¿Cuáles son algunos de los desafíos de salud mental más comunes que han experimentado los niños, las niñas y los/as adolescentes durante la pandemia? ¿Cuáles son los principales factores de riesgo? Y, ¿cómo podemos reducir los impactos en la salud mental de esta crisis de salud pública mundial y de otras crisis futuras?

Para dar respuesta a estas y otras preguntas, el Instituto de la Mente Infantil (Child Mind Institute) -organización estadounidense sin ánimo de lucro, cuyo fin es el de facilitar las vidas de los niños y las familias que lidian con la salud mental y los trastornos del aprendizaje-, ha publicado su nuevo informe sobre Salud Mental en la Infancia, cuya temática en esta nueva edición, versa sobre el impacto y las consecuencias de la pandemia de la COVID-19 en la salud mental de niños/as y adolescentes y el modo de abordarlo y fomentar su resiliencia. A este respecto, el Instituto sostiene que un enfoque en la resiliencia y la prevención es vital para preparar a nuestros/as jóvenes para un futuro incierto.

A continuación, recogemos la principales conclusiones del informe:

Foto: Pixabay Fuente: pexels Fecha descarga: 14/10/2021
  • Los datos indican que la salud mental de un niño o una niña tres meses antes de que comenzara antes de la irrupción de la COVID-19 en nuestra vidas, es el factor que más se correlaciona con su salud mental durante este período de pandemia. Por ejemplo, un niño diagnosticado de depresión antes de la pandemia tiene más probabilidades de tener problemas de salud mental durante la misma que otro sin este diagnóstico.

  • La inestabilidad económica, vivir en un área más afectada por el virus o los problemas de salud mental previos a la irrupción de la pandemia, son algunos de los principales factores de riesgo para los adultos y las adultas que experimentan problemas de salud mental durante la pandemia. Si bien se cuenta con menos información sobre la salud mental infanto-juvenil durante la pandemia, los datos disponibles indican que se han visto afectados por los mismos factores de riesgo que los adultos. En este sentido, los distintos estudios evidencian que los y las menores han presentado los mismos niveles de angustia que las personas adultas desde el inicio de la pandemia, con síntomas de ansiedad, depresión, problemas de atención o problemas de sueño, entre otros. Según datos expuestos en este informe, aproximadamente el 70% de los/as niños/as y las personas adultas informan de algún grado de malestar psicológico, con sentimientos de soledad, irritabilidad o inquietud, y el 55% de los niños y las niñas se han sentido más "tristes, deprimidos o infelices", en comparación con el 25% de los adultos.

  • Los y las menores que viven en hogares económicamente inestables o que han experimentado inestabilidad alimentaria en el hogar durante la pandemia, han presentado más problemas de salud mental que sus compañeros con más estabilidad económica familiar. Se observa que los estados de ánimo en niños, niñas y adolescentes durante la pandemia estaban estrechamente relacionados con los cambios en el estilo de vida que habían experimentado, como, por ejemplo, no poder asistir a la escuela, ver amigos, hablar en persona con otros miembros de la familia, o estar confinados en sus hogares debido al confinamiento general. Estos hallazgos coinciden con otras investigaciones que evidencian los efectos protectores de las rutinas regulares y de anticipación en la salud mental infanto-juvenil.

  • La pandemia ha impactado de forma significativa en la salud mental de la población, pero no todo el mundo se ha visto afectado en el mismo grado o del mismo modo. Dicho impacto ha sido distinto para cada persona dependiendo de una amplia variedad de factores individuales, familiares y sociales. En términos generales, las mujeres, las minorías raciales y étnicas, los trabajadores esenciales y sus familias, y aquellos/as que se enfrentan a la inestabilidad económica, están experimentando más síntomas de estrés, ansiedad y depresión en todos los grupos de edad. En este sentido, el Instituto de la Mente Infantil considera que, si bien los recursos y el apoyo para la salud mental pueden marcar una diferencia significativa, “los impactos desiguales se mantendrán mientras persista la desigualdad económica y racial”.

  • Las mayores preocupaciones manifestadas por los y las docentes han sido las dificultades de aprendizaje de sus alumnos y alumnas, así como la ansiedad por regresar a las clases presenciales. Sin embargo, a pesar de que los problemas de aprendizaje son una preocupación por los y las docentes, sólo cerca de la mitad afirma que su centro educativo está preparado para abordarlos. En esta línea, el informe indica que “la brecha entre las necesidades de los estudiantes y la preparación escolar apunta hacia la importancia de un apoyo más integral tanto para las escuelas como para los y las estudiantes”. A este respecto, los y las docentes consideran fundamental que haya más orientadores y/u otros profesionales de la salud mental disponibles en los centros educativos para ayudar a los alumnos y las alumnas a abordar sus preocupaciones de salud mental.

  • Los y las adolescentes revelan que sus mayores preocupaciones en torno al curso escolar son “quedarse atrás” académicamente, haber perdido la capacidad de concentrarse en los estudios y experimentar ansiedad en entornos sociales o espacios públicos. Muchos de ellos/as reconocen que la pandemia ha afectado a su salud mental de algún modo y el 37% revela que ésta ha empeorado. Los síntomas más comúnmente señalados son ansiedad generalizada, depresión y ansiedad social. No obstante, se muestran optimistas: el 67% espera poder adaptarse y recuperarse de los desafíos de la pandemia.

  • Tanto los/as docentes como los/as menores señalan una serie de problemas relativos a las clases online, entre ellos, una mayor distracción por parte de los/as estudiantes, más descuido de las tareas escolares o absentismo escolar (según los datos, nueve de cada diez docentes indicaron que el absentismo fue un problema durante el pasado año 2020, afectando más en los contextos online o híbridos).

  • A pesar de todo lo expuesto, la investigación y el contexto histórico sugieren que los y las jóvenes son resilientes y que muchos/as (especialmente aquellos con menos factores de riesgo) probablemente “saldrán de la pandemia sin problemas importantes de salud mental”.

  • El informe subraya la trascendencia de incrementar el acceso a la atención de los niños y las niñas que se hallan en riesgo debido a problemas de salud mental preexistentes. A la hora de implementar medidas de apoyo a la salud mental en los y las menores, también es clave abordar los factores estresantes específicos reportados constantemente por los grupos vulnerables. Asimismo, promover la estabilidad económica y la seguridad alimentaria de los y las menores y sus familias es una medida crucial para apoyar la salud mental.

  • Minimizar las interrupciones en las rutinas diarias puede proteger la salud mental de los niños y las niñas, incluso en situaciones muy estresantes. Esta medida no solo puede ayudar a los/as cuidadores/as y educadores/as a establecer prioridades en el hogar y la escuela, sino que también puede orientar las políticas públicas hacia acciones orientadas a paliar las alteraciones del estilo de vida de los y las menores.

  • Podemos utilizar la información que tenemos actualmente sobre el impacto de la COVID-19 en las escuelas y los/as estudiantes para dar forma a posibles medidas de mitigación y prevención ante nuevos desafíos que puedan presentarse en un futuro.

Se puede acceder al informe a través de la página Web del Child Mind Institute o bien directamente a través del siguiente enlace:

Osgood, K., Sheldon-Dean, H., & Kimball, H. (2021). 2021 Children’s Mental Health Report: What we know about the COVID-19 pandemic’s impact on children’s mental health –– and what we don’t know. Child Mind Institute.

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