¿Las prácticas de autocuidado, como la autoevaluación de la glucosa en sangre, tienen efectos positivos en la salud?... Esta es una de las preguntas a las que ofrece respuesta el nuevo manual de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que lleva por título WHO Guideline on Self-Care Interventions for Health and Well-Being (Directrices de la OMS sobre intervenciones de autocuidado de la salud y el bienestar).

En el informe, los expertos realizan una evaluación de la literatura científica existente respecto a los resultados en la salud de diferentes prácticas de autocuidado, con el objetivo de determinar y diferenciar las prácticas que poseen un apoyo empírico frente a las prácticas que todavía no han sido adecuadamente demostradas y estableciendo su nivel de evidencia en baja, moderada o alta.

 

La OMS define el autocuidado desde una perspectiva amplia e integradora, entendiéndolo como “la capacidad de las personas, familias y comunidades para promover la salud, prevenir enfermedades, mantener la salud y hacer frente a enfermedades y discapacidades con o sin el apoyo de un trabajador de la salud”. Por tanto, para la OMS, dentro de las prácticas de autocuidado se incluyen intervenciones sobre promoción de la salud, prevención y control de enfermedades, así como la automedicación, la atención a personas dependientes, la rehabilitación o los cuidados paliativos, entre otros.

Según palabras de la OMS, la intervención basada en promover pautas de autocuidado es una línea de acción prometedora para mejorar la salud y el bienestar mental a nivel mundial, que proporciona beneficios no sólo a las propias personas, sino también a los sistemas sanitarios y sociales. De esta manera, actuar para que los ciudadanos se impliquen más en su propio autocuidado, adopten un papel activo y sean más conscientes de cómo afectan determinados hábitos y conductas en su salud física y mental, ayuda a construir comunidades resilientes frente a la enfermedad, reduciendo los costes económicos a nivel sanitario, social y laboral, en términos de pérdida de productividad.

Las intervenciones analizadas en el informe de la OMS están divididas en diferentes secciones que incluyen: intervenciones para mejorar la atención prenatal, intraparto y postnatal, la prestación de servicios de alta calidad para la planificación familiar, incluidos los servicios de infertilidad, la eliminación de aborto con riesgos para la salud, la lucha contra las infecciones de transmisión sexual (incluido el VIH), del aparato reproductor, el cáncer de cuello de útero y otras morbilidades ginecológicas, la promoción de la salud sexual y las enfermedades no transmisibles, como la enfermedad cardiovascular y la diabetes. Asimismo, el informe de la OMS define buenas prácticas en la implementación de las intervenciones de autocuidado respecto a cuestiones de derechos humanos, igualdad y equidad, consideraciones económicas y financieras, de entrenamientos de los profesionales, de grupos y contextos específicos y de aplicación de intervenciones de telesalud.

Tal y como señala la OMS, “si bien el "cuidado personal" no es un término o concepto nuevo, las intervenciones de cuidado personal tienen el potencial de aumentar las opciones, cuando son accesibles y asequibles, y también pueden brindar más oportunidades para que las personas tomen decisiones informadas con respecto a su salud y cuidado”.

La guía se puede descargar en el siguiente enlace:

WHO Guideline on Self-Care Interventions for Health and Well-Being

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