La atención psicológica en el abordaje de la enfermedad renal
13 Jul 2023

Las enfermedades renales constituyen un factor de riesgo para el bienestar psicológico y la salud mental; y un bajo bienestar psicológico supone, a su vez, un factor de riesgo de malos resultados para las personas que viven con este tipo de enfermedades. Ante esto, la atención psicológica puede ser clave en el abordaje de la enfermedad renal.

Así lo afirma el Centro para la Salud Mental de Reino Unido (Center for Mental Health) en un informe publicado de forma conjunta con Kidney Research UK, a través del cual analiza las necesidades de salud psicológicas y sociales de las personas que viven con enfermedad renal crónica, poniendo de relieve la importancia de la atención psicológica y social en su abordaje.

Para tal fin, han llevado a cabo una revisión de la literatura relevante, contando también con la experiencia de personas que viven con enfermedad renal (de edades entre 12 y 88 años), familiares y profesionales que trabajan en servicios renales. El informe comparte los hallazgos más importantes de esa investigación e identifica las implicaciones políticas y prácticas para los servicios de salud mental y renal.

La atención psicológica clave en la enfermedad renal
Fuente: freepik. Autor: katemangostar. Fecha: 27/06/23.
La enfermedad renal impacta en el bienestar psicológico y la calidad de vida de quienes viven con ella

Este documento surge tras una encuesta realizada a pacientes de servicios renales en enero de 2022 por Kidney Research UK, cuyos datos revelaban que el 67% había experimentado síntomas de depresión, el 27% había considerado autolesionarse o suicidarse y el 36% sentía que no había podido cuidar completamente su salud física debido a sus problemas de salud mental, sin que se ofreciera apoyo para ellos, de acuerdo con el 68% de los encuestados.

Tal y como advierten los autores del informe, la enfermedad renal puede afectar las relaciones de las personas, su vida social, su educación, su trabajo, su sentido de identidad y sus esperanzas para el futuro. Por lo tanto, manifiestan, “es comprensible, e incluso esperable, que una condición con efectos de tan amplio alcance, pueda tener también un impacto en la salud emocional, el bienestar psicológico y la calidad de vida de las personas”. Asimismo, estos efectos pueden extenderse a las personas que están más involucradas en su cuidado.

La carga síntomas asociados con la enfermedad renal constituye uno de los predictores más fuertes de una calidad de vida reducida entre las personas que viven con esta enfermedad y también puede tener un impacto significativo en la capacidad de las personas para realizar actividades cotidianas y controlar su propia salud. Los síntomas más comúnmente reportados son fatiga o falta de energía, somnolencia, dolor, picazón y piel seca, y pueden presentarse de forma combinada o junto a síntomas de otras condiciones de salud.

La evidencia señala la asociación entre enfermedad renal y problemas de salud mental (principalmente, ansiedad y depresión)

Por otro lado, la evidencia señala la asociación entre la mala salud mental y la enfermedad renal; aunque los mecanismos que sustentan esta relación no se comprenden bien y necesitan más investigación, si queda clara su complejidad.

Según el documento, las personas que viven con enfermedad renal tienen muchas más probabilidades de sufrir depresión que la población general, asociándose ésta con una peor calidad de vida, mayor carga de síntomas, menor adherencia al tratamiento, una progresión más rápida de la enfermedad y una alta mortalidad. La prevalencia varía según la etapa de enfermedad en la que se encuentra la persona, la percepción que tiene de la misma, el tratamiento que recibe y una amplia variedad de factores psicológicos y sociales.

La ansiedad también es más frecuente entre las personas que viven con enfermedad renal que en la población general, asociándose con peor calidad de vida, falta de adherencia al tratamiento médico y peores resultados de salud. Según algunos estudios, hay una serie de factores de riesgo para niveles más altos de ansiedad entre las personas con enfermedad renal, entre ellos, la depresión, los niveles más bajos de hormona paratiroidea, otras afecciones médicas, estancias más prolongadas en el hospital o una menor calidad de vida percibida, entre otras.

Es fundamental tener en cuenta los grupos de riesgo a la hora de brindar el apoyo psicológico adecuado

El informe indica que la enfermedad renal es más frecuente entre las personas que viven con un diagnóstico de trastorno mental grave. Los factores que sustentan esta relación son complejos. En palabras de los autores, “parte de la asociación se explica por el hecho de que las personas con un trastorno mental grave tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades como diabetes e hipertensión que, a su vez, son factores de riesgo de enfermedad renal”; de igual modo, las personas que viven con problemas de salud mental grave también experimentan peores resultados médicos en la enfermedad renal y otras desigualdades en salud.

Si bien quienes viven con una enfermedad renal corren el riesgo de presentar más problemas psicológicos y sociales que la población en general, hay algunos grupos de mayor riesgo (por ej., personas que reciben hemodiálisis o que inician diálisis repentinamente y sin preparación, ser mujer, vivir en situación de privación social, adultos mayores, personas de comunidades racializadas, aquellas con problemas de salud mental, las que viven con múltiples condiciones de salud física a largo plazo, etc.). Estos grupos a menudo están peor atendidos por los servicios renales, pueden verse afectados por otros problemas de salud a largo plazo y enfrentar diversas barreras para acceder a la atención médica.

Por su parte, en comparación con los adultos, los niños, las niñas y los/as jóvenes tienen distintas necesidades, preferencias y factores de riesgo que es necesario considerar. La transición de la atención pediátrica (para niños) a la de adultos es un momento durante el cual es clave contar con el apoyo psicológico y social adecuado.

El apoyo psicológico: componente esencial en una atención de calidad para la enfermedad renal

De acuerdo con el informe, ha habido poca investigación sobre los resultados del apoyo psicológico especializado, y existe una disponibilidad limitada de este tipo de apoyo específico para los y las pacientes renales, con una amplia variación entre diferentes regiones (es una «lotería de códigos postales»). A pesar de ello, estos y estas pacientes presentan una fuerte preferencia por el apoyo psicológico y social, algo que se reconoce “cada vez más, como un componente esencial en una atención de calidad”.

Dadas las distintas necesidades y preferencias de estas personas, sus autores recuerdan la necesidad de un enfoque individualizado a la hora de brindar apoyo psicológico y social en estos casos.

En este sentido, el documento señala la importancia de la atención centrada en la persona “co-creada” con los pacientes (coproducción), que puede mitigar parte del impacto negativo del tratamiento de la enfermedad renal sobre el bienestar psicológico y facilitar que la atención psicológica y social satisfaga las necesidades de las personas a las que pretende apoyar.

Es clave un apoyo psicológico y social preventivo y proactivo

En la misma línea, el texto pone de relieve que, en su forma más básica, un buen apoyo psicológico, emocional y social implica tener una gama de opciones adecuadas para diferentes niveles de necesidad (siguiendo un modelo de atención escalonada) y mecanismos para garantizar que las personas busquen la opción más adecuada en función su nivel de necesidad (detección y evaluación). La evaluación de las necesidades psicológicas y sociales debe hacerse utilizando métodos validados. Este tamizaje debe realizarse en el momento del diagnóstico, en los cambios de tratamiento, a medida que pasan por las diferentes etapas de la enfermedad renal, así como durante los momentos de angustia, incluyendo también en esta evaluación las necesidades psicológicas y sociales de familiares y cuidadores/as.

De igual modo, subraya la trascendencia del apoyo psicológico y social preventivo y proactivo para los y las pacientes, así como para los servicios. Existen intervenciones basadas en la evidencia y programas educativos disponibles que pueden ayudar a las personas a mantener y promover su bienestar mental. Así, destaca, “es más fácil proteger y mantener el bienestar mental que restaurarlo una que se haya erosionado”. De forma específica, el apoyo psicológico y social para niños/as y jóvenes debe adaptarse a las diferentes etapas de desarrollo e incluir una transición informada psicológicamente de la atención pediátrica a la de adultos.

Recomendaciones

El documento finaliza con una serie de recomendaciones basadas en todo lo expuesto, entre ellas, la importancia de invertir en el apoyo psicológico y social ampliado y mejorado para personas con enfermedad renal crónica (y otras afecciones a largo plazo), la necesidad de contar con servicios psicológicos para personas con enfermedad renal, incluidos niños/as y jóvenes y la trascendencia de garantizar la disponibilidad de un modelo de atención escalonada de apoyo psicológico y social para todas las personas de todas las edades que viven con enfermedad renal crónica en su área.

Asimismo, considera clave que todo el personal de servicios de tratamiento renal esté debidamente formado, capacitado, respaldado y supervisado para identificar las necesidades psicológicas y sociales de los pacientes, trabajar de manera psicológicamente informada y poder derivar de forma rápida a los servicios que requieran. Los servicios renales deben evaluar de forma rutinaria la salud psicológica de sus pacientes y preguntar regularmente sobre la calidad del apoyo de índole psicológica que se les ofrece.

Fuente:

Se puede acceder al informe completo desde la página del Centre for Mental Health o bien directamente aquí:

Addressing the mental health challenges of life with kidney disease

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