Paula Elosua

Universidad del País Vasco, España

La psicología no es ajena al impacto de la cuarta revolución industrial en la ciencia. Los usos y costumbres heredados del siglo anterior con relación a los test están mutando en una sociedad en la que el “dato” y la comunicación alcanzan niveles ni siquiera imaginables por los precursores de nuestra disciplina. Conviven hoy formas de hacer tradicionales con nuevas prácticas que extienden los límites clásicos de la evaluación.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), junto a aportaciones de áreas de conocimiento como la ingeniería, la lingüística computacional, la informática y la inteligencia artificial modifican el modo en que se construyen los ítems, el soporte en que se aplican los test, la manera en que se corrigen las pruebas, o los procedimientos de recogida de datos. Los progresos — respuestas a las demandas crecientes de evaluación por medio de test—, se reflejan en la generación automática de ítems, en la inclusión de simulaciones y tareas interactivas que reproducen entornos “reales”, en el análisis de datos de proceso (log data) o en la corrección automatizada de ensayos.

 

Autor: Ketut Subiyanto Fuente: 
pexels Fecha descarga: 28/04/2022

Al mismo tiempo asistimos al fortalecimiento de la investigación psicométrica en torno a los viejos problemas de la medición en psicología. Por ejemplo, el tratamiento de los ítems de elección forzosa como alternativa a los ítems en formato Likert — asociados habitualmente al sesgo de respuesta —, o las nuevas propuestas en el abordaje de la multidimensionalidad que buscan conciliar modelos exploratorios y confirmatorios con una visión más afín a la naturaleza de los constructos en psicología.

Pero la innovación no proviene únicamente del desarrollo y mejora del modelo de test atisbado en el siglo XIX. Las redes sociales, los dispositivos electrónicos, o los sensores de captación de datos están impulsando un cambio de paradigma en la investigación psicológica. La tradición de la investigación en ciencias sociales construida sobre la representación del cubo de datos de Cattell se transforma en un espacio caracterizado por datos masivos, desestructurados y de alta dimensión. La arena virtual interactiva en la que conviven dispositivos móviles ubicuos, datos accesibles desde diferentes fuentes (datos multimodales, big data) y potencia computacional, asientan las bases para nuevas formas de recoger y analizar información que podrían aportar una perspectiva ecológica y dinámica a la evaluación psicológica.  Las redes sociales, por ejemplo, son fuentes continuas de datos que están comenzando a ser abordados desde aproximaciones psicológicas al estudio de los rasgos y de los trastornos psicológicos; el internet de las cosas o el uso de PDAs están impulsando el uso de metodologías basadas en el muestreo de experiencias dentro de un modelo de evaluación ambulatoria que facilita la observación de las conductas en su espacio natural y a tiempo real.

El concepto de test y su uso como herramienta de evaluación está sufriendo una honda sacudida. La frontera entre el test y el “dato” se diluye. La irrupción del “dato” disputa la idea tradicional de “test psicológico” como unidad básica de recogida de información sobre comportamientos, actitudes o creencias.

Este horizonte, todavía algo indefinido pero prometedor, sitúa a la evaluación psicológica en la posición de tener que prepararse y responder a retos y desafíos que pueden marcar parte de su desarrollo futuro. La ausencia de tradición, la necesidad de nuevos modelos teóricos, y el intrusismo que desde otros campos con perfiles marcadamente tecnológicos acechan, acarrean dificultades relacionadas con la falta de rigor y de estándares de calidad, tan necesarios para el avance del conocimiento. Frente a estas amenazas la psicología ha de posicionarse para entre otras acciones:

  • Evaluar de forma crítica cada una de las innovaciones en términos de su validez;
  • Participar en el debate sobre las implicaciones éticas, legales y sociales de los nuevos procedimientos de recogida/análisis de datos;
  • Encontrar modelos de coordinación y trabajo colaborativo con áreas de conocimiento más tecnológicas, y;
  • Adaptar la formación de los psicólogos a este entorno.

La experiencia adquirida en el campo de la medición por parte de la psicometría, la comprensión de lo psicológico, y la clara consciencia sobre los problemas relacionados con la validez y el sesgo son valores que la psicología aporta, y de los que el big data puede claramente beneficiarse.

El test tradicional de lápiz/papel sigue vivo, pero hoy convive con desarrollos tecnológicos que han creado un entorno en el que lo virtual y digital ganan peso y atracción. El test surge como un instrumento de apoyo y de cohesión social, y en ello radica su pervivencia. Desde el punto de vista de la evaluación, la era digital crea un entorno compartido por la psicología, la ingeniería y la ciencia de datos en el que estamos abocados a participar de forma proactiva.

El artículo completo puede encontrarse en:

Elosua, P. (2022). Tecnología digital, test y evaluaciónPapeles del Psicólogo43(1), 1-2.

Paula Elosua

Es catedrática de psicometría. Ocupa la Secretaría General de la Comisión Internacional de Test, es coordinadora del Grupo de Trabajo en Evaluación y Medición de la Sociedad Interamericana de Psicología, y miembro de la Comisión de Test del Consejo General de la Psicología.

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