El exceso de estímulos visuales en el aula puede perjudicar el aprendizaje, según un estudio
20 Oct 2026

La evidencia científica advierte de que el exceso de estímulos visuales en las aulas, lejos de favorecer el aprendizaje, puede perjudicar la atención, la memoria y el rendimiento académico del alumnado, al incrementar la carga cognitiva y consumir recursos mentales esenciales para el aprendizaje. Simplificar el entorno físico educativo y diseñarlo de manera intencional, alineándolo con el funcionamiento del cerebro, se perfila así como una medida clave para mejorar la concentración y los resultados educativos.

Así lo afirma un artículo publicado en la revista Nature Human Behaviour, a través del cual se analiza cómo el diseño de las aulas, especialmente, la sobrecarga de elementos visuales, influye en los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje, poniendo de relieve la necesidad de integrar los principios de la teoría de la carga cognitiva en los entornos educativos físicos.

El trabajo parte de una constatación relevante: aunque en las últimas décadas se han producido avances significativos en la aplicación de la teoría de la carga cognitiva al diseño instruccional, estos principios no se han trasladado de forma sistemática al diseño físico de las aulas. Desde el enfoque de la cognición corporizada, el aprendizaje no depende únicamente de las operaciones mentales, sino también del contexto físico en el que estas se desarrollan. Sin embargo, en la práctica educativa, ambos planos siguen estando desconectados.

En este sentido, el artículo advierte de que una práctica ampliamente extendida como es el decorar las aulas con abundantes materiales visuales, carteles, colores y elementos decorativos, puede resultar contraproducente desde el punto de vista cognitivo. Aunque culturalmente se asocia a entornos educativos estimulantes y enriquecedores, la evidencia indica que estos espacios pueden generar una sobrecarga de información que interfiere con el aprendizaje.

Fuente: freepik. Descarga: 18/03/26.
Sobrecarga visual y efectos en la atención y la memoria.

Diversas investigaciones citadas en el artículo muestran que la exposición a altos niveles de estimulación visual incrementa la carga cognitiva extrínseca, es decir, aquella que no está directamente relacionada con la tarea de aprendizaje, consumiendo recursos de la memoria de trabajo que deberían destinarse a procesar la información relevante.

En concreto, estudios experimentales han demostrado que los niños y las niñas presentan un peor rendimiento en tareas de atención y memoria cuando se encuentran en entornos visualmente sobrecargados. Asimismo, tanto niños/as con desarrollo típico como aquellos/as con autismo muestran una menor atención a las tareas de aprendizaje en aulas altamente decoradas. Este efecto, además, no desaparece con la habituación: la distracción persiste incluso tras exposiciones repetidas a estos entornos.

Estos hallazgos ponen de manifiesto que el impacto del diseño del aula no es meramente anecdótico. De hecho, uno de los datos más relevantes recogidos en el artículo indica que factores ambientales como la iluminación, la disposición del espacio o la organización visual pueden explicar hasta un 16% de la variación en los resultados de aprendizaje del alumnado, una magnitud comparable a la influencia de la calidad docente.

Persistencia de «neuromitos» en la práctica educativa.

A pesar de esta evidencia, persiste la creencia de que una mayor estimulación visual favorece el desarrollo cognitivo. Esto es un «neuromito» ampliamente extendido: cerca del 70% del profesorado en formación lo respalda, lo que contribuye a mantener prácticas educativas que no se ajustan al conocimiento científico actual.

Esta situación resulta especialmente relevante en determinados contextos, como los países del Sur Global. El texto pone como ejemplo el caso de Brasil, donde es habitual decorar las aulas con numerosos elementos visuales —carteles informativos, materiales temáticos, bordes alfabéticos o motivos estacionales—, como indicador de un entorno pedagógico rico y motivador. Sin embargo, esta práctica puede generar una demanda constante sobre los sistemas atencionales del alumnado, agravando las dificultades de aprendizaje, sobre todo, en aulas ya de por sí saturadas o con limitaciones estructurales.

Una brecha entre la evidencia científica y el diseño educativo.

El artículo subraya que, décadas después de los trabajos fundamentales sobre carga cognitiva, todavía no existe un marco ampliamente adoptado que traduzca estos principios en directrices claras para el diseño de aulas. Esta laguna resulta llamativa si se tiene en cuenta el creciente cuerpo de evidencia que demuestra la importancia del contexto físico en los procesos de aprendizaje.

Desde esta perspectiva, el entorno educativo debe concebirse como un «ecosistema cognitivo», en el que cada elemento —incluidos los estímulos visuales— debe estar cuidadosamente diseñado para apoyar, y no interferir, en los procesos de atención, memoria y aprendizaje.

Recomendaciones: hacia un diseño intencional de las aulas.

Lejos de proponer la eliminación total de elementos visuales, el artículo aboga por un enfoque basado en la intencionalidad y la relevancia pedagógica. En concreto, se destacan varias recomendaciones clave:

  • Los elementos visuales deben estar directamente relacionados con los contenidos de aprendizaje en curso, evitando la inclusión de materiales irrelevantes que compitan por la atención del alumnado.
  • La organización del espacio debe guiar la atención de forma clara, facilitando la focalización en la información relevante y reduciendo la carga cognitiva innecesaria.
  • Se plantea la necesidad de trasladar estos principios a diversos contextos educativos, no solo en la educación primaria, sino también en la educación superior, la formación de adultos y los entornos virtuales, donde el exceso de estímulos visuales puede igualmente dificultar la concentración y la retención de la información.
  • Por otro lado, el artículo enfatiza la importancia de promover un cambio cultural en el diseño educativo. Esto implica revisar los programas de formación del profesorado para eliminar «neuromitos» y alinear las prácticas docentes con la evidencia científica sobre cómo procesa la información el cerebro.
  • Del mismo modo, se señala la trascendencia de que las políticas educativas incorporen los principios de la ciencia cognitiva en los estándares de infraestructura y diseño de los espacios educativos, especialmente en contextos donde las condiciones estructurales ya representan un desafío para el aprendizaje.
Conclusión: ver claramente para pensar mejor.

En definitiva, el artículo plantea una reflexión de gran relevancia para el ámbito educativo: si el objetivo es mejorar el aprendizaje, es imprescindible reconsiderar no solo qué se enseña y cómo se enseña, sino también dónde se enseña.

El diseño de las aulas, lejos de ser un aspecto secundario, constituye un elemento central en los procesos de aprendizaje. Reducir la sobrecarga visual y estructurar los espacios de manera coherente con el funcionamiento cognitivo no solo favorece la atención y la memoria, sino que puede traducirse en mejoras significativas en el rendimiento académico.

Tal y como concluye el autor, si se pretende que el alumnado piense con claridad, es necesario, en primer lugar, ayudarle a ver con claridad.


Fuente.

Dos Santos, J.C.C. (2026). Rethinking classroom design to improve learning. Nature Human Behaviour, 10, pp. 206–207 . https://doi.org/10.1038/s41562-025-02386-0

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