En los últimos años, la investigación realizada sobre la desinformación ha planteado un desafío incómodo para la psicología: ¿sirve realmente corregir la información falsa? El metaanálisis de Chan y Albarracín publicado en Nature Human Behaviour, en el año 2023, concluía que los intentos de corregir la desinformación científica no eran eficaces, una afirmación que rápidamente se difundió en la literatura y en el debate relacionado con sus posibles aplicaciones. Sin embargo, un nuevo artículo titulado Corrections are effective for science misinformation –Las correcciones son eficaces para atajar la desinformación en ciencia–(Butler et Al., 2025) publicado, igualmente, en Nature Human Behaviour, cuestiona ahora de forma rigurosa esa conclusión y ofrece una clarificación con implicaciones importantes para la psicología.
El trabajo, firmado por Butler et Al, no presenta nuevos experimentos, sino una revisión crítica y un reanálisis metodológico de ese metaanálisis previo. Su conclusión es clara: las correcciones sí son eficaces para reducir la desinformación científica, y la aparente ausencia de efecto se debió a la forma en que se combinaron los resultados.
Dos efectos distintos que no deberían mezclarse.
El núcleo del argumento reside, según Butler y col., en una distinción conceptual fundamental para la psicología cognitiva y social. Los autores explican que los estudios sobre corrección de la desinformación suelen comparar la condición de corrección con dos tipos de controles distintos:
- Control con desinformación: personas que han recibido la información falsa, pero no la corrección.
- Control sin desinformación: personas que nunca han estado expuestas a la información falsa.
La comparación entre la corrección y el primer tipo de control mide, según indican, lo que se conoce como efecto de corrección: hasta qué punto las personas actualizan sus creencias tras recibir información correctora. La comparación con el segundo control mide el efecto de persistencia de la desinformación, es decir, cuánta de la influencia inicial persiste incluso después de la corrección.

Según los autores, el metaanálisis previo combinó ambos efectos en una única estimación agregada, tratándolos como si reflejaran el mismo fenómeno. Desde una perspectiva psicológica, esta decisión sería problemática, ya que ambos contrastes responden a procesos distintos: actualización de creencias frente a influencia residual de la información previa.
Qué ocurre cuando se separan los efectos.
Al repetir el análisis separando ambos tipos de efecto —y utilizando, por lo demás, los mismos métodos estadísticos— los resultados cambian, según indica el artículo, de forma sustancial. El reanálisis muestra un efecto medio de corrección moderado y estadísticamente significativo, así como un efecto significativo de persistencia de la desinformación.
Esta coexistencia no es contradictoria. Como subrayan los autores, la literatura psicológica ha demostrado de forma consistente que las correcciones suelen reducir la creencia en información falsa, pero rara vez la eliminan por completo. Medir la eficacia de una corrección en función de si borra totalmente el efecto previo conduce, por tanto, a conclusiones erróneas.
El artículo ilustra este punto con un ejemplo: una corrección puede reducir significativamente la creencia en una afirmación falsa en comparación con quienes no reciben la corrección, aunque esas creencias no vuelvan al nivel de quienes nunca estuvieron expuestos a la desinformación. Interpretar este resultado como un “fracaso” supone desconocer cómo funciona la memoria y el aprendizaje humano, según los autores.
Relevancia para la psicología científica y aplicada.
Esta aclaración tiene implicaciones directas para la psicología en varios niveles. En primer lugar, corrige una narrativa pesimista que había comenzado a asentarse: la idea de que corregir la desinformación científica “no sirve”. Según el artículo, citar el metaanálisis original como prueba de ineficacia es metodológicamente incorrecto y puede llevar a decisiones erróneas en investigación, intervención y política científica.
En segundo lugar, el artículo refuerza una idea central para la psicología cognitiva: la persistencia parcial de la información errónea no implica que la corrección haya fracasado. Esperar una eliminación completa del efecto es incompatible con lo que sabemos sobre memoria, interferencia y recuperación de la información.
Aplicabilidad: por qué no abandonar las correcciones.
Desde una perspectiva aplicada, el mensaje es especialmente relevante. Si se asume que las correcciones no funcionan, se corre el riesgo de infrautilizar una de las herramientas más eficaces disponibles contra la desinformación científica. El artículo advierte explícitamente de este peligro: una interpretación errónea de los metaanálisis puede conducir a abandonar intervenciones útiles.
Para los y las profesionales de la psicología que trabajan en el ámbito de la divulgación científica, la educación, la salud pública o el diseño de mensajes correctores, este trabajo ofrece una base empírica sólida para seguir apostando por la corrección, con expectativas realistas: reducir la creencia en información falsa es un objetivo alcanzable y relevante, incluso si no se logra una reversión total.
Una llamada a la precisión metodológica.
En última instancia, el artículo publicado en Nature Human Behaviour es, también, una defensa del rigor conceptual y metodológico en psicología. No todas las preguntas se responden con un único índice agregado, según señala, y no todos los “efectos nulos” significan ausencia de impacto. En un campo tan sensible como el de la desinformación, medir bien es tan importante como intervenir.
Fuente.
Butler, L. H., DeGutis, J., Tay, L. Q., Ecker, U. K. H., & Swire-Thompson, B. (2025). Corrections are effective for science misinformation. Nature Human Behaviour. https://doi.org/10.1038/s41562-025-02245-y
