“El uso habitual y continuado de sujeciones físicas o farmacológicas en personas en situación de dependencia constituye un auténtico maltrato y es un atentado a su dignidad”.

Así lo advierte la Asociación Estatal de Directores/as y Gerentes en Servicios Sociales en un nuevo documento a través del cual establecen una serie de propuestas y recomendaciones para avanzar hacia un nuevo modelo de residencia para personas mayores.

Tal y como señala el documento, el aumento de la esperanza de vida junto y el consecuente incremento de las situaciones de dependencia, así como la mayor demanda por parte de las personas mayores de otras formas de atender sus necesidades sin ser institucionalizadas (por ej., ser atendidas en su propio domicilio, en su entorno habitual de convivencia) pone de relieve la trascendencia adaptar el actual modelo residencial a estas expectativas y a las nuevas realidades emergentes.

Foto: Anna Shvets Fuente: pexels Fecha descarga: 02/07/2021

De acuerdo con la Asociación, el modelo actual de residencias es excesivamente institucionalizador y masificado, con escaso margen para desarrollar el proyecto vital que cada persona decida, ofreciendo un modelo asistencialista y sobreprotector que, “en aras de la salud y del bienestar físico se olvida, con frecuencia, de otros aspectos que hacen que las personas sean más o menos felices, y que da sentido a sus vidas”.

Para poder instaurar un cambio profundo en este sentido, es esencial atender a los criterios establecidos por la Unión Europea en cuanto a derechos sociales en términos de accesibilidad, calidad y sostenibilidad, y en los valores europeos comunes sobre dignidad, igualdad y respeto por los derechos humanos. En este sentido, el documento recoge una serie de recomendaciones, entre ellas, las siguientes:

  • Brindar los servicios necesarios para que una persona en situación de dependencia pueda vivir dignamente en su casa debe ser prioritario para los servicios sociales. “Siempre que sea posible, la mejor alternativa residencial es su casa”, implementando adaptaciones del hogar o viviendas alternativas en caso de que no fuera posible, atendiendo a las necesidades de apoyo, ofreciendo servicios diversos y flexibles en función de las necesidades de cada persona, etc.

  • Establecer una Atención integral centrada en la persona (AICP) de modo que la persona no sea quien deba adaptarse a la vida colectiva en una institución, sino que sea el servicio o centro el que se adapte de forma personalizada a las expectativas y necesidades de cada persona, recibiendo aquellas atenciones que necesite en un determinado momento y utilizando recursos de los diferentes servicios.

  • Ofrecer un servicio de proximidad, de acuerdo con el derecho de todas las personas mayores a seguir disfrutando de la vecindad, en el entorno donde tienen sus referencias. Es fundamental para ello, que en el planeamiento urbano se exijan informes de impacto convivencial que tengan en cuenta esta necesidad de equipamientos residenciales de proximidad, exigiendo la disposición de espacios en zonas habitadas y accesibles para las alternativas residenciales. La ubicación de la residencia en entornos urbanos facilitará su integración en la vida vecinal y comunitaria, evitando así el aislamiento. La participación comunitaria “debe entenderse dentro del contexto de la localidad, del pueblo, barrio o ciudad, no confinada en un centro con un horizonte de vida plana y de relaciones sociales compasivas e infantilizadoras”.

  • Es esencial que las residencias dejen de ser edificios mimetizados de los centros hospitalarios u hoteleros, como sucede principalmente en residencias de tamaño grande y mediano. A este respecto, el espacio físico debería tener la escala y sesgo del hogar familiar, con un número limitado de personas, “que siendo heterogéneas sigan siéndolo, sin otra limitación que la compatibilidad para la vida en común armoniosa”.

  • Si el centro residencial ha de ser la casa de quienes lo habitan, “esto supone que sus residentes puedan usarla, en lo posible, como su propio domicilio”, donde pueden acceder y salir con libertad, siempre que sea posible, y recibir la visita de sus familiares y allegados siempre que lo desee. En este sentido, los centros deben instaurar una normativa que favorezca las entradas y salidas de los residentes que estén en condiciones de hacerlo y favorezcan la convivencia familiar y las relaciones personales del residente. Para ello, es fundamental eliminar normas que limiten el acceso de los familiares o allegados a la habitación del residente o a espacios comunes y servicios, así como las restricciones horarias que no estén específicamente justificadas.

  • Atención personalizada, donde el tutor personal o profesional de referencia constituye un elemento fundamental de identidad. El profesional de referencia debe ser un rol en todos los centros, asumido por el personal técnico y gerocultores o auxiliares. Cada profesional de referencia tendrá su cometido sobre un máximo de 5 personas residentes.

    Los planes de cuidados en los centros residenciales no se pueden reducir a acciones paliativas para compensar sus dificultades funcionales, sino que han de contemplar el proyecto de vida que la persona desea mantener o desarrollar. La Historia de Vida debe ser una herramienta habitual en los centros residenciales, para conocer a la persona y para la continuidad de su trayectoria vital en el centro.

  • Es trascendental respetar la dignidad de las personas, evitando actuaciones o comportamientos denigrantes, especialmente en situaciones de gran dependencia y de necesidad de cuidados, así como de deterioro cognitivo más grave. Para tal fin, es necesario erradicar dos situaciones que se producen con relativa frecuencia en los centros residenciales y que son típicas del modelo asistencial institucionalizador: las sujeciones físicas o farmacológicas y la infantilización.

    El uso habitual y continuado de sujeciones físicas o farmacológicas en personas en situación de dependencia constituye un auténtico maltrato y es un atentado a su dignidad. Su aplicación, lejos de ser de utilidad, anula cada vez más las capacidades físicas y mentales de la persona, incrementando su vulnerabilidad ante cualquier incidencia.

    De igual modo, hay que evitar actividades repetitivas e infantilizadoras de las personas mayores, como, por ejemplo, recortar y colorear, y exponer sus resultados decorando los centros, dado que “es denigrante y contribuye a una imagen de las personas residentes como seres que han retornado, mental y físicamente, a una etapa en la que hay que tratarles como inmaduros”. Estas prácticas infantilizadoras pueden sustituirse por múltiples actividades y modos de ocupar el tiempo de las personas mayores en un centro residencial y de desarrollar habilidades o motricidad fina.

  • Colaborar con el Sistema Público de Salud. La actual crisis sanitaria derivada de la pandemia de la COVID-19 ha evidenciado aún más la discriminación por edad y por lugar de residencia, así como la falta de adecuación de los dispositivos sanitarios a las necesidades de las personas residentes en centros, tanto en cantidad como en la calidad, lo que pone de manifiesto la relevancia de una nueva planificación de los servicios sanitarios, incluyendo su acceso a la cartera de servicios del sistema sanitario público, sobre todo, “la adaptación y flexibilización de la atención primaria de salud para que este acceso pueda ser efectivo”.

    Los autores de este informe califican de “intolerable, en contra de toda equidad” la propuesta de medicalizar las residencias de mayores presentada por diversas instituciones, algo que, a su juicio, “supone retroceder más de un siglo, volviendo a reivindicar la INSTITUCIÓN TOTAL característica de la beneficencia”. Como alternativa, subrayan el rol clave del Sistema Sanitario para establecer mecanismos que garanticen la atención sanitaria en los centros residenciales. Asimismo, sugieren que los centros residenciales faciliten la atención que los servicios públicos de salud tengan que ofrecer a sus residentes. Este cambio de paradigma “debe afectar tanto a la Atención Primaria como a la Atención Hospitalaria”, reforzando servicios de enfermería, de atención médica, de fisioterapia, podología y terapia ocupacional de Atención Primaria para la prestación de los cuidados que precisen, así como de Psicología desde salud mental, y mejorando la coordinación de la atención sanitaria primaria y hospitalaria con las residencias, con medidas como la atención hospitalaria domiciliaria en el propio centro residencial siempre que sea posible y que la persona (o sus familiares o tutores, en su caso), lo autoricen.

    Esta medida, afirman, “evitaría los graves deterioros tan frecuentes tras la estancia en un hospital de personas mayores con deterioro cognitivo, o de quienes tiene que pasar temporadas prolongadas en un hospital”.

  • Otras cuestiones clave en los centros residenciales son la dotación suficiente de personal en los centros (ratios), su cualificación y su remuneración.

Se puede acceder al informe completo a través del siguiente enlace:

Ideas y propuestas para un nuevo modelo residencial para personas en situación de dependencia. Residencia su casa

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