En plena era digital, la práctica conocida como sharenting —término acuñado a partir de share (compartir) y parenting (criar)— ha evolucionado desde una forma inofensiva de compartir fotos familiares hasta convertirse en un fenómeno con profundas implicaciones para la privacidad, la identidad digital, la seguridad y el bienestar psicológico de niños, niñas y adolescentes. Aunque muchos progenitores actúan con la mejor intención, la evidencia emergente subraya la necesidad urgente de reflexionar y regular esta conducta en pro de los derechos y la salud mental infanto-juvenil.
Dadas las posibles implicaciones de esta práctica para la privacidad y el bienestar de niños, niñas y adolescentes, la Sociedad Británica de Psicología (British Psychological Society, BPS) ha publicado una guía con recomendaciones prácticas para padres desde la perspectiva de la psicología educativa, centrada en los riesgos y consideraciones que se deben tener en cuenta al publicar sobre menores en redes sociales. En este sentido, recuerda que publicar sobre un menor en redes sociales implica asumir que el contenido puede ser visto ampliamente y quedar potencialmente expuesto a comentarios de cualquier persona con un perfil, un aspecto que no siempre se puede controlar.
Aunque la guía no se limita a listados prescriptivos, plantea preguntas clave que todo progenitor debería hacerse antes de compartir contenido sobre sus hijos o hijas: «¿por qué estoy compartiendo esto?», «¿Para quién es? », «¿Podría hacerse de otra manera? ». Estas preguntas, en apariencia sencillas, ponen de manifiesto un punto esencial: el impacto que tienen estas prácticas en la construcción de la identidad y en el bienestar emocional de los menores.

Reflexión, responsabilidad y compasión.
La BPS enfatiza que no se trata de culpar a los padres, dado que la culpa suele generar vergüenza y la vergüenza obstaculiza el aprendizaje y el crecimiento. Expresarlo abiertamente no implica juzgar a las familias, sino pensar de forma conjunta cómo mantener a niños y niñas seguros y emocionalmente protegidos/as. La intención, sostiene, es ofrecer ideas con un enfoque compasivo para favorecer un desarrollo saludable y promover una reflexión amable, ya que a veces pequeños cambios en la comprensión pueden marcar una gran diferencia en el bienestar infantil. El acto de compartir no es intrínsecamente negativo, pero sí es indispensable considerar primero el bienestar del o de la menor, y entender que cada publicación genera una huella digital que puede permanecer toda la vida.
Investigaciones científicas respaldan esta cautela. Algunos estudios indican que gran parte de los padres comparte fotos, historias o vídeos de sus hijos y/o hijas sin su consentimiento explícito y, a menudo, sin evaluar las consecuencias a largo plazo para su privacidad o autonomía digital. Esta práctica puede afectar la percepción de control de los y las menores sobre su propia vida, generando incomodidad o incluso malestar, especialmente, en etapas posteriores del desarrollo.
Riesgos para la privacidad, seguridad y salud mental.
Los riesgos asociados al sharenting han sido ampliamente documentados:
- Privacidad y datos personales: Compartir información sensible —como el nombre completo, fechas, lugares o hábitos— contribuye a la formación de una huella digital permanente que niños y niñas no han elegido ni comprendido plenamente.
- Seguridad digital: La exposición pública puede facilitar el acceso de terceros con intenciones maliciosas, incluida la suplantación de identidad digital, grooming o explotación de imágenes. De igual modo, comentarios aparentemente “inofensivos” o en tono de broma pueden no serlo con el paso del tiempo, y las imágenes compartidas hoy en redes pueden ser mal utilizadas, manipuladas mediante herramientas de inteligencia artificial o incluso reaparecer años después, con consecuencias imprevistas.
- Impacto psicológico: La sobreexposición sin consentimiento puede derivar en sentimientos de vergüenza, incomodidad y pérdida de control sobre la propia identidad, afectando la autoestima y las relaciones sociales a largo plazo.
- Ciberacoso y violencia digital: El sharenting forma parte de un ecosistema en el que los menores pueden estar más expuestos a formas de violencia digital, incluida la difusión de contenido sensible o daños emocionales.
Estos elementos coinciden con la advertencia formulada por el Consejo de la Unión Europea en su estrategia digital, al situar la salud mental infanto-juvenil en el centro de la protección digital, recomendando evitar prácticas de sobreexposición en redes sociales, más aún, teniendo en cuenta los riesgos psicológicos y sociales asociados.
Regulación y consulta pública en España.
En España, el Ministerio de Juventud e Infancia ha abierto una consulta pública para regular el sharenting y proteger la identidad digital de menores, con base en la necesidad de garantizar derechos como la intimidad, la propia imagen y la participación de los menores en decisiones que afectan su vida digital. El documento de consulta reconoce explícitamente que las publicaciones de progenitores pueden tener consecuencias duraderas en el bienestar psicológico, incluyendo ansiedad, depresión o vulnerabilidad a riesgos como el ciberacoso.
La iniciativa se enmarca no solo en la protección jurídica de la infancia y la adolescencia, sino también en un enfoque que reconoce la intersección entre derechos digitales y desarrollo psicológico.
Hacia prácticas parentales más seguras y respetuosas.
A partir de la evidencia actual y las recomendaciones tanto de la Sociedad Británica de Psicología como de diversos estudios, emergen principios y pautas que los progenitores pueden adoptar para un uso responsable de las redes sociales:
- Pedir consentimiento siempre que sea posible, especialmente, cuando el o la menor tiene edad suficiente para expresar su opinión, y fomentar el diálogo familiar sobre el uso de imágenes y datos personales en redes sociales.
- Evaluar la finalidad y audiencia de cada publicación: ¿es necesario que la información esté en un espacio público?
- Evitar publicar datos sensibles, localizaciones o imágenes que puedan exponer al o la menor.
- Fomentar el pensamiento crítico y la conversación en familia sobre privacidad digital y derechos.
- Actualizar prácticas y configuraciones de privacidad en plataformas y redes sociales.
Estas recomendaciones no solo minimizan riesgos, sino que pueden fortalecer la relación entre padres e hijos, al promover el respeto, la comunicación y la autonomía progresiva del menor. De forma específica, la BPS recomienda pensar detenidamente por qué se publica y qué necesidad hay detrás de la publicación, sugiriendo que celebrar logros y pedir permiso tiene más probabilidades de generar consecuencias positivas que exponer situaciones que puedan provocar malestar o vergüenza. También propone una pregunta orientativa: si se tratara del menor, ¿estaría contento de que esa imagen o historia se mostrara? Y advierte de que publicar cuando el niño o la niña no está “en su mejor momento” —por ejemplo, por cuestiones de salud o comportamiento— puede añadir consecuencias negativas y, además, transmitir el mensaje de que es aceptable difundir contenido de ese tipo.
Asimismo, la Sociedad Británica añade que gestionar estas situaciones de manera ética puede abrir oportunidades educativas para ayudar a los y las menores a comprender cuestiones como el consentimiento y la seguridad en Internet, claves para su protección presente y futura. Recuerda también que el objetivo no es enseñar a temer el entorno online, pues puede tener beneficios, sino dotar a niños y niñas de habilidades —junto con la supervisión adecuada— para desenvolverse de forma segura en un contexto tecnológico cambiante.
Como alternativas prácticas, la BPS sugiere considerar otras formas de compartir cuando la intención es comunicar una noticia positiva o expresar orgullo: por ejemplo, optar por un mensaje directo por escrito, crear un grupo cerrado con familiares o amistades de confianza, limitar la visibilidad de determinadas publicaciones, cubrir el rostro del menor con emojis o elegir ángulos que no permitan identificarlo. En la misma línea, recomienda revisar publicaciones antiguas y eliminar contenido de años anteriores, sobre todo, si así lo solicitan los propios niños y niñas.
Conclusión.
El sharenting representa un desafío contemporáneo que cruza fronteras legales, éticas y psicológicas. Aunque compartir momentos familiares puede ser una forma de conexión, es crucial equilibrar el deseo de celebrar la vida de los hijos con la responsabilidad de salvaguardar su dignidad, privacidad y salud mental. Tanto la BPS, como la evidencia científica y las iniciativas regulatorias en Europa y España, subrayan que reflexionar antes de publicar no es solo una buena práctica, sino una forma de proteger el desarrollo integral de los menores en el entorno digital.
Fuente.
BPS (2026). The rise of ‘sharenting’ – top tips for parents from an educational psychologist.British Psychological Society
