El suicidio, los intentos de suicidio, las autolesiones o la ideación suicida son un problema de salud pública de gran relevancia, que especialmente afecta a los jóvenes. Así lo recoge la guía Tratamiento para la ideación suicida, las autolesiones y los intentos de suicidio entre los jóvenes (Treatment for Suicidal Ideation, Self-Harm, and Suicide Attempts Among Youths), elaborada por SAMHSA, la agencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos encargada de asesorar al gobierno en temas de salud mental y abuso de sustancias,  en la que se realiza una revisión sistemática de la literatura científica y de las mejores prácticas con la finalidad de identificar los tratamientos eficaces para el abordaje del suicidio.

En la guía, los autores advierten de los efectos adversos asociados a la prescripción de antidepresivos en niños y adolescentes, como el aumento del riesgo de suicidio, centrando la revisión en los tratamientos psicológicos eficaces o basados en la evidencia para el tratamiento de la conducta suicida (y no necesariamente de la depresión u otros problemas de salud mental en los que puede aparecer esta conducta problemática).

 

 

Tal y como señalan los autores de la guía, “el manejo clínico de las conductas suicidas puede ser complejo, y las intervenciones específicas basadas en la evidencia para abordar la ideación suicida y las conductas autolesivas a menudo están infrautilizadas o no están disponibles”.  El público general, y los pacientes y familias tienen un conocimiento muy limitado de las posibilidades de opción eficaces para el tratamiento del suicidio, un problema que, junto con el estigma asociado, entre otros, impide que las mejores prácticas estén accesibles y sean utilizadas por las personas que las necesitan.

La guía se divide en cinco capítulos independientes en los que se presenta un resumen del estado de la cuestión sobre los enfoques y desafíos actuales para abordar la ideación suicida, las autolesiones y los intentos de suicidio entre los jóvenes, la evidencia actual sobre la eficacia de una serie de terapias psicológicas (Terapia Dialéctica Conductual, Terapia Familiar Basada en el Apego, Terapia Multisistémica, Alternativas Seguras para Adolescentes y Jóvenes, Terapia Cognitiva Conductual Integrada y programa de Equipo de Apoyo para Jóvenes-Versión II), las recomendaciones para la selección e implementación de programas basados en la evidencia, ejemplos de programas de tratamiento del suicidio, ejemplos de programas para tratar la ideación suicida, las autolesiones y los intentos de suicidio entre los jóvenes y recursos para la evaluación de los programas de intervención y la mejora de la calidad.

En lo que respecta a la revisión de la literatura científica sobre las terapias psicológicas disponibles, los expertos concluyen que la Terapia Dialéctica Conductual cuenta con un fuerte apoyo experimental, demostrando su eficacia en la mejora de la ideación suicida, las autolesiones (no suicidas o de otro tipo) y los intentos de suicidio, junto con otras mejoras en la sintomatología del trastorno de personalidad límite, la necesidad de hospitalizaciones o ingresos psiquiátricos, la sintomatología depresiva y las tasas de abandono.

Según la revisión de la evidencia científica realizada por los expertos, otras terapias psicológicas que obtienen un apoyo experimental moderado son: la Terapia Familiar Basada en el Apego, Terapia Multisistémica, las Alternativas Seguras para Adolescentes y Jóvenes (Safe Alternatives for teens and youth), la  Terapia Cognitiva Conductual Integrada y el programa de Equipo de Apoyo para Jóvenes-Versión II.

La guía recuerda que la evidencia sobre tratamientos eficaces en este campo sigue creciendo y que, dada la diversidad de opciones, no existe un tratamiento único o común para las autolesiones y los intentos de suicidio. Por este motivo, los profesionales “deben tener cuidado en seleccionar el programa que mejor se adapte a las características y necesidades de los jóvenes que serán atendidos”.

Asimismo, con independencia del tratamiento elegido, la guía de SAMSHA establece un conjunto de elementos comunes que deben tenerse muy en cuenta antes del tratamiento y durante la aplicación de los programas de tratamiento:

- La realización de una evaluación exhaustiva antes de iniciar el tratamiento, en la que se identifique la historia del curso de pensamientos del cliente, sus comportamientos, estado de ánimo, intentos de suicidio anteriores, la presencia de trauma, el historial de salud y la vida familiar, mediante un enfoque estructurado o semiestructurado (por ejemplo, utilizando una combinación de herramientas de evaluación y/o entrevistas clínicas). La evaluación inicial debe ayudar a identificar el riesgo de suicidio, determinar los próximos pasos y adaptar módulos de tratamiento específicos para satisfacer necesidades específicas.

- El establecimiento de un plan de seguridad. Se trata de un paso clave, que ha demostrado su eficacia en la reducción del comportamiento suicida y en el riesgo de hospitalización. El plan de seguridad debe recoger una lista priorizada de estrategias de afrontamiento y fuentes de apoyo que los jóvenes pueden utilizar antes o durante una crisis suicida y a menudo se completa antes de comenzar el tratamiento y/o durante la primera sesión. Los planes de seguridad se basan en una comunicación clara y una relación de colaboración entre el cliente y el terapeuta, y se diferencian de los contratos de seguridad utilizados anteriormente -que la evidencia ha encontrado que no son eficaces- al incluir una dirección clara y apoyo para hacer frente a una crisis suicida. Deben ser breves, estar escritos según las propias palabras del joven y ser fáciles de leer- Los padres u otros miembros adultos de la familia también deben recibir indicaciones sobre cómo vigilar los pensamientos y el comportamiento suicida, reconocer las señales de advertencia y apoyar a su hijo en el uso del plan de seguridad. Además, se debe enseñar a los padres cuándo, dónde y cómo acceder a la atención de emergencia cuando sea necesario. En el caso de las personas con mayor riesgo, los planes de seguridad deben revisarse a lo largo del tratamiento. Los clínicos también deben aconsejar a la familia del joven sobre las formas de reducir el acceso a los medios letales, como retirar las armas de fuego, los medicamentos o los objetos afilados del hogar.

- La participación de la familia en sesiones separadas o conjuntas.

- El entrenamiento en habilidades de afrontamiento para satisfacer las necesidades identificadas en la evaluación.

- La promoción de la continuidad de los cuidados.

En la guía también se identifican las brechas en el conocimiento científico y se analizan los desafíos y las estrategias para la implementación de estas terapias psicológicas basadas en la evidencia en los sistemas sanitarios.

El manual está especialmente dirigido a los profesionales sanitarios y los responsables de la gestión en temas de salud mental, pero también es de utilidad para el público en general y otros técnicos y profesionales que estén en contacto con jóvenes en riesgo de suicidio.

La guía se encuentra disponible en el siguiente enlace:

Treatment for Suicidal Ideation, Self-Harm, and Suicide Attempts Among Youths

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