Los tiempos de espera para Psicología Clínica en la sanidad pública superan los 50 días
10 Feb 2026

Los tiempos de espera en las Unidades de Salud Mental Públicas (USM) superan significativamente los estándares recomendados, afectando de manera negativa a la continuidad del tratamiento psicológico, lo que obliga a plantear reformas estructurales urgentes y a aumentar los recursos humanos para mejorar el acceso y la eficacia de la atención. Así lo concluye un estudio publicado en la revista Psicothema, titulado Tiempos de Espera en Psicología Clínica de las Unidades de Salud Mental Públicas: Predictores de Asistencia a Primera Consulta y Abandono Temprano.

La investigación, liderada por María del Mar Miras-Aguilar y César González-Blanch junto a un equipo multidisciplinar del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y el Servicio Cántabro de Salud, arroja luz sobre un desafío creciente en el Sistema Nacional de Salud español: las largas listas de espera para la atención en Psicología Clínica en el área de salud de Santander.

Foto: Freepik. Autor: Freepik. Descarga: 2/12/25

El contexto de la salud mental pública y la crisis de las listas de espera.

El estudio subraya que las listas de espera en salud mental representan un problema global y un desafío crítico para los sistemas sanitarios, que ya se encontraban sobrecargados antes de la pandemia. Los autores mencionan algunos datos preocupantes al respecto, como que la prevalencia de los trastornos mentales se ha disparado, con aproximadamente 970 millones de personas afectadas en todo el mundo en 2019, cifra que se incrementó notablemente tras la COVID-19. Específicamente en España, el Instituto Nacional de Estadística reportó que el 14,6% de la población mayor de 15 años experimentó síntomas depresivos en 2023, y el 34% de la población declaró haber sufrido algún problema de salud mental.

El acceso a los servicios de Psicología Clínica, generalmente canalizado a través de Atención Primaria (AP) hacia las Unidades de Salud Mental (USM), se ve obstaculizado por demoras considerables. Los antecedentes revisados por los autores, indican que los tiempos de espera promedio para una primera cita en diversas ciudades españolas oscilan entre 32 y 74 días, y en algunas regiones como la Comunidad de Madrid se han reportado hasta 120 días.

Implicaciones de la demora en la atención.

Las consecuencias de estos largos periodos son graves, según se expone en el artículo. La atención retrasada no solo aumenta la cronicidad de los trastornos y empeora la sintomatología, sino que también desmotiva a los pacientes, reduce su resiliencia y genera sentimientos de desesperanza respecto a futuras intervenciones.

Además, la lentitud en el acceso a terapias psicológicas ha provocado que la primera aproximación terapéutica en Atención Primaria sea predominantemente psicofarmacológica, una práctica que contraviene las guías clínicas internacionales que recomiendan la terapia psicológica como primera línea de intervención para la ansiedad y la depresión, indican los autores. De hecho, los investigadores encontraron que casi dos tercios de los pacientes (63,1%) ya estaban recibiendo tratamiento psicofarmacológico en el momento de la derivación, siendo los ansiolíticos y los antidepresivos los más recetados. De esta forma, los autores destacan que esta situación «no solo va en contra de las mejores prácticas, sino que también contribuye a la cronicidad de los trastornos mentales y al aumento de los costes a largo plazo».

Metodología.

El equipo de investigación llevó a cabo un estudio observacional retrospectivo en el Área I de Cantabria, concretamente en la ciudad de Santander, durante el año 2021. El objetivo principal fue analizar la influencia de los tiempos de espera en la asistencia a la primera cita y en el abandono temprano del tratamiento psicológico, controlando al mismo tiempo la influencia de diversas variables sociodemográficas y clínicas.

La muestra final incluyó a 2.765 pacientes mayores de 18 años que fueron derivados por un médico generalista desde Atención Primaria a las cuatro Unidades de Salud Mental de la zona. Los datos se obtuvieron de las historias clínicas electrónicas del Servicio Cántabro de Salud. Los análisis estadísticos emplearon regresiones logísticas para determinar la relación entre los tiempos de espera y las dos variables de resultado clave: la asistencia a la primera cita y el abandono temprano del tratamiento.

Tiempos de espera inaceptables y continuidad del tratamiento.

El estudio desvela una realidad preocupante en cuanto a los tiempos que deben esperar los pacientes para recibir atención psicológica especializada. El tiempo promedio de espera para la primera cita fue de 58,2 días, con una mediana de 51 días (casi siete semanas). Un dato crítico es que el 65,6% de la muestra superó las seis semanas, que es el estándar clínico recomendado para el inicio de una intervención psicológica.

En cuanto a la continuidad de la atención, la demora tampoco es alentadora. El tiempo promedio de espera entre la primera y la segunda consulta fue de 40,9 días, con una mediana de 35 días (cinco semanas). Los autores señalan que estos tiempos exceden con creces el intervalo de una semana recomendado para las sesiones posteriores, lo que «podría impactar negativamente en el proceso terapéutico y la recuperación del paciente».

A pesar de estas demoras, la tasa de asistencia a la primera cita fue alta, alcanzando el 84,6% de los pacientes. Sin embargo, el abandono temprano —entendido como la terminación prematura del tratamiento sin alcanzar los objetivos terapéuticos— se registró en el 15,8% de los pacientes que recibieron una segunda cita.

Predictores de asistencia y abandono temprano.

Los análisis de regresión realizados por los investigadores identificaron los factores que influyen en la asistencia y el abandono.

En relación con la asistencia a la primera cita, los hallazgos revelaron que esta estuvo significativamente influenciada por un menor tiempo de espera, además de por características individuales como ser mujer, tener mayor edad y presentar incapacidad laboral temporal. Los autores explican que los pacientes con incapacidad laboral podrían tener una mayor afectación funcional, lo que justificaría una mayor motivación para recibir tratamiento.

Por otro lado, el abandono temprano estuvo asociado de manera significativa con un mayor tiempo entre la primera y la segunda consulta, así como con ser hombre y ser más joven. La preocupación por la demora entre citas se fundamenta en que los análisis de curva ROC (características operativas del receptor) indicaron que cuando el intervalo entre las citas superaba los 36 días, el riesgo de abandono temprano aumentaba de manera notable.

Los expertos argumentan que una espera prolongada puede provocar una pérdida progresiva de motivación o una sensación de frustración y desconfianza hacia el sistema sanitario, afectando a la percepción de la eficacia del tratamiento. También se plantea que las demoras pueden interferir con la consolidación de la alianza terapéutica, crucial en las fases iniciales. En cuanto a los factores sociodemográficos, el mayor abandono en hombres podría explicarse por su menor tendencia a buscar ayuda profesional, mientras que los pacientes más jóvenes presentan una menor adherencia, posiblemente debido a mayores niveles de estigma hacia los trastornos mentales, según sugieren los autores.

Implicaciones y llamamiento a la reforma estructural.

En la discusión, los autores enfatizan que los tiempos de espera de 51 días para la primera cita y 35 días para la segunda reflejan un «significativo problema estructural» en el acceso a la atención psicológica. Aunque la asistencia al primer encuentro se acerca a los porcentajes de otros estudios nacionales (entre 80% y 90%), el hecho de que casi el 16% de los pacientes abandonen tempranamente el tratamiento es un indicador de que las demoras comprometen su continuidad.

Para abordar esta situación, los autores recalcan que es fundamental llevar a cabo una revisión exhaustiva del sistema sanitario. Una de las acciones clave es el incremento en el número de psicólogos clínicos. Se estima que, si bien el número de profesionales ha crecido, solo 2.615 trabajan en el sistema público, lo que se traduce en una ratio de 5,56 psicólogos por cada 100.000 habitantes. Esta escasez, combinada con la creciente demanda, perpetúa las listas de espera.

La coordinación entre servicios.

Además de la necesidad de más recursos humanos, el estudio sugiere la promoción de estrategias que mejoren la eficacia en el uso de los recursos disponibles, como el fortalecimiento de la coordinación entre Atención Primaria y las USM. Modelos como el de atención escalonada (stepped-care models), que han demostrado mejorar la respuesta y remisión de los trastornos depresivos y de ansiedad al ajustar la intensidad de la intervención a las necesidades del paciente, se presentan como una vía para optimizar la asignación de recursos. De hecho, Cantabria comenzó a integrar psicólogos clínicos en centros de Atención Primaria en 2023, una medida cuyo impacto futuro deberá ser evaluado, señalan los investigadores.

En suma, el estudio destaca que el tiempo de espera no es solo un indicador de eficiencia del sistema, sino un factor clínico que repercute directamente en la posibilidad de acceso y adherencia al tratamiento psicológico. La situación exige reformas que permitan una atención más accesible, continua y con mayor eficacia para la población.

Fuente.

Miras-Aguilar, M. del M., Ruiz-Gutiérrez, J., Martínez-Gómez, S et al.,  (2026). Waiting times in clinical psychology in public mental health units: Predictors of attendance at the first appointment and early dropout. Psicothema, 38(1), 13-22. https://doi.org/10.70478/psicothema.2026.38.

Noticias Relacionadas

Noticias

PSICOLOGÍA EN RED


LOS COLEGIOS HABLAN

MÁS NOTICIAS

Noticias Relacionadas

Noticias