la identidad de las personas afectadas, impulsándolas hacia formas de activismo colectivo motivadas por la necesidad de sobrevivir. Así lo concluye un estudio publicado en la revista Political Psychology, que analiza cómo personas en situación de vulnerabilidad desarrollaron nuevas identidades políticas y comunitarias tras participar en movimientos sociales surgidos durante la crisis económica en España.
La investigación, desarrollada durante nueve años por Lucia Garcia-Lorenzo, Lucia Sell-Trujillo y Paul Donnelly, se centró en dos colectivos sevillanos nacidos tras la Gran Recesión: Corrala Utopía, integrado por familias afectadas por desahucios y dificultades económicas, y Flo6x8, un grupo de “guerrilla flamenca” que realizaba intervenciones artísticas en bancos y espacios públicos contra las políticas de austeridad.
El activismo por necesidad.
Los autores identifican este fenómeno como “activismo por necesidad”, una forma de participación política impulsada no tanto por convicciones ideológicas previas, sino por necesidades materiales urgentes, como conservar la vivienda, alimentar a la familia o evitar la exclusión social.
El estudio muestra cómo muchas personas participantes atravesaron inicialmente desempleo, pobreza, amenazas de desahucio y dependencia de ayudas sociales. En ese contexto, describían sentimientos de culpa, vergüenza y estigmatización social, al percibirse etiquetadas como personas irresponsables o incapaces de mantener una vida estable.
De la culpa a la acción colectiva.
La incorporación a los colectivos favoreció un proceso de reconstrucción identitaria. Compartir experiencias con otras personas en situaciones similares permitió desarrollar vínculos de apoyo mutuo, transformar la culpa en reivindicación y empezar a verse como sujetos capaces de actuar políticamente.
Los investigadores explican que muchas personas dejaron de interpretar sus problemas como fracasos individuales y comenzaron a relacionarlos con factores estructurales, como las políticas de austeridad, el desempleo o el funcionamiento del sistema financiero.

Apoyo mutuo y pertenencia.
El trabajo destaca que la vida colectiva tuvo un papel central en este proceso. Las prácticas compartidas —como la organización de protestas, el apoyo vecinal, la toma de decisiones conjunta o la ayuda cotidiana entre familias— contribuyeron a generar sentimientos de pertenencia, protección y reconocimiento social.
Estas experiencias permitieron a algunas personas pasar de una posición marcada por la exclusión y la dependencia de ayudas a una identidad más activa, vinculada a la defensa de derechos y a la participación comunitaria.
El impacto psicológico del activismo prolongado.
Aunque el activismo generó sentimientos de empoderamiento, pertenencia y fortalecimiento personal, el trabajo también advierte del importante desgaste psicológico y emocional asociado a una implicación prolongada en contextos de precariedad.
Algunos participantes describieron agotamiento extremo, estrés continuo y dificultades para compatibilizar la militancia con su vida familiar y personal, lo que acabó provocando procesos de retirada y abandono del activismo. No obstante, otras personas lograron integrar el compromiso social en formas más sostenibles de participación comunitaria, manteniendo prácticas de apoyo mutuo y compromiso político adaptadas a sus circunstancias personales.
Los autores consideran que sus hallazgos ayudan a comprender mejor cómo la precariedad económica puede influir en los procesos psicológicos relacionados con la identidad, el sentido de pertenencia y la participación colectiva, así como la necesidad de incorporar mecanismos de cuidado y apoyo dentro de los propios movimientos sociales.
Fuente.
Garcia-Lorenzo, L., Sell-Trujillo, L., & Donnelly, P. (2026). When survival becomes politics: Necessity activism and identity work under precarity. Political Psychology, 47, e70119. https://doi.org/10.1111/pops.70119
