Casi una de cada cinco personas adultas en España ha necesitado atención por problemas de salud mental en el último año, en un contexto marcado por importantes dificultades de acceso a la atención especializada, demoras prolongadas para ser atendido por profesionales y una presencia aún limitada de profesionales de la Psicología en el sistema sanitario público. Aunque la mayoría de los y las pacientes valora positivamente la atención recibida, especialmente, en aspectos como la comunicación y la posibilidad de participar en las decisiones sobre su problema, persisten importantes áreas de mejora relacionadas con el tiempo dedicado en consulta, la continuidad asistencial y la efectividad percibida de los tratamientos.
Estas son algunas de las principales conclusiones recogidas en el Barómetro Sanitario 2025, publicado por el Ministerio de Sanidad y el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), un estudio de referencia que tiene como finalidad conocer la opinión de la ciudadanía sobre el funcionamiento del sistema sanitario y sus expectativas, como elemento clave para orientar las prioridades de las políticas públicas de salud.
El estudio, de carácter anual, se estructura en tres oleadas a lo largo del año y, en esta edición, ha contado con una muestra de 7.197 entrevistas a población adulta residente en España, lo que confirma que los resultados presentados corresponden al conjunto de las tres oleadas realizadas en abril, julio y noviembre de 2025.

Cerca de un 20% de la población ha consultado por salud mental y más de la mitad ha recibido la atención en la sanidad pública.
En términos generales, el sistema sanitario público mantiene una valoración moderadamente positiva por parte de la población. Así, el 51,6% considera que funciona bien o bastante bien, aunque con necesidad de algunos cambios -frente al 20,2% que cree necesarios cambios profundos-, mientras que la satisfacción global se sitúa en 6,02 puntos sobre 10, reflejando un ligero descenso respecto a años anteriores. No obstante, más allá de esta valoración global, el informe pone el foco en una cuestión que adquiere un peso creciente: la atención a la salud mental.
Uno de los datos más significativos del Barómetro es que el 19,9% de la población ha necesitado consultar con un profesional sanitario por un problema de salud mental o malestar psicológico o emocional en los últimos 12 meses, lo que equivale a aproximadamente una de cada cinco personas adultas. Este dato confirma la magnitud de la demanda asistencial en este ámbito y refuerza la necesidad de situar la salud mental en el centro de la planificación sanitaria.
En relación con el lugar donde se recibe esta atención, el informe revela que algo más de la mitad de las personas han sido atendidas principalmente en la sanidad pública (51,1%), mientras que el 41,9% ha recurrido a la sanidad privada. Este hecho sugiere que, pese al papel central del Sistema Nacional de Salud, una parte importante de la población se ve abocada a buscar alternativas fuera del sistema público, posiblemente, en relación con problemas de accesibilidad o tiempos de espera.
Características de la atención en salud mental: profesionales, accesibilidad, continuidad y experiencia de los pacientes.
El análisis de los y las profesionales que atienden los problemas de salud mental dentro del sistema público aporta información especialmente relevante para el ámbito de la psicología. El informe señala que el 38,4% de los casos son atendidos por el médico de familia y el 39,4% por un profesional de la Psiquiatría, mientras que, solo el 17,2%, corresponde a atención por parte de profesionales de la Psicología, un dato reseñable, más aún, teniendo en cuenta el volumen de demanda existente en problemas de salud mental.
Las dificultades de acceso a la atención especializada constituyen otro de los elementos centrales del informe. Entre las personas que lograron la derivación a un/a especialista en salud mental (psicólogo o psiquiatra), solo el 26,7% consiguió cita en menos de un mes, mientras que el 34,8% tuvo que esperar entre uno y tres meses y el 22,4% más de tres meses. Estas cifras reflejan demoras significativas que pueden comprometer la evolución de los problemas de salud mental, especialmente, en los casos más graves o en fases iniciales donde la intervención temprana resulta clave.
A pesar de estas dificultades, el informe también recoge datos positivos en relación con la continuidad asistencial, señalando que el 68,5% de las personas atendidas continúa en seguimiento con el especialista, lo que indica un cierto grado de estabilidad en los procesos terapéuticos dentro del sistema público.
En cuanto a la experiencia de los y las pacientes con los y las profesionales de la salud mental, los resultados muestran una valoración generalmente favorable en aspectos relacionados con la comunicación y la participación. La mayoría de los/as pacientes refiere haber recibido explicaciones comprensibles por parte del profesional (83,7%) y haber tenido la oportunidad de expresar sus preocupaciones (84,7%). Asimismo, el 76,5% señala que pudo participar en la toma de decisiones sobre su problema de salud y el 67,7% considera suficiente el tiempo que le dedicó este/a profesional.
El 56% de las personas atendidas en la sanidad pública considera positiva la atención recibida en salud mental.
La valoración global de la atención recibida en salud mental refleja que el 56% de las personas atendidas en la sanidad pública considera positiva la atención recibida, y un 40,9% afirma que fue mejor de lo que esperaba. No obstante, cuando se analiza la percepción de mejoría, los resultados son más heterogéneos: aunque un 37,1% considera que su problema ha mejorado bastante o mucho y para un 23,3% ha mejorado algo, existe un porcentaje de pacientes que señala mejoras limitadas o inexistentes: el 13,4% considera que ha mejorado poco y el 24,2% no ha mejorado nada.
Estos datos deben interpretarse en el contexto de un sistema que presenta dificultades estructurales de acceso y organización. A este respecto, el Barómetro pone de relieve que casi una de cada cuatro personas ha tenido problemas para consultar con su médico de atención primaria, principalmente, debido a la dificultad para obtener cita. Esta situación puede tener un impacto directo en la detección precoz y derivación de los problemas de salud mental que, en muchos casos, se canalizan inicialmente a través de este nivel asistencial.
Asimismo, con respecto a la percepción ciudadana sobre las listas de espera, el 45,1% considera que la situación sigue igual, el 38,2% que ha empeorado en el último año y únicamente el 8,6% piensa que ha mejorado, lo que refleja una sensación generalizada de saturación del sistema sanitario. En este contexto, las demoras observadas en la atención especializada en salud mental adquieren especial relevancia.
Alta demanda, limitaciones estructurales y retos para el futuro de la atención en salud mental.
En conjunto, los resultados del Barómetro Sanitario 2025 dibujan un escenario en el que la salud mental emerge como una de las principales demandas de la población, al tiempo que se evidencian limitaciones importantes en la capacidad de respuesta del sistema sanitario público. La combinación de alta demanda, tiempos de espera prolongados y una limitada presencia de psicólogos en el sistema plantea importantes retos para el futuro.
A pesar de ello, la valoración positiva de aspectos como la comunicación con los profesionales o la participación en la toma de decisiones refleja el compromiso de los equipos sanitarios. En este sentido, el informe apunta implícitamente a la necesidad de reforzar los recursos en salud mental, mejorar la accesibilidad y garantizar una atención más continuada y centrada en las necesidades de las personas, con especial atención al papel que pueden desempeñar los y las profesionales de la Psicología dentro del Sistema Nacional de Salud.
Toda la información y resultados relativos al Barómetro Sanitario 2025 se encuentra disponible aquí.
