Es esencial evitar las prácticas coercitivas en salud mental en pro de medidas basadas en los DDHH
23 Jun 2023

Las medidas coercitivas pueden causar trauma, obstaculizar la recuperación de las personas, dificultar la alianza terapéutica, desalentar la confianza en los sistemas de salud mental, impedir que las personas usuarias de los servicios y sus familias busquen ayuda en el futuro y aumentar el estigma de la mala salud mental.

Así lo advierte la EUFAMI (European Federation of Associations of Families of People with Mental Illness-Federación Europea de Asociaciones de Familiares de Personas con Enfermedad Mental) -organización internacional sin ánimo de lucro orientada a mejorar la atención y el bienestar de las personas con trastorno mental-, en un documento de posicionamiento a través del cual pone de relieve el impacto negativo de las prácticas coercitivas en salud mental y aboga por llevar a cabo desde estos servicios otro tipo de prácticas basadas en los derechos humanos.

Fuente: freepik. Autor: prostooleh. Fecha: 06/06/23
Los servicios de salud mental en Europa siguen aplicando medidas coercitivas

Tal y como señala en su comunicado, las prácticas coercitivas, tales como el ingreso involuntario, la reclusión, las restricciones físicas o la administración forzada de psicofármacos, se utilizan en los servicios de salud mental de todos los países europeos. A este respecto, “en algunos países, se utiliza el tratamiento ambulatorio forzoso, y se observa cómo las tasas de hospitalizaciones involuntarias en Europa difieren entre países”.

De acuerdo con la EUFAMI, entre los motivos aducidos por los profesionales para justificar la admisión obligatoria, suelen destacar la necesidad manifiesta de tratamiento “al que las personas no pueden o no quieren dar su consentimiento, y que no puede brindarse de manera segura y efectiva en la comunidad”, o la preocupación ante el riesgo de que la persona pueda autolesionarse o dañar a otros si no se aplican medidas coercitivas.

Sin embargo, aunque está regulado por la legislación nacional, la Federación recuerda que el ingreso involuntario y las medidas coercitivas entran en conflicto con un tratamiento basado en el consentimiento informado, la toma de decisiones compartida y la atención centrada en la recuperación.

El impacto negativo de las prácticas coercitivas en las personas y sus familias

Según indica, a pesar de que existen pocos datos sobre el beneficio de las medidas coercitivas, en cuanto a eficiencia, eficacia o efectividad, estas se utilizan entre el 20% y el 60% de las personas ingresadas en los servicios de salud mental en varios países europeos. Suelen asociarse con una mayor duración del tratamiento hospitalario y la medicación forzada tiene un impacto significativo en el rechazo al tratamiento por parte de las personas.

De hecho, afirma, la aplicación de medidas “se vive como una experiencia aterradora y angustiosa para la mayoría”, con una serie de consecuencias negativas, tanto físicas como psicológicas: pueden causar trauma, obstaculizar la recuperación de las personas, dificultar la alianza terapéutica, desalentar la confianza en los sistemas de salud mental, impedir que las personas usuarias de los servicios y sus familias busquen ayuda en el futuro y aumentar el estigma de la mala salud mental. La restricción también puede provocar dolor, lesiones e incluso la muerte.

Tanto las personas que sufren medidas coercitivas como sus familias, revelan sentimientos de pérdida de dignidad, degradación, desmoralización, humillación, ansiedad, desempoderamiento, impotencia así como rechazo por parte del personal sanitario.

Dado lo anterior, la EUFAMI manifiesta que “la práctica coercitiva es contraterapéutica” y es fruto de “la incapacidad de los servicios de salud mental para responder con alternativas no coercitivas”.

Es necesaria una transformación de los sistemas de atención a la salud mental

A su juicio, factores como la falta de personal, la escasa formación y capacitación del personal laboral, la falta de habilidades de comunicación y de una cultura terapéutica, se asocian con un mayor riesgo de uso de prácticas coercitivas. El entorno físico de una unidad de salud mental, incluido el espacio insuficiente, la falta de higiene, el ruido, la inactividad, la falta de privacidad y un ambiente hostil, son factores que influyen también en el aumento de este riesgo.

Ante esto, considera necesario que se lleve a cabo una transformación de los sistemas de atención a la salud mental, para lograr el cambio de cultura de servicio que se requiere para eliminar y/o reducir el uso del tratamiento coercitivo.

En esta misma línea, la OMS recomienda un cambio en la cultura de la organización hacia la recuperación (cognitiva, psicológica y física), la atención informada sobre el trauma y el respeto de los derechos humanos, donde el aislamiento y la restricción se consideran un fallo del tratamiento, con alto riesgo de causar trauma y otras consecuencias negativas.

Es fundamental cambiar la cultura de servicios, si bien EUFAMI reconoce las dificultades de emprender este cambio, debido a la larga duración del patrón de valores, creencias, reglas y prácticas compartidas.

Principios para prevenir o reducir la práctica coercitiva en los servicios de salud mental

La Federación incide en la trascendencia de buscar alternativas a las medidas de coerción. En su documento de posicionamiento destaca la importancia de brindar el tratamiento sobre la base del consentimiento informado, respetando la autonomía de la persona y, en su caso, de las familias involucradas, para tomar decisiones sobre su propio tratamiento. En caso de que una persona tenga dificultades para tomar decisiones en torno a su tratamiento, el servicio la apoyará y/o animará a personas de su confianza para que le ayuden a tomar una decisión autónoma.

Cuando ha fallado el apoyo a la toma de decisiones, subraya la relevancia de que las decisiones del personal del servicio de salud mental se basen en principios éticos, así como “en el mejor conocimiento de los deseos de la persona o en la mejor interpretación posible de sus deseos”.

De este modo, recuerda, cualquier intervención legislativa que autorice la práctica coercitiva “debe estar actualizada y basada en la protección de los derechos humanos y la dignidad”.

Es clave un enfoque basado en los derechos humanos

Para minimizar y/o eliminar la práctica coercitiva en salud mental, la EUFAMI señala la obligación de capacitar y formar a los y las profesionales que trabajan en estos servicios en temas de habilidades de desescalada, derechos humanos, ética médica, legislación de salud mental, alternativas al ingreso involuntario y al uso de medidas coercitivas, así como en cultura de recuperación.

Concluye incidiendo en que la protección eficaz de los derechos humanos y la recuperación de las personas con problemas de salud mental, proviene del acceso a tratamientos y a servicios de salud mental voluntarios, que sean integrales, basados en la comunidad, orientados a la recuperación, informados sobre el trauma y culturalmente competentes.

Se puede acceder al documento de posicionamiento desde la página Web de la EUFAMI o bien directamente aquí:

EUFAMI Position Paper on Coercive Practice in Mental Health Services

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