España está experimentando un momento demográfico sin precedentes: en 2025, el índice de envejecimiento alcanzó un récord histórico, con 148 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16, según el análisis «Envejecimiento y edadismo laboral” (2026) elaborado por la Fundación Adecco, a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), una cifra que, según indican, ha crecido 5,7 puntos porcentuales respecto al año anterior y que refleja una transformación profunda del equilibrio generacional en la sociedad.
Estos datos, según señala la Fundación Adecco (2026), no son una simple estadística, sino que apuntan a un diagnóstico estructural con efectos directos sobre la configuración del mercado de trabajo, las dinámicas intergeneracionales y el bienestar psicológico de las personas en edad laboral y de mayor edad.
¿Qué significa el índice de envejecimiento de 148%?
La Fundación Adecco ha calculado este índice comparando la población mayor de 64 años con las personas menores de 16 años. Que la cifra supere el 100% indica que hay más personas en edad próxima a la jubilación que jóvenes próximos a incorporarse al mercado laboral. En 1999, esta ratio era prácticamente de equilibrio (99,8%). Desde entonces, señala el análisis, la tendencia ha sido constante hacia el envejecimiento, acelerándose de manera más marcada en la última década.

Este desequilibrio tiene efectos tangibles de cara a la población activa y en la estructura social en general: por cada tres personas que se jubilarán en la próxima década, solo una joven se incorporará al mercado laboral, generando una brecha de relevo generacional de más de 3,5 millones de personas.
De una matriz demográfica a un foco de atención profesional.
Cuando el tejido social envejece tan rápidamente, emergen retos tanto cuantitativos como cualitativos. La pirámide poblacional, más equilibrada en décadas anteriores, ahora inclina su base hacia cohortes mayores, lo que va a condicionar no solo las políticas públicas y los sistemas de pensiones, sino también la atención a la salud mental, las dinámicas de empleo y las expectativas de ciclo vital de millones de personas.
Para la psicología, no se trata de un dato sin importancia, sino que representa un cambio en las vidas, las historias de identidad y las trayectorias profesionales de buena parte de la población activa y próxima a ella.
Envejecimiento laboral: una transformación que obliga a repensar prácticas y discursos.
El análisis de Adecco sitúa en el centro la relación entre envejecimiento demográfico y mercado de trabajo. La creciente proporción de mayores de 64 años no solo altera el equilibrio entre generaciones en la sociedad, sino que también reconfigura las señales del empleo: con más personas mayores activas o en búsqueda de trabajo, y con una población joven reducida, las organizaciones y profesionales se enfrentan a un reto de adaptación sin precedentes.
Desde la perspectiva psicológica, este escenario es relevante por varias razones:
- Identidad profesional y ciclo vital: el paso del empleo activo a la jubilación deja de ser una transición homogénea o temprana. Para muchas personas, especialmente entre los 50 y 64 años, el trabajo se prolongaría más allá de lo esperado, generando nuevos interrogantes sobre el sentido de vida, la autoestima y el propósito.
- Relevancia social del rol laboral: el trabajo ha sido, tradicionalmente, una fuente de reconocimiento social, estructura temporal y pertenencia grupal. Al cambiar la composición etaria –de los grupos de edad– de la fuerza laboral, estas funciones psicológicas del empleo también cambian, con efectos potenciales en la motivación, el compromiso y el bienestar subjetivo entre las personas de mayor edad.
Estrategias organizacionales y bienestar psicológico.
El análisis de Adecco, aunque centrado en cifras de población y patrones laborales, pone también de relieve aspectos que afectan directamente a la psicología del trabajo y de las organizaciones, entre ellos:
- El envejecimiento de la fuerza laboral puede traducirse, según el propio informe, en una reducción de la población activa en los años venideros, presionando la necesidad de políticas de empleo más inclusivas y orientadas al talento sénior.
- Esta transformación plantea la urgencia de rediseñar entornos laborales que contemplen las capacidades y limitaciones de una población de más edad, pero también su experiencia, estabilidad y conocimiento acumulado.
Para los y las profesionales de la psicología, este contexto implica, entre otras, la necesidad de:
- Evaluar y diseñar prácticas de selección, desarrollo y retención que respeten la diversidad generacional, evitando sesgos basados en estereotipos relacionados con la edad.
- Promover una cultura organizacional que reconozca el valor psicológico del envejecimiento activo, facilitando entornos de aprendizaje continuo, flexibilidad y apoyo social.
- Incorporar enfoques de intervención psicológica que faciliten transiciones laborales saludables, tanto para quienes se incorporan más tarde en la vida laboral como para quienes prolongan su trabajo más allá de los hitos tradicionales de jubilación.
Edadismo en el mercado laboral: un desafío reconocido.
Aunque el análisis se centra en los efectos del envejecimiento demográfico en el mercado laboral, no es ajeno a las tensiones asociadas a la discriminación por edad –edadismo–. En múltiples comunidades autónomas, por ejemplo, el crecimiento del índice de envejecimiento ya supera el doble de la población menor de 16 años, lo que agrava la percepción social de “competencia generacional” y pone en jaque narrativas tradicionales sobre empleo y productividad.

Para la psicología social y comunitaria, esto plantea un campo de aplicación clave: analizar y revertir las creencias y actitudes que limitan la participación profesional de personas mayores, muchas veces basadas más en estereotipos que en datos objetivos de rendimiento o competencias reales.
Conclusión: un reto biológico, psicológico y social.
El análisis presentado por Adecco ofrece un marco interpretativo para entender que el envejecimiento de la sociedad española no es solo demográfico, sino que modifica el entramado emocional, profesional y social de millones de personas. Para la psicología, este desafío ofrece múltiples líneas de intervención que van desde el diseño de políticas de empleo sensibles a la edad, hasta el apoyo clínico y comunitario para gestionar las transiciones laborales y sus efectos en salud mental.
En última instancia, el mercado laboral envejecido requiere no solo una respuesta organizacional y política, sino también una mirada psicológica que integre los factores individuales, interpersonales y culturales que conforman la experiencia vital del trabajo en una sociedad que cambia rápidamente de ritmo y composición.
Fuente.
Fundación Adecco. (2026). Envejecimiento y edadismo laboral.
