COP Bizkaia
- Los resultados, obtenidos a partir de la participación de 908 docentes, muestran a un colectivo preparado y comprometido que desarrolla su labor en un contexto de presión sostenida
En mayo, con el objetivo de escuchar al profesorado y conocer con mayor profundidad cómo afecta el ejercicio de la docencia a su bienestar emocional, el Colegio Oficial de Psicología de Bizkaia (COP Bizkaia) y la Universidad del País Vasco (EHU) pusieron en marcha una investigación basada en un cuestionario anónimo y voluntario que ha concluido, finalmente, con la participación de 908 docentes de los tres territorios históricos y de todas las etapas educativas; convirtiéndose en una de las aproximaciones más amplias realizadas hasta la fecha sobre esta materia en Euskadi. Una investigación que también ha contado con la colaboración de CCOO Euskadi, ELA Euskal Sindikatua, UGT Euskadi Irakaskuntza, Eskola Txikien koordinazio taldea, BIGE, COP Alava y COP Gipuzkoa.
El estudio ha sido presentado el 21 de octubre en rueda de prensa de la mano de los expertos y miembros del COP Bizkaia, María Lusarreta y Alberto Barrios, y la investigadora y directora del Departamento de Psicología Social de EHU Edurne Martínez Moreno.

El estrés y el desgaste profesional del profesorado se relacionan principalmente con factores estructurales y organizativos.
Los primeros resultados dibujan un escenario que invita a la reflexión. Y es que lejos de señalar una falta de preparación o de competencias profesionales, el estudio muestra a un profesorado comprometido, con elevados niveles de autoeficacia y capacidad docente, que desarrolla su labor en un contexto de presión sostenida. “Esta radiografía sobre el bienestar psicológico del colectivo apunta a una conclusión clara: el malestar que experimenta una parte del profesorado está relacionado principalmente con factores estructurales y organizativos del sistema educativo, más que con sus capacidades o desempeño profesional”, ha señalado Maria Lusarreta.
Precisamente, los resultados muestran que el profesorado participante presenta niveles moderados de estrés (2,94 sobre 5) y desgaste profesional o burnout (3,14 sobre 5), situando el bienestar psicológico medio en 2,69 puntos sobre 5. De hecho, la variable que más influye en los niveles de estrés es la percepción de insuficiencia
de recursos y medios para desarrollar adecuadamente la labor educativa. “Aunque los indicadores no describen una situación de riesgo generalizado, sí constituyen una señal de alerta que aconseja reforzar las medidas preventivas destinadas a proteger la salud emocional de quienes ejercen la docencia”, ha subrayado Edurne Martínez Moreno.
La formación en habilidades socioemocionales y la disponibilidad de recursos, claves para reducir el desgaste docente.
Otro de los aspectos más relevantes que pone de manifiesto el estudio tiene que ver con la formación en habilidades socioemocionales, ya que constata que el profesorado que ha recibido este tipo de formación presenta niveles significativamente inferiores de estrés y burnout, además de mayores índices de bienestar psicológico. Sin embargo, únicamente el 21 % de las personas participantes afirma haber tenido acceso a esta formación, lo que pone de manifiesto un amplio margen de mejora en este ámbito.
Además de todo ello, los datos cuestionan algunas de las explicaciones más extendidas sobre el malestar docente, señalando que el profesorado dispone de las competencias necesarias para desempeñar su trabajo y que son las condiciones en las que este se desarrolla las que generan mayor presión y desgaste. En este sentido, la presencia de alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (NEAE) también se relaciona con mayores niveles de desgaste y menor bienestar. Sin embargo, los investigadores subrayan que el problema no radica en la diversidad del alumnado, sino en la disponibilidad de recursos para dar una respuesta adecuada a esas necesidades. Junto a ello, factores como la autoeficacia docente emergen como elementos de protección frente al desgaste profesional.
“Los datos muestran a un colectivo comprometido, con una sólida preparación profesional y capacidad para afrontar los retos de la enseñanza. La cuestión no es si el profesorado está preparado, sino si cuenta con los recursos y apoyos necesarios para desarrollar su trabajo en las mejores condiciones posibles”, han afirmado desde el Colegio y la EHU.
Integración de la Psicología Educativa en los centros.
A la luz de estos resultados, desde el COP Bizkaia, y en la línea del Consejo General de la Psicología de España, consideran necesario avanzar hacia estrategias preventivas que integren el bienestar emocional como un elemento central de la calidad educativa. En este contexto, plantean la incorporación estable de profesionales de la Psicología Educativa en los centros como parte de una respuesta integral a las necesidades de la comunidad educativa, especialmente en aquellos ámbitos donde el estudio ha identificado mayores factores de riesgo y necesidades de apoyo. Una figura profesional que actualmente no se encuentra integrada de manera estable en el sistema educativo.
“La psicología educativa es una figura del propio sistema educativo, de naturaleza preventiva y transversal, que atiende el bienestar psicológico y la salud mental de todos los agentes —alumnado, familias y profesorado—, evalúa e interviene y se coordina con los servicios externos especializados y con la formación del profesorado. Su función es complementaria a la orientación educativa y aporta la formación psicológica especializada que esta no siempre garantiza”, ha concluido Lusarreta.
Tras esta primera fase cuantitativa, el proyecto continúa ahora con una segunda etapa cualitativa basada en grupos focales con profesorado, para profundizar en las experiencias recogidas, comprender mejor las causas del malestar y formular propuestas orientadas a mejorar la salud psicológica de los y las docentes.
