Los costes al final de la vida son la razón principal de los altos niveles de gasto por persona observados en edades más avanzadas en muchos países europeos; sin embargo, existe una gran variación entre cada individuo, con estimaciones que sugieren que solo el 10% de las personas que se acercan al final de la vida son responsables de más del 60% del total de los gastos de atención social y sanitaria. Aquellas que registran más costes tienden a ser personas frágiles con múltiples enfermedades crónicas que hacen un uso considerable de los servicios hospitalarios y de atención social.

Así lo afirma el Observatorio Europeo de Políticas y Sistemas Sanitarios en su informe titulado Health and social care near the end of life: can policies reduce costs and improve outcomes? , un documento publicado en el marco de la serie “Economía del envejecimiento activo y saludable” del observatorio, a través del cual analiza la evidencia sobre las necesidades y los gastos de atención social y sanitaria al final de la vida y el modo en que se pueden mejorar las experiencias de los/as personas y sus familias y limitar el crecimiento de los gastos.  

Foto: Kampus Production Fuente: pexels Fecha descarga: 24/01/2022

Tal y como señalan sus autores, el envejecimiento de la población a menudo se percibe negativamente desde un punto de vista económico, pero la evidencia señala que una población cada vez mayor no es necesariamente más “costosa” de cuidar, y que las personas mayores brindan importantes beneficios económicos y sociales, especialmente si son saludables y activas. Bajo esta perspectiva, la serie Economía del envejecimiento saludable y activo insta a “replantearse” las consecuencias económicas del envejecimiento de la población.

De acuerdo con el informe, en los próximos años, en la mayoría de los países europeos se registrará un incremento en las muertes anuales a medida que la generación del "baby boom" envejezca. Esto conducirá inevitablemente a un aumento de las necesidades al final de la vida y, en última instancia, impulsará mayores niveles de gasto a corto y mediano plazo.

Así, según indica el documento, el envejecimiento de la población por sí solo tiene poco impacto en el crecimiento de los gastos de atención sanitaria y solo efectos modestos en los gastos de atención social, pero la atención en la etapa final de la vida constituye una de las principales razones por las que el gasto en atención social y sanitaria es mayor en promedio entre las personas mayores que entre los y las jóvenes.

Aunque la mayoría de las personas afirman que “prefieren no morir en el hospital”, los datos revelan que la atención hospitalaria suele registrar los costes más elevados en la atención al final de la vida, representando, con frecuencia, más del 50% del total. Si bien en muchos casos esta atención es adecuada y necesaria, cada vez hay más pruebas de que muchos ingresos hospitalarios se pueden prevenir y de que parte de la atención que se brinda en el hospital es inapropiada para personas con necesidades complejas y múltiples enfermedades crónicas en su etapa final.

A este respecto, el informe subraya que los costes en la etapa final de la vida son muy variables y sesgados, con estimaciones que sugieren que solo el 10% de las personas que se acercan al final de la vida representan casi dos tercios del total de los gastos de atención social y sanitaria en la etapa final de la vida. Aquellas que registran más costes tienden a ser personas frágiles con múltiples enfermedades crónicas -a menudo, incluyen demencia-, que hacen un uso considerable de los servicios hospitalarios y de atención social. De ello, los autores deducen que las políticas para mejorar la atención y contener los costes deben conocer qué factores impulsan los gastos al final de la vida, qué personas representan un alto coste y en qué medida este elevado gasto representa una atención efectiva y rentable.

Por lo tanto, es primordial contar con las mejores estrategias para poder gestionar la atención en la etapa final de la vida, tanto para garantizar la sostenibilidad financiera de los sistemas de atención sanitaria y social como para permitir que las personas mueran con dignidad. 

Según el informe, en muchos casos es posible conservar una mayor independencia y reducir la discapacidad en la vejez. Algunas intervenciones de prevención y rehabilitación también han demostrado ser rentables. Por lo tanto, las políticas para lograr un envejecimiento saludable y activo a lo largo del curso de la vida también pueden ralentizar el crecimiento de las necesidades y los costes de atención al final de la vida.

La evidencia indica que una evaluación detallada y cuidadosa de las necesidades, así como el apoyo a los/as pacientes (es decir, a las personas mayores con necesidades de atención y apoyo en la etapa final de la vida) y sus familias en la toma de decisiones difíciles, pueden mejorar significativamente las experiencias de todos ellos, limitar las pruebas e intervenciones innecesarias sin reducir la supervivencia y puede ayudar a acotar el aumento de los costes. A este respecto, en palabras de los autores del informe, “si bien tales evaluaciones son costosas de realizar, los ahorros asociados pueden ser sustanciales”.

El doble desafío es encontrar mejores formas de identificar tempranamente a quienes corren el riesgo de recibir atención de alto coste, y ayudar a las personas a tomar buenas decisiones de acuerdo con sus objetivos. Elegir los cuidados paliativos frente al tratamiento estándar no significa renunciar a la atención curativa, sino vivir lo mejor posible, e incluso vivir más. Tal cambio de enfoque suele estar en línea con las preferencias de los/as pacientes.  

Se puede acceder al informe a través de la página Web del Observatorio Europeo de Políticas y Sistemas Sanitarios o bien directamente a través del siguiente enlace:

Policy brief: Health and social care near the end of life: Can policies reduce costs and improve outcomes? 

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