La soledad no deseada y los problemas de salud mental mantienen una estrecha relación bidireccional que puede generar un círculo de retroalimentación con importantes consecuencias para el bienestar de las personas. Quienes experimentan soledad presentan mayor probabilidad de desarrollar problemas de salud mental y, a su vez, las personas con problemas de salud mental tienen muchas más probabilidades de sentirse solas. Además, ambos fenómenos comparten factores de vulnerabilidad comunes, como la discapacidad, la dependencia, la pobreza, la discriminación o la falta de redes de apoyo, lo que refuerza la necesidad de abordarlos de forma conjunta desde una perspectiva sanitaria, social y comunitaria.
Así lo pone de manifiesto el estudio Soledad no deseada y salud mental en España 2026, elaborado por el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (SoledadES), impulsado por Fundación ONCE y Fundación AXA. Basado en una encuesta representativa realizada a 4.100 personas mayores de 18 años residentes en España, el informe analiza la prevalencia de ambos fenómenos, los factores que explican su relación y las principales barreras para prevenirlos y afrontarlos.
Una de cada cinco personas experimenta soledad no deseada y una de cada cuatro presenta problemas de salud mental.
Según los datos del informe, el 20,2% de la población adulta residente en España vive actualmente una situación de soledad no deseada, una cifra prácticamente idéntica a la registrada en 2024. Sin embargo, aunque la prevalencia global permanece estable, el informe identifica cambios relevantes entre distintos grupos de población.
La soledad continúa siendo más frecuente entre las mujeres (23,2%) que entre los hombres (16,6%), una diferencia que, además, se ha ampliado en los últimos dos años. Asimismo, vivir solo duplica prácticamente la prevalencia de la soledad (33,3%, frente al 17,5% entre quienes viven acompañados), mientras que la discapacidad (31,2%) y las dificultades económicas también incrementan notablemente el riesgo de experimentarla.
En paralelo, el informe estima que el 24,0% de la población española presenta problemas de salud mental, diagnosticados o no. De ese porcentaje, un 13,3% dispone de un diagnóstico profesional, mientras que un 10,6% cree que presenta un problema de salud mental pese a no haber recibido un diagnóstico clínico. Los autores advierten, además, de un empeoramiento respecto a 2024, cuando la prevalencia se situaba en el 18,3%.
Los problemas de salud mental afectan especialmente a las mujeres (30,1%, frente al 17,0% de los hombres) y muestran una clara relación con la edad, siendo mucho más frecuentes entre la población joven. Así, la prevalencia alcanza el 38,5% entre las personas de 18 a 24 años, descendiendo progresivamente hasta el 8,5% entre quienes tienen 75 o más años. El estudio señala igualmente que las personas con dificultades para llegar a fin de mes presentan casi el doble de problemas de salud mental (35,4%) que quienes llegan con facilidad (18,4%).

Una relación bidireccional que multiplica el riesgo de presentar ambos problemas.
Uno de los principales hallazgos del estudio es la estrecha relación entre ambas realidades. Los resultados muestran que la soledad no deseada es casi cinco veces más frecuente entre las personas con problemas de salud mental (49,1%) que entre quienes no los presentan (11,0%). A la inversa, el 58,4% de las personas que sufren soledad presentan también problemas de salud mental, ya sean diagnosticados o percibidos, mientras que entre quienes no experimentan soledad la prevalencia desciende al 15,2%.
El informe subraya que esta asociación no debe entenderse como una relación lineal, sino como un proceso dinámico de influencia mutua. La evidencia científica revisada indica que la soledad puede favorecer la aparición de síntomas depresivos, ansiedad, pensamientos negativos, deterioro del bienestar emocional e incluso aumentar el riesgo de desarrollar trastornos mentales. Del mismo modo, los problemas de salud mental pueden conducir al aislamiento social, dificultar las relaciones interpersonales y favorecer la aparición o el mantenimiento de la soledad no deseada.
De acuerdo con el documento, esta interacción se ve reforzada por otros factores estructurales como la pobreza, la discapacidad o las barreras para la participación social, configurando un sistema de desigualdades que incrementa la vulnerabilidad de determinados grupos de población y dificulta la ruptura de este círculo de retroalimentación. Por ello, los autores defienden la necesidad de adoptar respuestas integrales que combinen actuaciones sanitarias, sociales y comunitarias, en lugar de abordar ambos fenómenos de forma independiente.
Tres de cada cuatro personas han sentido soledad alguna vez en su vida.
El estudio revela, además, que la experiencia de la soledad es mucho más extensa de lo que reflejan los datos de prevalencia actual. En concreto, el 74,3% de la población afirma haber sentido soledad en algún momento de su vida, ya sea en la actualidad (20,2%) o en etapas anteriores (54,1%).
Especialmente preocupante resulta la persistencia de esta situación. Entre quienes experimentan actualmente soledad no deseada, el 81,1% lleva dos o más años sintiéndose solo, de manera que la denominada soledad persistente afecta ya al 15,6% de la población española. Los autores advierten de que este tipo de soledad prolongada se asocia a peores resultados en salud mental y mayor sufrimiento psicológico.
El malestar psicológico y los pensamientos autolesivos son mucho más frecuentes cuando coinciden ambos problemas.
La investigación pone igualmente de relieve que la coexistencia de soledad no deseada y problemas de salud mental se asocia con una mayor presencia de experiencias de sufrimiento psicológico y otras situaciones de especial vulnerabilidad.
Uno de los datos más preocupantes es que el 43,8% de las personas que presentan simultáneamente soledad no deseada y problemas de salud mental manifiestan haber tenido pensamientos autolesivos o suicidas, mientras que entre las personas que no experimentan ninguna de estas dos situaciones el porcentaje se reduce al 2,1%. El informe muestra que la coexistencia de la soledad no deseada y los problemas de salud mental se asocia con una situación de especial vulnerabilidad y subraya la importancia de la detección precoz y del acceso a apoyos adecuados.
Asimismo, el estudio recuerda que el malestar psicológico asociado a la soledad puede manifestarse mediante síntomas depresivos, ansiedad o pensamientos negativos, favoreciendo el deterioro progresivo de la salud mental y dificultando, al mismo tiempo, la búsqueda de ayuda y el mantenimiento de relaciones sociales satisfactorias.
El apoyo social protege frente a la soledad y los problemas de salud mental.
El estudio identifica el apoyo social como uno de los principales factores protectores frente a la soledad no deseada y los problemas de salud mental. Los datos muestran que disponer de una red de relaciones cercana reduce significativamente la probabilidad de experimentar ambas situaciones. Así, entre las personas que afirman no contar con nadie a quien recurrir en caso de necesidad, la prevalencia de la soledad alcanza el 46,7%, mientras que entre quienes disponen de un círculo de apoyo amplio esta cifra se reduce aproximadamente al 10%.
En este sentido, el informe pone de relieve que la calidad de los vínculos sociales resulta tan importante como su número. Las relaciones significativas favorecen el bienestar psicológico, facilitan el afrontamiento de situaciones difíciles y actúan como un elemento de protección frente al aislamiento y al deterioro de la salud mental. Por el contrario, la falta de apoyo puede agravar tanto la experiencia de soledad como el malestar psicológico asociado, reforzando el círculo de retroalimentación entre ambos fenómenos.
Persisten importantes barreras para solicitar ayuda profesional.
Junto a la importancia de las redes de apoyo, el informe analiza las dificultades que encuentran las personas para acceder a recursos especializados cuando experimentan problemas de salud mental o soledad no deseada.
Entre los principales obstáculos destacan el estigma asociado a los problemas de salud mental, la dificultad para reconocerlos y comunicar la necesidad de ayuda, las barreras económicas para acceder a apoyo psicológico especializado, la insuficiencia de recursos preventivos y comunitarios y una tendencia a responder a estas situaciones desde enfoques centrados casi exclusivamente en el tratamiento individual, sin abordar suficientemente los factores sociales que las originan.
En relación con el estigma, el estudio señala que el 77,6% de la población considera que resulta bastante o muy difícil reconocer ante los demás que se tiene un problema de salud mental, una percepción que puede retrasar la búsqueda de ayuda y contribuir al mantenimiento tanto del malestar psicológico como de la soledad.
El acceso al apoyo profesional sigue siendo insuficiente para muchas personas con problemas de salud mental.
El informe muestra que las personas que experimentan soledad no deseada recurren con mayor frecuencia a profesionales sanitarios y de la salud mental, así como al uso de psicofármacos, principalmente, cuando la soledad se acompaña de problemas de salud mental. Aunque muchas personas reciben atención profesional, los autores advierten de que persisten importantes dificultades para acceder al apoyo psicológico y a una atención adecuada.
Los datos muestran que, aunque el 58,8% de la población ha recibido apoyo profesional para un problema de salud mental en algún momento de su vida, únicamente el 11,4% mantiene actualmente un seguimiento regular. Entre las personas con un problema de salud mental diagnosticado, casi una de cada cuatro (24,7%) no recibe en la actualidad ni tratamiento farmacológico ni apoyo psicológico, mientras que el 29,1% recibe únicamente medicación y el 12,8% solo apoyo psicológico. La situación es aún más preocupante entre quienes consideran que tienen un problema de salud mental sin haber recibido un diagnóstico, ya que el 72,7% no recibe ningún tipo de atención.
El consumo de psicofármacos es mayor entre las personas que experimentan soledad no deseada.
En relación con los tratamientos psicofarmacológicos, el estudio analiza el consumo de los principales grupos de psicofármacos, entre ellos ansiolíticos, antidepresivos, hipnóticos o sedantes, antipsicóticos y estabilizadores del estado de ánimo, observando que su uso es considerablemente más frecuente entre las personas que sufren soledad no deseada que entre quienes no la experimentan. Asimismo, este consumo aumenta de forma notable cuando la soledad coexiste con problemas de salud mental.
El estudio identifica un grupo de población especialmente vulnerable: el 4,9% consume psicofármacos de forma habitual sin contar con un diagnóstico de salud mental ni recibir apoyo psicológico, un dato que los autores destacan como un indicador de posibles situaciones de infradiagnóstico o de falta de acceso a una atención adecuada.
No obstante, el informe advierte de que la respuesta a estas situaciones no debería descansar exclusivamente en el tratamiento farmacológico. En este sentido, plantea que la soledad no deseada constituye un fenómeno complejo, condicionado por factores personales, relacionales y sociales, por lo que requiere intervenciones que trasciendan los enfoques exclusivamente medicalizados e incorporen actuaciones psicológicas, comunitarias y sociales capaces de actuar sobre sus causas y no únicamente sobre sus manifestaciones.
La acumulación de factores de vulnerabilidad incrementa el riesgo.
Otro de los aspectos destacados por el estudio es que la soledad no deseada y los problemas de salud mental raramente aparecen de forma aislada. Ambas realidades tienden a concentrarse en personas que presentan otros factores de vulnerabilidad, como la discapacidad, la dependencia, la pobreza, vivir en solitario o haber sufrido situaciones de discriminación o exclusión social.
Los autores explican que estos factores interactúan entre sí configurando un proceso de retroalimentación estructural, en el que la soledad, el deterioro de la salud mental, las dificultades económicas y la pérdida de autonomía pueden reforzarse mutuamente, incrementando las desigualdades y dificultando la recuperación. Esta acumulación de desventajas pone de manifiesto la necesidad de desarrollar respuestas coordinadas entre los ámbitos sanitario, social y comunitario.
El informe reclama respuestas integrales que combinen intervenciones individuales, comunitarias y estructurales.
Como conclusión, el estudio sostiene que abordar conjuntamente la soledad no deseada y los problemas de salud mental constituye una oportunidad para mejorar el bienestar de la población y fortalecer la cohesión social.
Para ello, los autores consideran necesario impulsar políticas públicas y estrategias sociales que favorezcan las relaciones significativas, reduzcan las desigualdades y garanticen apoyos accesibles para las personas en situación de mayor vulnerabilidad. En este marco, destacan la importancia de promover entornos comunitarios que faciliten la participación social, el encuentro y el sentimiento de pertenencia, evitando que la respuesta a la soledad no deseada y a los problemas de salud mental recaiga exclusivamente sobre la persona afectada.
En definitiva, el informe concluye que la soledad no deseada y la salud mental constituyen dos de los principales retos sociales y sanitarios de la actualidad. Su estrecha relación, la elevada prevalencia de ambas problemáticas y la existencia de factores de vulnerabilidad compartidos evidencian la necesidad de desarrollar estrategias integrales que combinen el acceso a apoyos profesionales, incluida la atención psicológica, con intervenciones dirigidas a fortalecer las relaciones sociales significativas y favorecer la participación comunitaria.
Se puede acceder al informe completo desde la página web de SoledadES o bien directamente aquí.
